Soldados de Jesucristo

Los retos de la iglesia en Sudamérica 

En las Escrituras se puede ver que lo último que Jesús dejó a sus discípulos antes de su ascensión a los cielos fue el gran mandato o la Gran Comisión: 

Id, pues, y haced discípulos de todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado; y he aquí, yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo (Mt. 28:18-20). 

Este mandato debía ser ejecutado y enseñado por sus discípulos, y continuado por la única y más gloriosa institución dejada por nuestro Señor Jesucristo mismo que es la Iglesia. El plan consistía (y sigue consistiendo) en que a medida que la iglesia crecía, se expandía y multiplicaba a causa de cumplir este mandato, la gloria de Dios, su fama y su excelso y majestuoso reino, sería conocido, reconocido y expandido hasta lo último de la tierra. 

La Gran Comisión dejada por Cristo no consiste solamente en predicar el evangelio, sino en hacer discípulos, bautizarlos y enseñar todo lo que él nos ha mandado. No podemos modificar el mandato. Si no hacemos todo lo que él nos mandó, no estamos cumpliendo la Gran Comisión, solo la estamos haciendo parcialmente. La única manera y medio dejado por Cristo mismo de cumplir satisfactoriamente todas las demandas de la Gran comisión es en el contexto de una iglesia local. 

Tristemente las estadísticas y la realidad muestran que no muchas iglesias están cumpliendo y obedeciendo este mandato en Sudamérica. También hemos de reconocer que las iglesias están pasando por situaciones difíciles y están experimentando muchos retos que hacen que cada vez sea más difícil cumplir con la tarea encomendada. 

Mi objetivo con este artículo es mostrarte la dura realidad y la situación en la que se encuentran las iglesias de nuestra amada Sudamérica. Quiero aportar para que estas congregaciones locales puedan reconocer los distintos retos que están enfrentando y, teniendo en cuenta estos retos, ver posibles soluciones que puedan ser útiles para servir y ministrar de manera más efectiva, para que el reino de Dios pueda crecer cada día más para la alabanza de su gloria en nuestra región. 

Los grandes retos que enfrenta la iglesia sudamericana 

Reconozco que Sudamérica es bastante grande, diversa y variada, y que en muchos casos es difícil poder generalizar lo que cada país, e inclusive ciudad, está viviendo. Por tal razón, decidí entrevistar a distintos pastores, de distintos países y situaciones a lo largo y ancho de todo el continente, y los retos que más sobresalen a nivel general son los siguientes: 

  1. El catolicismo romano 

Me voy a tomar el atrevimiento de decir que el mayor cáncer, lo que más está afectando a la iglesia, es la Iglesia Católica Romana. El catolicismo está tan fuertemente arraigado dentro de la cultura latina, que es muy difícil separar la religión de la cosmovisión. Alguien me dijo por ahí que “todo latino tiene un pequeño católico romano dentro”. El catolicismo romano está tan impregnado dentro de nosotros que más que una religión es parte de nuestra cultura misma. A pesar de que muchas personas dejan la religión católica romana y que solo por gracia y misericordia Dios los salva, podemos encontrar todavía algunas secuelas del catolicismo romano en la vida de muchos. Por ejemplo: 

  • En la iglesia católica romana el sacerdote hace todo en la misa y las personas son solo espectadores. Los nuevos convertidos están acostumbrado a eso y, por consiguiente, no quieren servir, involucrarse ni participar de las actividades de la iglesia, etc. Y piensan que el pastor es el encargado de hacer todo en la iglesia. 
  • Los católicos romanos no dan ofrendas ni diezmos, ellos dan limosnas. Por consiguiente, el latino no tiene por costumbre dar ni apoyar la obra de Dios, y solo da pequeñas limosnas, si es que le llega a sobrar algo. 
  • Los católicos tienen a un papa como principal figura de la iglesia, infalible y con la autoridad máxima. Por consiguiente, los nuevos creyentes ven ahora a sus nuevos pastores de la misma manera en la que acostumbraban a ver al papa. 
  • En la iglesia católica romana la gente solo asiste para escuchar, no estudian ni escudriñan la Biblia, no es necesario orar, ni ninguna práctica de disciplina espiritual. Por consiguiente, a los nuevos creyentes les cuesta mucho practicar las disciplinas espirituales. 
  1. Falta de formación teológica 

