¿Cómo tengo un tiempo de oración en medio de mañanas agitadas?

Te amo. Que tengas un lindo día…fue lo único que alcancé decirle a mi esposa antes de irme a trabajar.

Había sido otra de esas noches largas, cuando los bebés no duermen. Hacia unos 10 minutos que estaba despierto. No había leído mi Biblia, ni orado, ni desayunado. Me esperaba un día agitado…

¿Sabes de lo que hablo, no es cierto? El cristiano tiene la particularidad de necesitar un desayuno espiritual junto con el desayuno matutino. Si no lo tiene, a lo largo del día su alma se sentirá débil y cansada.

Pasar un tiempo con la Palabra de Dios, en oración, es fundamental. Antes de leer las noticias, mirar tu WhatsApp o revisar tu correo, tienes que oír la voz de Dios y hacerle oír la tuya.

Pero ¿qué si te quedas dormido como me ocurre a mí? ¿qué si madrugas solo para salir corriendo a tomar el trasporte que te lleva al trabajo?

A lo largo de mi vida cristiana he aprendido de hombres piadosos cómo solucionar este problema. Permíteme darte tres consejos que me ayudan mucho cuando transito por esos días agitados.

Acuérdate qué es orar

Esto es crucial, créeme. No tienes que hacer buena letrapara orar. Tampoco necesitas una preparación místicao alguna unciónpara sentirte listo para orar.

Primero que nada, te acercas a Dios en Cristo, por Sus méritos: Entonces, hermanos, puesto que tenemos confianza para entrar al Lugar Santísimo por la sangre de Jesúsacerquémonos con corazón sincero, en plena certidumbre de fe, teniendo nuestro corazón purificado de mala conciencia y nuestro cuerpo lavado con agua pura. (Heb 10:19, 22).

En segundo lugar, aprende a definir tu vida de oración como lo hace la Biblia. A continuación, coloco las dos mejores definiciones de la oración que jamás he leído. Ambas escritas por un experimentado hombre de oración: David.

A ti, oh SEÑOR, elevo mi alma. (Sal 25:1).
Confiad en Él en todo tiempo, oh pueblo; derramad vuestro corazón delante de Él; Dios es nuestro refugio. (Sal 62:8).

Orar es elevar tu alma al Señor, derramándole tu corazón a Él con confianza. Aunque tengas una mañana agitada puedes hacer esto, ¿no es verdad?

Ora desde la Biblia

Es probable que sepas esto. Pero si no es así, aquí tienes la segunda clave. Es difícil tener comunión con Dios en oración cuando tus pensamientos están dispersos. Además, estás tan envuelto en tus tareas que hablas con Dios de forma irreverente, pidiendo cosas intrascendentes.

La solución está en la Palabra de Dios. El Señor nos ha dejado flechas en Su aljaba. Hay versículos que son penetrantes como una lanza: traspasan tu corazón. Otros parecen tener alas, llevándote directo al trono de Dios.

No podría decirte cuáles textos de la Escritura se ajustan a ti (eso depende de tus luchas y las circunstancias que atraviesas). Sin embargo, puedo compartirte los que dirigen mi corazón a Cristo en esas mañanas:

Abre mis ojos, para que vea las maravillas de tu ley. (Sal 119:18).
Enséñame, oh SEÑOR, el camino de tus estatutos, y lo guardaré hasta el fin. (Sal 119:33).

Inclina mi corazón a tus testimonios y no a la ganancia deshonesta. (Sal 119:36).

Afirma mis pasos en tu palabra, y que ninguna iniquidad me domine.(Sal 119:133).

Haz resplandecer tu rostro sobre tu siervo, y enséñame tus estatutos. (Sal119:135).
Escudríñame, oh Dios, y conoce mi corazón; pruébame y conoce mis inquietudes. Y ve si hay en mí camino malo, y guíame en el camino eterno. (Sal 139:23-24).

Estos pasajes los oro casi de forma literal. Han llegado a ser tan preciosos para mi que ¡son mi oración diaria!

Por otro lado, elevo peticiones a Dios a través del modelo de oración que nos dejó nuestro Señor Jesucristo en Mateo 6:9-14. Algo así:

Oh Señor, gracias por este día, porque en Tu amor nos has hecho Tus hijos y podemos llamarte nuestro Padre. No por méritos nuestros sino por Tu sublime gracia.

Tu nombre y Tu gloria son sobre todas las cosas: enfoca nuestros corazones, el de nuestros hijos y nuestra iglesia en Ti. Que seas lo más valioso para nosotros. Que te conozcamos, amemos y sirvamos.

Santifícanos con Tu verdad para que te demos a conocer a través de vidas santas, vidas que reflejen Tu santidad.

