Lo que dice una experta en abuso sexual sobre las pijamadas

Hace bastante tiempo escribí un artículo sobre las pijamadas, en el que explicaba por qué con mi familia elegimos decir que “no” en cuanto a permitir que nuestros hijos se quedaran a pasar la noche en casa de sus amigos. Aunque en ocasiones esto fue causa de disgusto y enojo en nuestros hijos y a menudo también en los padres de los amigos de nuestros hijos, nos apegamos a esa decisión por una cuestión de convicción personal, aunque ciertamente no lo hicimos como un asunto de juicio para con los que han decidido lo contrario. Dicho artículo obtuvo más respuestas y debates que cualquier cosa que hubiera escrito antes, con reacciones que iban desde el asentimiento con alivio hasta el desacuerdo con desprecio.

Aileen y yo no tomamos esa decisión con base en el consejo de alguien que fuera un experto en el tema (aunque cuando era niño, supe de un oficial de policía que le dijo a mi familia que su experiencia en el trabajo lo llevó a tomar la misma decisión). En cambio, tuvimos como base nuestras propias experiencias cuando éramos niños, además de una evaluación de los peligros potenciales a los que nuestros hijos se podrían enfrentar contra los beneficios que podrían obtener. Pero a menudo me he preguntado qué tendrían que decir los expertos sobre el tema. Recientemente he leído “Protecting Your Children From Predators” (Protegiendo a sus hijos de los depredadores) escrito por Beth Robinson, una consejera profesional matriculada que es especialista en aconsejar a los niños que han sufrido abuso sexual. Apenas comencé a leer el libro, me di cuenta de que ella había incluido un capítulo sobre las pijamadas, así que estaba ansioso por saber cuál era su perspectiva en base a su experiencia.

La licenciada comienza describiendo un caso de su práctica como profesional, en el que una niña pequeña fue derivada a su consultorio después de haber asistido a una pijamada. Otra niña que fue a la fiesta le dijo a sus padres que había sido agredida sexualmente, y por eso, la policía insistió en que la pequeña debía ser remitida a una experta con quien pudiera hablar, de modo tal que la profesional pudiera evaluar si esta otra niña también había sido agredida. Y, para conmoción de los padres, había sido agredida terriblemente, no por alguien que vivía en la casa, sino por un invitado que pasaba por la ciudad y se había quedado a pasar la noche en la casa donde se estaba llevando a cabo la fiesta.

Luego de presentar el relato preliminar de lo sucedido, Robinson sugiere que los padres deben investigar con cuidado y considerar cinco factores de riesgo que traen consigo las pijamadas.

  1. Los niños son abusados con frecuencia en lugares conocidos, no en lugares extraños. Esto hace que la casa de un amigo o conocido sea relativamente un lugar común o propenso para que un niño pueda sufrir un abuso.
  2. Los niños son abusados con frecuencia por personas de confianza, no por los extraños. Además, son normalmente abusados por los varones. Las pijamadas tienden a realizarse en las casas de personas de confianza donde los varones están presentes.
  3. Los niños generalmente están más seguros en grupos pequeños donde es difícil separarlos del resto. Una pijamada con muchas personas presenta un gran riesgo porque los niños pueden ser separados de la multitud fácilmente y su ausencia pasa desapercibida.
  4. Los hogares a menudo tienen visitantes que se hospedan allí, además de los miembros “normales” de la familia (como en el ejemplo proporcionado). Aun cuando puedas evaluar que una familia sea segura, no puedes contabilizar si hay invitados inesperados o que no hayan sido mencionados.
  5. En las pijamadas, los niños tienen acceso a teléfonos, televisores y otros medios en un contexto en el que hay poca vigilancia o en el que los niños actúan según diferentes reglas.

“Las pijamadas colocan a los niños en una situación de vulnerabilidad”, sintetiza la consejera. “Ellos se encuentran solos y en una cama fuera del cuidado de sus padres. Aunque estén rodeados de sus semejantes, hay normalmente una supervisión mínima de un adulto”. Puesto que Robinson no quería que sus hijos experimentaran este tipo de vulnerabilidad, ella prohibió las pijamadas, con la excepción de hacerlas en casa de los abuelos, tíos y tías. También aclara que su recomendación, hecha con base en sus conocimientos, es que los padres no permitan que sus hijos participen en las pijamadas.

Sin embargo, sabiendo que los padres tienen el derecho de tomar la decisión por cuenta propia, ella sugiere que los padres consideren, por lo menos, estas preguntas:

  1. “¿Tus hijos tienen la edad suficiente como para reconocer cuando alguien intenta involucrarlos en una conducta sexual inapropiada? Cuanto más pequeños sean tus hijos, mayor será el riesgo si los dejas asistir a una pijamada. Los niños más pequeños no reconocerán una situación de riesgo hasta que ya es demasiado tarde”.
  2. “¿Tus hijos están lo suficientemente firmes como para prestar atención a las propuestas inapropiadas de otros niños o adultos? Algunos niños tienen la confianza suficiente como para gritar o empujar a alguien que les hace sentir incómodos, mientras que otros niños son demasiado tímidos como para intentar evitar que un adulto o un niño mayor los lastime. Ningún niño debe asistir a una pijamada si no tiene la confianza ni la firmeza para rechazar una conducta sexual inapropiada.”
  3. “¿Tus hijos te llamarán si sucede algo que no es seguro en una pijamada? Algunos niños son fácilmente influenciados por sus semejantes y no les contarán a sus padres si algo no va bien.”
  4. “¿Cuántos niños asistirán a la pijamada? Una pijamada con más de ocho niños por supervisor adulto es demasiado concurrida. Al calcular una relación de un adulto por ocho niños, la cuenta deberá incluir todos los niños que estarán en la casa al momento de la pijamada”.
  5. “Otro asunto a considerar son las tensiones que podrían surgir con tus hijos y otros padres si permites que tus hijos participen en una pijamada con algunos amigos y con otros no. Es mucho más fácil tener una regla de “no a las pijamadas” sin excepciones ni explicaciones individuales”.

Además, ella ofrece una alternativa en cuanto a las pijamadas que probablemente sea una buena idea tanto para los padres como para los hijos, pero que puede ser un punto intermedio legítimo: “Permite que tus hijos vayan a una pijamada hasta que sea la hora de ir a la cama. Puedes permitirles asistir y dejarlos que pasen la noche, pero deberás recogerlos a las 10:00 p.m., pues de esta manera limitarás la vulnerabilidad de ellos”.

De cualquier manera, creo que la solución más importante es que los padres piensen con cuidado y evalúen los riesgos de forma realista antes de permitir que sus hijos participen en las pijamadas. Un libro como “Protecting Your Children From Predators” es lo que podrá ayudarles a hacerlo apropiadamente.