Conocí a un querido hermano que siempre elegía mal su ropa. Era demasiado viejo para usar jeans con diamantes falsos en los bolsillos traseros (creo que a cualquier edad son una mala elección). Aunque no lo sabía, era un fracaso en la moda. Nosotros -sus amigos- sabíamos que tenía un problema. Hablábamos del tema entre nosotros: “¿Qué le pasa con esos jeans?” y: “Hombre, ¡alguien debería ayudarlo!” Sin embargo, ninguno se atrevía a hablarle del tema.  

 Años más tarde, este amigo se casó con una mujer hermosa.  Los jeans no eran un problema tan grave como habíamos pensado. Con el matrimonio llegó un nuevo armario. Los viejos jeans estaban desusados y ahora se vestía bastante bien.  

 Un día estábamos platicando para ponernos al día ¡y apareció usando otra vez los viejos jeans! Su esposa no podía creer que él se vistiera así. Me reí. Sonrojándose preguntó: “¿Por qué nadie me dijo que me veía mal vestido así?” Avergonzado, me encogí de hombros como si no tuviera idea. 

¿Qué sucede con las cosas que sí importan?  

 Desde luego, la forma en que nos vestimos no es un asunto grave. Si nuestro atuendo no combina ¿A quién le importa? Pero, ¿Qué de aquel hermano al que ves haciendo algo equivocado? 

 Recuerdo haber estado agradecido por alguien en la universidad que tuvo la valentía para confrontarme por un comportamiento que no honraba a Jesús. Al principio me dolían sus palabras y quería defenderme. Sin embargo, después de un tiempo, me sorprendió que, de todos mis amigos, él fue el único que me confrontó al respecto.  

“Mejor es la reprensión franca que el amor encubierto. Fieles son las heridas del amigo, pero engañosos los besos del enemigo.” 

Pr 27:5-6 

 Tus amigos no van a sentarse a verte mientras te involucras con el comportamiento pecaminoso. Mucho menos van a compartir tus indulgencias. La persona que haga esto no es tu amigo, todo lo contrario, es un enemigo de tu alma. Alguien así es mortífero.  

 Al ser Su hijo, Dios te llama a cuidar el alma de tu hermano por encima de su comodidad. Puedes besar a tus “amigos” hasta la muerte si pasas por alto sus pecados. Tenemos que tomar en serio el mandato de Hebreos 3: 

 Antes exhortaos los unos a los otros cada día, mientras todavía se dice: Hoy; no sea que alguno de vosotros sea endurecido por el engaño del pecado.”  

(v.13) 

 Si quieres crecer en la gracia, rodéate de amigos piadosos 

 Estas son las personas que no temen herirte de vez en cuando para que te organices. ¡Ay de ti cuando tus amigos solo te den besos! Bendito eres cuando, como el rey David, tienes un Natán a tu lado:  

Que el justo me hiera con bondad y me reprenda; es aceite sobre la cabeza; no lo rechace mi cabeza”  

(Sal 141:5) 

 Escoge a los amigos que te amen lo suficiente para ser realistas contigo cuando caigas. Si no lo haces -si te rodeas de personas que no te confronten, o peor, que comparten tus mismos ídolos- estás cavando tu propia tumba. 

 Jesús fue amigo de pecadores 

 Nunca verás en los Evangelios al Hijo del Hombre pasando por alto el pecado de la gente. Las personas eran atraídas a Jesús no porque fuera ciego a sus iniquidades, sino porque les mostraba gracia y perdón. ¡Qué imagen del tipo de amigos que deberías buscar para ti mismo! 

 Rodéate de amigos que no se avergüencen de herirte con la Palabra de Dios, pero que también sepan vendarte con el evangelio del amor de Dios. 

 Pídele a Dios que te de ese tipo de amigos y te haga ser uno de estos.