Nota editorial: Este artículo fue publicado originalmente como parte de la revista de 9Marksen español, el Cristiano y la Pornografía  que puedes encontrar en este enlace 

Por: John Henderson

La planta llamada regaliz americano produce una toxina llamada abrina, una de las más letales en toda la tierra. Si la capa se rompe, ingerir una semilla de la vid puede matar a un ser humano. Debido a sus colores vibrantes, las personas utilizan las semillas en joyas y en las cuencas de los rosarios. La vid crece en ambientes tropicales y puede propagarse agresivamente en las condiciones adecuadas, lo que significa que es casi imposible erradicarla sin abordar las disposiciones por las cuales se desarrolla.

Lo mismo podría decirse de la pornografía. Letal para el alma humana y destructiva para la vida humana, la pornografía prospera en condiciones propicias, dentro de un ecosistema más amplio de pecados, luchas y situaciones. Nunca se produce de manera aislada. Se incuba en la combinación correcta de factores. La pornografía se alimenta de otros pecados de la misma forma que el cáncer se alimenta del azúcar, y alimenta otros pecados de la misma forma que el cáncer alimenta otras enfermedades. No podemos separar y poner en cuarentena el pecado sexual. Es mejor que aceptemos su conexión con aspectos de nuestras vidas que podríamos pensar que no están relacionados y preferiríamos dejar intactos.

Esto es importante, no solo para entender la pornografía, sino para librar la guerra contra ella. No podemos cortar las malezas sin destruir también sus semillas, sin tratar el suelo en el cual se arraigan, y sin limitar los fertilizantes que usamos para alimentarlas. Estamos condenados si intentamos derrotar la pornografía sin abordar las corrientes que la riegan.

En este artículo, nuestro objetivo es entender la pornografía en relación a todo lo demás que pensamos, sentimos y hacemos, a fin de dar muerte a la pornografía a través del único medio por el cual realmente muere: la transformación integral de la vida por el evangelio de Jesucristo. Consideraremos la composición del suelo del cual brota, los fertilizantes que la hacen crecer, y la cosecha que produce. Al hacerlo, esperamos reunir consejos bíblicos y centrados en Cristo para un cambio integral de corazón y vida.

El semillero de la pornografía

En Proverbios 7, Salomón cuenta la historia de un joven imprudente que sumerge su vida en la inmoralidad sexual. Los aspectos más destacados del relato ofrecen percepciones increíbles sobre varios precursores del pecado sexual: la pretensión de la insensatez, el orgullo de la vida y la alabanza del hombre.

La pretensión de la insensatez

La insensatez pretende ser sabia. El hombre insensato asume que no es tan insensato, e interactúa con los elementos de su mundo como si tuviera el control. Piensa que puede echarse fuego en el pecho sin quemarse la ropa (Pr. 6:27). La historia lo confirma:

Hijo mío, guarda mis razones, y atesora contigo mis mandamientos. Guarda mis mandamientos y vivirás, y mi ley como las niñas de tus ojos. Lígalos a tus dedos; escríbelos en la tabla de tu corazón. Di a la sabiduría: Tú eres mi hermana, y a la inteligencia llama parienta; para que te guarden de la mujer ajena, y de la extraña que ablanda sus palabras. Porque mirando yo por la ventana de mi casa, por mi celosía, vi entre los simples, consideré entre los jóvenes, a un joven falto de entendimiento, el cual pasaba por la calle, junto a la esquina, e iba camino a la casa de ella, a la tarde del día, cuando ya oscurecía, en la oscuridad y tinieblas de la noche.

El joven es falto de entendimiento porque pasa por la calle cerca de la esquina de la mujer prohibida como si fuera inmune a sus suaves palabras, como si pudiera acercarse sin caer preso de sus artimañas, como si ir a ella no le costará la vida. La mujer es una figura para toda clase de inmoralidad sexual, y la manera en que ella y el joven se relacionan representa cómo la pornografía nos habla y cómo nosotros respondemos a ella.

Considera cuántas incursiones en la pornografía inician con pensar que somos lo suficientemente sabios y fuertes para coquetear con el mundo sin caer de cabeza. Navegar por la web, ver televisión a altas horas de la noche, revisar las redes sociales despreocupadamente, coquetear en el trabajo, tener fantasías descontroladas, viajar inexplicablemente lejos de casa, tener acceso a dispositivos sin filtros de seguridad… Una simple muestra de las formas en que pasamos imprudentemente por la calle junto a su esquina pretendiendo estar a salvo.

