Hay muchos seres extraños en la Biblia, ¿no es cierto? Están los Nefilim en Génesis 6, que algunos creen fueron descendientes de ángeles caídos que se criaron con mujeres humanas (aunque otros creen que no son más que seres humanos depravados). En la Biblia hay ángeles y arcángeles, gigantes y demonios, e incluso un burro que habla. Pero de todas las criaturas misteriosas, ninguna ha capturado más mi imaginación que los querubines. 

Los querubines hacen su primera aparición en el primer libro de la Biblia y su última aparición en el último libro. De principio a fin, su función sigue siendo la misma: proteger la presencia de Dios. En el Génesis se les asigna el portón del Jardín del Edén para evitar que el hombre se aventure a regresar al lugar de la presencia de Dios. 

En el libro del Éxodo están en el tabernáculo para advertir a la gente que se aleje del Lugar Santísimo y en la cubierta del Arca de la Alianza para custodiar el propiciatorio—el lugar donde Dios habita simbólicamente. En 1ra. de Reyes desempeñan el mismo rol en el templo, mientras que en Ezequiel y Apocalipsis resguardan el trono celestial de Dios. Son criaturas extrañas, que tienen seis alas, rostros de leones, bueyes, hombres y águilas, y un sin número de ojos – Juan nos dice que están “llenos de ojos por todas partes y por dentro” (Apoc. 4:8). Como su tarea es de vigilancia, el gran número de los ojos nos asegura su supervisión, no hay nada que pueda escaparse al acercarse inapropiadamente a Dios. 

Estos querubines tienen boca y hablan. Según Juan, ellos constantemente claman, “¡Santo, Santo, Santo, es el Señor Dios, el Todopoderoso, el que era, el que es y el que ha de venir!” (Apoc.4:8). Muchos de nosotros hemos escuchado y leído esta porción de la Escritura tanto que puede haber perdido algo de su maravilla y significado. Pero al contemplar sus palabras, me llamó la atención y me dio una dimensión completamente nueva. Resulta que dicen estas palabras no sólo porque son objetivamente verdaderas, sino también porque han demostrado ser verdaderas a través de mucho tiempo de observación. 

 De todas las criaturas que Dios ha creado, los querubines son los más cercanos al trono de Dios. Casi desde el principio han estado constantemente en su presencia, alrededor de su trono. Esto significa que ven todo lo que Dios hace, escuchan todo lo que Dios dice, y ven cómo se hacen realidad todas sus órdenes. Y aún así proclaman: “Este es el ser más santo y puro que existe. No hay el menor rastro de maldad en él. Todas sus acciones y palabras son puras e inmaculadas”. 

Los querubines son criaturas reales, pero también son profundamente simbólicos. Su trabajo es resguardar el acceso a Dios. Se interponen entre Dios… ¿y quién? Imagínate si esos seres angelicales nos siguieran a ti o a mí por un tiempo. Imagina si todos esos ojos se enfocaran en nosotros durante una semana o incluso por un día. ¿Cuánto tiempo crees que necesitarían ver nuestras acciones antes de empezar a proclamar, “impío, débil, pervertido, hipócrita, pecaminoso”? ¿Cuántas de nuestras palabras necesitarían ellos escuchar para decir: “Colérico, impuro, injusto, desleal”.  

No tardaría mucho, ¿verdad? ¡Y nos muestra que los querubines se encuentran entre Dios y nosotros! Guardan la pureza de Dios de nuestra contaminación. Evitan que los seres pecadores como tú y yo nos acerquemos a Dios que no tiene pecado. 

Qué cosa tan gloriosa, que Cristo, como nuestro representante, fue capaz de pasar por delante de esos querubines y acercarse a Dios (Apoc. 5:7). Qué cosa tan gloriosa, saber que él rescató a un pueblo —¡nos rescató a nosotros!— para Dios. Qué glorioso es saber que a través de su muerte y resurrección ha establecido un medio para que seamos nuevamente santos en la presencia de un Dios santo.