Uno de los principales retos con los que se enfrentan las iglesias en Sudamérica es la gran falta de preparación de su gente, en todos los niveles. Hay muy pocos pastores que tienen una preparación académica y teológica, o que son lo suficientemente autodidácticos para aprender y mejorar por ellos mismos, de tal manera que son muy pocos los pastores que pueden estudiar y escudriñar verdaderamente la Biblia, y mucho menos predicar expositivamente. Si los pastores están en esa situación, ni qué hablar de los miembros de las iglesias. Las personas no saben prácticamente nada de la Palabra de Dios. No hay una cultura de lectura, por lo que la gente casi no lee la Palabra de Dios y mucho menos otros libros que podrían ser de gran ayuda para el crecimiento y madurez espiritual. Todo esto trae consecuencias devastadoras para las iglesias. Si la gente no conoce a Dios, no está siendo transformada por la Palabra de Dios, no puede reconocer las enseñanzas verdaderas ni las falsas. ¿Cómo podemos esperar que haya un avivamiento genuino? Tal como está escrito en la Biblia misma: “Mi pueblo es destruido por falta de conocimiento” (Os. 4:6).   

  1. El evangelio a medias 

Otro gran reto es que muchos creyentes sólo están siendo expuestos a una parte del evangelio o a un evangelio diluido. Muchos pastores están predicando sólo lo que la gente quiere oír, a eso se debe añadir que en muchos lugares el evangelio se ha mezclado con el entretenimiento, la psicología y la filosofía del mundo. Lastimosamente abunda la teología de la prosperidad –con la cual la gente más interesada en un cambio de estatus económico más en un cambio espiritual verdadero–, el ecumenismo, el pragmatismo, entre otras cosas. Es importante mencionar también que en algunas iglesias se hace mucho énfasis en la soteriología, pero muy poco énfasis en tener una eclesiología saludable.   

  1. Fuertes tendencias al aislamiento 

Muchas iglesias saludables tienen la tendencia a aislarse. Ya sea porque están solas, por rechazo a otras iglesias no saludables, o simplemente por orgullo. Ese es un reto muy grande que se debe luchar para cambiar. Es muy difícil poder mantenerse saludables y en continuo crecimiento y madurez espiritual sin que las iglesias tengan iglesias hermanas y aliadas donde apoyarse y trabajar juntas. Lastimosamente se ve una fuerte tendencia a competir entre las iglesias para ver quién es la mejor, la más grande o la que tiene más personas. En una ocasión le pregunté al pastor Sugel Michelén cuál era el secreto del porqué había tantas iglesias buenas y saludables en Santo Domingo, República Dominicana. Él me contestó que una de las principales causas era que las principales iglesias y pastores de la ciudad se habían unido y puesto de acuerdo en crecer y combatir los retos juntos. Tristemente hay muchas iglesias enfermas y necesitadas, que no se están dando cuenta de su estado enfermizo (e inclusive moribundo) por no tener iglesias hermanas que puedan ayudarlas.   

  1. Iglesias anglo-dependientes 

A pesar de que en Sudamérica hay muchas personas capacitadas, a las que Dios las dotó con grandes dones y talentos, con infraestructuras y economías bastantes fructíferas, es común encontrarse con iglesias que están esperando a una iglesia norte americana o europea que provea económicamente, que construya, que regale cosas, que sirva a los necesitados de la comunidad, etc. En lugar de levantarse, ser iglesias sustentables y con grandes potenciales misioneros, todavía encontramos iglesias estancadas, pensando que ellos no pueden, y que se necesita recibir ayuda para explotar las oportunidades presentadas en cada lugar. Sudamérica recibió el evangelio hace por lo menos 100 años de parte de nuestros hermanos norte americanos y europeos. Es tiempo de que las iglesias aprovechen y exploten las oportunidades y bendiciones dadas por Dios en los diferentes lugares en donde se encuentran. Es importante que las iglesias en Sudamérica hagan cosas independientes, autóctonas y reproducibles; y que al igual que como hicieron otras naciones con nosotros, que exporte proyectos, pastores, misioneros, y sea parte de los que aportan a la obra de Dios a nivel nacional y mundial.   