El orgullo de la vida

Cualquier especie de derecho nos sintonizará más fuertemente con las longitudes de onda de la pornografía. Si crees que mereces la atención y el placer de mujeres atractivas, entonces estás preparado para ser seducido fácilmente. Si te encanta la idea de tener a hombres o mujeres asequibles de manera inmediata, dispuestos a quitarse la ropa a tus órdenes, entonces la pornografía te comerá vivo. Escucha cómo se desarrolla la historia:

Cuando he aquí, una mujer le sale al encuentro, con atavío de ramera y astuta de corazón. Alborotadora y rencillosa, sus pies no pueden estar en casa; Unas veces está en la calle, otras veces en las plazas, acechando por todas las esquinas. Se asió de él, y le besó. Con semblante descarado le dijo: Sacrificios de paz había prometido, hoy he pagado mis votos; Por tanto, he salido a encontrarte, buscando diligentemente tu rostro, y te he hallado. He adornado mi cama con colchas recamadas con cordoncillo de Egipto; He perfumado mi cámara con mirra,  áloes y canela. Ven, embriaguémonos de amores hasta la mañana; Alegrémonos en amores. Porque el marido no está en casa; Se ha ido a un largo viaje. La bolsa de dinero llevó en su mano; El día señalado volverá a su casa. Lo rindió con la suavidad de sus muchas palabras, le obligó con la zalamería de sus labios.

Observa cómo la mujer recurre al orgullo del joven. Lo halaga. Le da la oportunidad de tener a la esposa de otro hombre, lo que apela a su arrogancia. Le ofrece la oportunidad de conquistar, de ser mejor que otros hombres. Cualquier fracaso que haya enfrentado durante el día puede ser borrado gracias a una victoria en la habitación. Cualquier sed de poder que tenga puede ser satisfecha al tomar la oportunidad que ella ofrece. No hay temor a Dios. No hay amor humilde hacia su prójimo. Ni preocupación por el matrimonio de esta mujer; solo una sed egoísta por un logro sexual.

Las imágenes de prosperidad, placer y amor se presentan como objetos que tiene derecho a poseer. Ella dice: «Soy toda tuya. Podemos hacer lo que quieras. Tú eres quien tiene el control». ¡Oh, el poder! No hay hombre —o mujer— orgulloso que pueda resistirse.  Por supuesto, la escena está cargada de ironía. Pensando que está a punto de triunfar, el joven la sigue hasta el matadero.

La alabanza y el miedo al hombre

Desde mi punto de vista, la alabanza y el miedo del hombre componen el alma de la pornografía. Las imágenes pornográficas están diseñadas para comunicar un mensaje estratégico y poderoso al espectador: «Eres atractivo. Eres embriagador. Eres un amante increíble. Eres genial. Los hombres y las mujeres siempre te dicen que sí. Te desean. Te sonríen. Te adoran». La alabanza humana es una parte integral de la seducción en Proverbios 7. Observa en el pasaje cómo la mujer alaba al joven. Ella salió a encontrarlo solo a él. Lo prefiere a él por encima de los demás. Lo desea a él y no a su esposo. La manera en que lo abraza, lo besa y lo mira expresa un deseo intenso por él, que él encuentra absolutamente embriagador. Si nos encanta ser alabados por otros, entonces amaremos la pornografía.

Al mismo tiempo, los hombres y las mujeres capturados en las imágenes pornográficas nunca te rechazan. Nunca te dicen que no. La pornografía brinda un mundo donde puedes recibir validación y aprobación sin el miedo al rechazo o a la desaprobación. Sin importar cuán avergonzado estés de ver pornografía, ésta nunca te critica.

La pornografía también ofrece la ilusión de privacidad y seguridad. La mujer enumera las razones por las que no serán atrapados. Su esposo ha emprendido un largo viaje. Lo que el esposo desconozca, no le hará daño. Lo que haces en la privacidad de tu habitación no es asunto de nadie más. Será su pequeño secreto. Nadie se enterará. La pornografía prospera en la oscuridad, en una vida llena de secretos.

El alimento de la pornografía

No solo la condición de nuestros corazones determina si la pornografía puede arraigarse o no, las cosas con las cuales alimentamos nuestros corazones influyen en el grado en que la pornografía crece. El pecado sexual se propaga bajo ciertas condiciones.

La ansiedad y el estrés

Vivir en un estado de ansiedad, estrés y preocupación tiende a incrementar nuestro deseo por el sedativo placer del deseo sexual, especialmente la pornografía. Cuando se combina con la masturbación, puede que no elimine la ansiedad, pero la minimiza. Nos distrae de las cargas de la vida. Nos hace insensibles a los objetos de nuestra preocupación.

Al igual que el alcohol o los analgésicos, la pornografía puede actuar como un poderoso sedante. Ayuda a liberar la tensión física y calmar las emociones agitadas. Nos permite evitar la raíz del problema de nuestra ansiedad al aquietar el ruido ensordecedor de las fechas topes, las expectativas y las responsabilidades. El Señor nos dice que clamemos a él en el día de la aflicción, que no nos preocupemos y que confiemos en él. La pornografía ofrece otra alternativa, un dios falso, atractivo e inmediato.

