Me encantan los servicios de ordenación en la iglesia local. A menudo, estos servicios son la culminación de un largo periodo de tiempo en el que la congregación ha oído predicar sobre el liderazgo bíblico de los ancianos, ha sido animada a identificar a los hombres dotados para esta tarea, ha orado por aquellos hombres mientras recibían formación y se sometían a exámenes, y ha votado para llamar y ordenar a hombres concretos para el cargo de anciano. Hemos estudiado y orado; esperado y orado; y esperado y orado un poco más. 

 El servicio de ordenación, entonces, es tanto la cima como la celebración. Traemos platos de galletas y otros alimentos para después celebrar. Damos la bienvenida a los miembros de otras iglesias cercanas que han venido a regocijarse con nosotros. Nos sentamos felizmente, no en nuestros sitios habituales, sino en cualquier lugar donde podamos encontrar un asiento en la iglesia llena. 

 Cantamos y escuchamos la lectura de las Escrituras y la predicación. El hombre que ha sido llamado como anciano toma ciertos votos y la congregación, responde en votación también: prometiendo someterse voluntariamente a su liderazgo nombrado por Cristo en la iglesia. Y entonces, mientras el nuevo anciano se arrodilla frente a la iglesia, todos los ancianos ponen sus manos sobre sus hombros y oran por él.  

 En el futuro, este hombre estará orando por la iglesia local cientos y miles de veces en reuniones de ancianos, visitando en las casas, desde el púlpito, y antes de empezar el culto los domingos temprano en la mañana. Sin embargo, su trabajo como anciano comienza cuando la iglesia ora por él, pidiendo al Señor que pastoree su alma y dando gracias a Cristo por Su buen regalo. 

El gran Pastor otorga Sub-pastores

 Mateo nos dice que durante Su ministerio terrenal, Jesús viajó predicando en varias comunidades y curando a los enfermos de manera milagrosa. Rodeado de grandes multitudes de personas, Jesús “tuvo compasión de ellas, porque estaban angustiadas y abatidas como ovejas que no tienen pastor” (Mateo 9:36). El gran Pastor miró al rebaño angustiado y se conmovió. 

 La preocupación de Cristo por Sus ovejas lo llevó a hacer dos cosas. En primer lugar, exhortó a Sus discípulos a orar por más sub-pastores (9:38) y en segundo lugar, envió a Sus discípulos como sub-pastores para rescatar a “las ovejas perdidas” en los pueblos y aldeas, predicando la Palabra y haciendo el bien a sus almas (10:1-11). 

 En nuestras iglesias de hoy estamos recibiendo la respuesta a la oración obediente del discípulo hace dos mil años. Cuando domingo tras domingo tus ancianos se paran en el púlpito y te predican la Palabra de Dios es porque el Señor Jesús ha tenido compasión de ti. 

Los pastores son un buen regalo

 En ningún otro lado es más clara la bondad de Cristo al darnos ancianos que en Efesios 4: 8-13:  

 “Por lo cual dice: 

 Subiendo a lo alto, llevó cautiva la cautividad,  

Y dio dones a los hombres.  

 Y eso de que subió, ¿qué es, sino que también había descendido primero a las partes más bajas de la tierra? El que descendió, es el mismo que también subió por encima de todos los cielos para llenarlo todo. Y él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros, a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo, hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo.” 

En este pasaje aprendemos lo que Cristo hizo después de Su resurrección y ascensión al cielo. No es sorprendente que el buen Pastor no dejara de pastorear por el simple hecho de que ya no estaba físicamente presente con el rebaño. En Su ausencia, les dio “los apóstoles, profetas, evangelistas, pastores y los maestros” (v. 11). 

Fíjate en cómo se describen estos hombres: un regalo de Cristo. No importa cuán comunes parezcan tus ancianos, en en realidad son un  regalo perfecto elegido, por Cristo para . Cuando eres ministrado por tus ancianos recibes el ministerio del mismo Cristo.  

Nota también la abundancia de este don: Cristo dio “pastores y maestros”, en plural. Mientras que Cristo se describe a sí mismo como “un solo Pastor” (Juan 10:16), sus sub-pastores son muchos. Esta pluralidad compensa la debilidad humana de los ancianos, protege a las ovejas de cualquiera de sus pecados egoístas y aporta sus diversos dones para beneficio del cuerpo de Cristo.  

Los pastores exhiben el Reino de Cristo

Un rebaño que recibe el cuidado de los pastores tiene efectos que van más allá de las paredes de la iglesia. Cuando somos pastoreados por  nuestros ancianos y nos sometemos a su autoridad, mostramos al mundo la realidad actual del reino de Jesús. 

En este mismo momento, Jesús está sentado en el Trono de los cielos gobernando e intercediendo por Su pueblo. En la iglesia local esta verdad invisible se hace visible. Nuestros amigos y vecinos incrédulos no saben cómo es el reino eterno de Cristo; ninguno, hasta que la iglesia local se reúne. 

Aunque el reino de Cristo es invisible, la obra de Sus sub pastores no lo es. Cuando el pueblo de Dios se somete de manera voluntaria y con alegría al amoroso liderazgo de nuestros ancianos, damos testimonio público de la gran realidad del reino de Cristo. 

Aún más, la presencia de los ancianos anima nuestros propios corazones. ¿Miras a veces el mundo que te rodea, su baja condición de pobreza, racismo, falsa religión, conflictos,  injusticias, trastornos, y te preguntas si Cristo está reinando de forma real y verdadera? Anímate. Tus ancianos están en Su Iglesia como un antídoto para tus dudas. Estos hombres han sido delegados por Cristo para erradicar aquellos males del rebaño y promover la pureza y la paz entre las ovejas. Su gobierno terrenal te asegura el gobierno celestial de Cristo. Así como Sus ancianos se reúnen temprano los domingos por la mañana para orar por tu alma, el Rey Jesús está de continuo intercediendo por ti. Así como tus ancianos usan la Palabra para animar y exhortar a tu iglesia local, el Rey Jesús está gobernando su reino con el mismo estándar. 

El mundo entero no se revelará como sujeto a Cristo hasta el último día, pero el trabajo de los pastores en la iglesia local apunta a la verdad y la bondad del ilimitado reinado de Cristo. 

En mi iglesia, cada servicio de ordenación termina con abrazos. Primero, los ancianos actuales dan la bienvenida al recién anciano ordenado con sonrisas y lágrimas y después del resto de la congregación. Nos dirigimos hacia el frente de la iglesia con nuestras propias sonrisas y lágrimas. Alcanzamos a nuestro nuevo anciano con un afecto de corazón abierto, y, uno a uno, envolvemos el regalo de Cristo en nuestros brazos.