Algunas sugerencias a tan grandes retos 

  1. Confiar en la poderosa Palabra de Dios 

No hay cosa más preciada para los creyentes y las iglesias como la Palabra de Dios y la oración. En la Palabra de Dios encontramos todo lo que necesitamos para vivir una vida piadosa (2 Ti. 3:16-17). Como iglesia, debemos estudiarla día y noche, meditarla, escudriñarla y depender de ella (Sal. 119). La dieta principal de las iglesias debería ser la predicación expositiva de libros de la Biblia, para poder recibir todo el consejo de Dios y no predicar o escuchar solo lo que queremos. Como dice Miguel Núñez: “La Biblia es suficientemente poderosa para transformar una nación”.[1] Si se estudia verdaderamente la Palabra de Dios, las personas van a entender verdaderamente el evangelio, y sus vidas y las iglesias serán transformadas. 

  1. Confiar en nuestro glorioso Redentor 

Cristo es la cabeza y jefe de la iglesia (Ef. 1:22; Col. 1:18), Él prometió estar con nosotros todos los días hasta el fin del mundo (Mt. 28:20), y que por más difícil que esté la situación, por los problemas más graves que se esté pasando, no hay nada que pueda prevalecer contra su iglesia (Mt. 16:18). Nuestra confianza está en que Cristo ya venció, no es una lucha de poder o para ver quién ganará, con Cristo peleamos desde la victoria. 

  1. Descansar en la soberanía de Dios   

El trabajo de la iglesia es cumplir la Gran Comisión, predicar y compartir el evangelio, pero el resultado lo da Dios (1 Co. 3:7-9). La Biblia nunca nos dice que esto será fácil, sino todo lo contrario. Sin embargo, la Biblia sí nos manda es a mantenernos fieles y a descansar y esperar solamente en él, sabiendo que Dios tiene el control de todas las cosas. Cada uno debe hacer lo que le corresponde, las iglesias deben esforzarse y tratar de hacer el mayor esfuerzo posible para que el reino de Dios crezca y sea conocido, y dejar que Dios añada y agregue a los que son suyos (Hch. 2:44-47). 

  1. La unión hace la fuerza 

Mi amigo, mentor y pastor Félix Cabrera siempre dice que nunca debemos olvidar que nuestro objetivo es engrandecer el reino de Dios, no mi propio reino. Lo que queremos es que el maravilloso nombre de Dios sea conocido y exaltado hasta lo último de la tierra, por lo que necesitamos unir fuerzas, solos no podemos (1 P. 2:9-10). Busca iglesias hermanas para unirse, apoyarse y juntos crecer cada día más. Se puede empezar esto uniéndose los pastores de las diferentes zonas por lo menos cada uno o dos meses; orando, compartiendo y apoyándose los unos a los otros en sus necesidades; visitándose y aprendiendo de las cosas buenas que los otros pastores hermanos están haciendo mejor que uno; entre otras cosas.  

[1]Miguel Núñez, El poder de la Palabra para transformar una nación, (Medellín, Colombia: Poiema Publicaciones), 43-44. 

William Reversat

William Reversat es un plantador de iglesia en Oklahoma City con Trinity Baptist Church. Creció en Itapúa, Paraguay y en el año 2013 se mudó a Edinburg, Texas para estudiar en Rio Grande Bible Institute. Completo su licenciatura en Estudios Bíblicos con énfasis en ministerios pastorales. Actualmente está estudiando una Maestría en Estudios Teológicos en Southern Baptist Theological Seminary. Está gozosamente casado con Catherine Bonhaure.

William Reversat

William Reversat es un plantador de iglesia en Oklahoma City con Trinity Baptist Church. Creció en Itapúa, Paraguay y en el año 2013 se mudó a Edinburg, Texas para estudiar en Rio Grande Bible Institute. Completo su licenciatura en Estudios Bíblicos con énfasis en ministerios pastorales. Actualmente está estudiando una Maestría en Estudios Teológicos en Southern Baptist Theological Seminary. Está gozosamente casado con Catherine Bonhaure.

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