La fantasía y el control

Una vida de fantasía vibrante aumenta nuestro deseo por la pornografía.

La tendencia a refugiarnos en lugares felices mentales cuando la vida se vuelve dolorosa, o simplemente aburrida, estimula un patrón de buscar refugio en otra clase de lugares felices de fantasía, como la pornografía. En lugar de enfrentar nuestros problemas, experimentar el dolor y esperar en el Señor, podemos visualizar imágenes eróticas e integrarnos en tramas eróticos. Controlamos cuándo y dónde vamos. En vez de aceptar y servir dentro de los detalles mundanos de la vida, la pornografía brinda una sensación de emoción y energía.

Aunque el Señor nos da la capacidad de imaginar como parte de ser portadores de su imagen, podemos usarla para servir a ídolos. Nuestra capacidad de crear puede desviarse hacia la fantasía sexual. Una imaginación mejor utilizada para comprender la rica imaginería de la Escritura, para someter nuestra adoración a Dios, para avivar nuestra esperanza en el reino de Jesucristo, puede emplearse erróneamente para realizar aventuras sexuales.

La sensualidad y la mundanalidad

Un deseo general de excitación sexual alimenta a la pornografía. El placer es un buen regalo de Dios, pero podemos adorar el regalo más que al dador. Sentirnos emocionados puede convertirse en un deseo ardiente, al igual que evitar el dolor sensorial. En lugar de ver las cosas del mundo como un medio para amar a Dios y a los demás, podemos amar estas cosas más que a Dios y a los demás. Esto es el corazón de la mundanalidad.

Un amor por el mundo y las cosas del mundo siempre hará que el pecado sexual sea atractivo. El apóstol Pablo señala los ejemplos de hombres mundanos: «Los cuales, después que perdieron toda sensibilidad, se entregaron a la lascivia para cometer con avidez toda clase de impureza» (Ef. 4:19). Pablo se apresura en decir: «Mas vosotros no habéis aprendido así a Cristo» (Ef. 4:20). En Cristo somos nuevas criaturas, ya no somos esclavos de las pasiones de la carne, y «manifiestas son las obras de la carne, que son: adulterio, fornicación» (Gá. 5:19). Si usamos los alimentos, las bebidas, los medios de comunicación, y otras cosas creadas como medios para servir a la carne, entonces establecemos las condiciones  bajo las cuales la pornografía prospera.

Esta es una de las razones por las que la oración y el ayuno regulares y motivados por la fe ayudan a combatir el deseo sexual. Matan de hambre a la carne como un todo, sometiéndonos más completamente al Padre, uniéndonos más fuertemente a Jesucristo y llenándonos más plenamente del Espíritu Santo.

La decepción, la ira y la autocompasión

A veces la indulgencia de la pornografía y la masturbación expresa una especie de rabieta espiritual. Cuando la gente nos decepciona, falla o traiciona, el placer sexual se vuelve más tentador. Incluso se siente más justificado. Aunado a su pecado sexual, Sansón tenía un temperamento airado y tendía hacia la autocompasión. De hecho, su vida tendía a oscilar entre arrebatos de ira e inmoralidad. Nuestra carne es propensa a las mismas fluctuaciones. Meditar en nuestras decepciones, humear de rabia y consumirnos en la autocompasión despierta los deseos de la carne por la pornografía.

La holgazanería relacional y el escapismo

«Su deseo busca el que se desvía, y se entremete en todo negocio» (Pr. 18:1). Las relaciones de la vida real pueden ser difíciles y la carne pecaminosa aborrece el amor sacrificial. Amamos escapar. Las responsabilidades de las relaciones, ya sea en el matrimonio, en la familia o en la iglesia pueden ser pesadas e incluso dolorosas. Se requiere energía para iniciar una conversación. Se requiere un gran esfuerzo para servir a otros. Cuando el conflicto llega, se necesita humildad, tiempo y energía para resolverlo bíblicamente.

La pornografía, por otro lado, es fácil. Las interacciones con las personas en la pornografía no requieren de trabajo o sacrificio, humildad, resolución de conflictos o de un servicio alegre. Ellas nos sirven. Las personas existen para nosotros. No tenemos que hablar o escuchar. Nos tenemos que compartir y dar, simplemente tomar y recibir. Una mentalidad y un patrón de holgazanería relacional y escapismo solo fomentan nuestra afinidad por la pornografía.


Publicado originalmente en la Revista 9Marcas #9 | El Cristiano, La Iglesia Local y la Pornografía | Puedes descargarla gratis aquí