Lo que Dios te da para luchar contra el pecado 

El Faraón le ordenó a los hebreos fabricar sus propios ladrillos sin paja, pero Dios nos llama a la obediencia dándonos Su Espíritu Santo, de modo que queramos hacer estas cosas. Romanos 8:12-13 dice: “Así que, hermanos, somos deudores, no a la carne, para vivir conforme a la carne, porque si vivís conforme a la carne, habréis de morir; pero si por el Espíritu hacéis morir las obras de la carne, viviréis”. Lo primero que debemos tener en cuenta es que dice: “si por el Espíritu hacéis morir las obras de la carne”.  

La imagen que Pablo describe en Romanos 8:12-13 es la de matar al pecado, o él te matará a ti.  

El pecado no es una mascota que acaricias. “Ya sabes, tengo algunos pecadillos que tolero”. No, ellos son como leones. Tal vez podrías intentar criar a un oso desde cachorro y pensar: “oh, sí, lo puedo entrenar, lo puedo tener en su jaula”, pero en algún punto va a madurar y te va a comer vivo. No toleres ningún pecado en tu vida. Ahora bien, eso no significa que no vas a pecar, pero no lo toleres. No digas, “Esto es algo a lo que tengo derecho. No es más que un pecadillo”. 

Los pecados pequeños se convierten en pecados grandes. Es por eso que Pablo dijo esto en Romanos 6: “¿Qué diremos, entonces? ¿Continuaremos en pecado para que la gracia abunde? ¡De ningún modo! Nosotros, que hemos muerto al pecado, ¿cómo viviremos aún en él? ¿O no sabéis que todos los que hemos sido bautizados en Cristo Jesús, hemos sido bautizados en su muerte?”.

Nuestros pecados fueron perdonados. Somos justificados. Nuestra naturaleza pecaminosa fue ahogada, sepultada con Cristo en la tumba.  

Pablo continúa con estas palabras: “Por tanto, hemos sido sepultados con Él por medio del bautismo para muerte, a fin de que como Cristo resucitó de entre los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en novedad de vida. Por tanto, no reine el pecado en vuestro cuerpo mortal para que no obedezcáis sus lujurias; ni presentéis los miembros de vuestro cuerpo al pecado como instrumentos de iniquidad, sino presentaos vosotros mismos a Dios como vivos de entre los muertos, y vuestros miembros a Dios como instrumentos de justicia. Porque el pecado no tendrá dominio sobre vosotros, pues no estáis bajo la ley sino bajo la gracia” (Ro. 6:12-14). 

Ahora bien, puede resultar contradictorio, pero todo su argumento es este: ya no estamos bajo la ley, sino bajo la gracia. Ya que estamos fuera del dominio y de la condenación de la ley y estamos bajo la gracia y misericordia de Dios en Cristo, el pecado ya no puede reinar sobre nosotros. No se trata simplemente de que ya no podemos ser condenados. Ya no podemos estar vivos al pecado y muertos para Dios. Los creyentes ya no estamos muertos en nuestros delitos y pecados. Todavía somos pecadores, pero no estamos muertos. 

Esta mañana me encontraba animando a mis hijos porque habían hecho las cosas bastante bien según sus libretas de calificaciones. Uno de mis hijos dijo: “Ya sabes, papá, nos hace sentir bien tener buenas calificaciones”. El año anterior no andaban tan bien, ellos no hacían las cosas tan bien y las calificaciones no fueron tan buenas. Conseguir una libreta con buenas calificaciones le pone viento a tus velas. 

Creo que esa es la lógica que Pablo presenta en toda la carta a los romanos. Tal vez pienses que cuanto más te vuelvas a la ley, tendrás mayor libertad del pecado, pero es exactamente lo contrario. Cuando miras tu libreta de calificaciones, pierdes el viento en tus alas. 

Lo que realmente necesitas saber es que sí, necesitas la ley para que, cuando te den la libreta de calificaciones, hagas una evaluación honesta de tu trabajo, y luego, necesitas correr de esa libreta que tienes con tus méritos y huir a Cristo para que se te acredite Su calificación de “aprobado” en el promedio académico. Eso le pone viento a tus alas. 

Ahora, ¿qué quieres hacer? ¿Quieres reprobar? No, quieres correr la carrera. Irás feliz a la escuela. A eso se refiere Pablo allí. Ya no tendrás “reprobados” en tu libreta de calificaciones. Eres justificado en Cristo. Estás bautizado en Su muerte, sepultura y resurrección. Ya no tienes excusas para no vivir por Jesús. 

Nota del editor: este artículo fue adaptado de una respuesta dada en el Episodio 162 del Programa de Radio “Core Christianity”.