Señor, ayúdanos en pensar en Tu reino. Que miremos por Tus intereses. Que Tu reino (con sus leyes de amor) impacte nuestras vidas de hogar. Destroza los ídolos de nuestros corazones. Subyuga los corazones de nuestros familiares y amigos que no creen en Ti. Despierta expectación por el inminente regreso de Jesucristo.

Haz Tu voluntad en nuestras vidas. Danos un corazón tal, que haga Tu voluntad como los ángeles en el cielo: con fervor, prontitud, celo, pasión, obediencia, humildad, poder, sabiduría, sumisión y confianza.

Padre, te agradezco por todas Tus bondades. Tus provisiones nos muestran Tu fidelidad hacia nosotros. Por eso te pido que sigas dándonos trabajo y fuerzas para realizarlo. Provee lo necesario para los gastos en la casa. Que el lugar donde trabajamos pueda cubrir sus gastos. Y que la nación donde vivimos puede generar los ingresos necesarios para que todos vivamos del pan diario que Tu nos das.

Perdóname Dios mío por mis pecados. Vengo a Ti por medio de mi Señor Jesucristo. Por lo que Él hizo en la cruz. Su sangre es como una fuente carmesí, que me limpia de toda mi maldad. ¡Gracias por Tu perdón!¡Gracias por darnos a Tu Hijo! Te ruego que el perdón que nos alcanzó, obre en nosotros el perdonar a los demás. Tenemos enemigos en nuestro corazón. Tenemos gente que nos cae mal o nos hacen sentir rechazados. Ayúdanos a amarlos con el amor de Cristo.

Señor, líbranos del mal en este día. Hay tres enemigos que nos asechan: el mundo, el pecado y el diablo. No nos dejes caer en sus tentaciones. ¡Oh Señor! Somos frágiles como una flor. Cada día nos despertamos inclinados a ir en contra de Tus caminos. Amanecemos ajenos a Tu santidad. Apáticos a la belleza de Tu bondad. ¡Ayúdanos Señor! Y guárdanos de nosotros mismos. Somos el peor enemigo con el que nos encontraremos a donde sea que vayamos.

Gracias por recibirme en Cristo con ese amor imperecedero, único, especial. Todos los días necesito recordar que en Cristo estoy seguro y soy amado. Te pido esto con fe, porque sé a Quien he creído. Porque Tuyo es el reino, el poder y la gloria. Y solo Tu, oh Dios Verdadero, puedes responder toda oración en el cielo o en la tierra. Amen.

Esto es un ejemplo de cómo elevo mi alma y derramo mi corazón a Dios con confianza. Entonces, cuando tengas una mañana agitada, refúgiate en una porción de la Biblia y  levanta tu alma a Dios con confianza.

Ora con eficacia

Por último, te ayudará el convertir tus oraciones en dardos que dan en el blanco, en vez de soltarlas como una bolsa de canicas que se desparrama por todos lados.

Para lograr esto ¿adivina a dónde debes acudir? ¡Otra vez a la Biblia!

La mejor forma que conozco de orar a lo largo del día por mi alma o la de mi esposa, por mis hijos, por mis hermanos en la fe, por las almas perdidas o por la nación, es a través de la Escritura. Considera algunas sugerencias:

1. Pide que crezcamos en el conocimiento de Dios (Col 1:9).
2. Pide que abundemos en una vida de amor que agrade a Dios (Fil 1:9-11).
3. Pide que crezcamos en el conocimiento del amor de Cristo (Ef 3:15-19).
4. Pide que seamos llenos del Espíritu Santo (Ef 5:18).
5. Pide que seamos llenos de la Escritura (Col 3:16).
6. Pide que tengamos sabiduría en las pruebas (Stgo 1:3).
7. Pide que seamos agradecidos en toda situación (1Ts 5:16-18).
8. Pide que sean salvos los perdidos (Ro 10:1).
9. Pide que tus pastores prediquen la Palabra para la gloria de Dios y el avance de Su reino (Col 4:2-4).
10. Pide que se levanten obreros para el campo misionero (Mt 9:37-38).

Querido lector, que estos consejos te estimulen a la oración en medio de esas mañanas agitadas. Aunque nada remplaza el tiempo ante la Palabra de Dios en oración,  como nos enseñó nuestro Salvador:

Pero tú, cuando ores, entra en tu aposento, y cuando hayas cerrado la puerta, ora a tu Padre que está en secreto, y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.

(Mt 6:6).

Gracias a lo que Cristo hizo por nosotros en la cruz, y gracias a los textos inspirados en la Escritura, podemos levantar cada día nuestras almas a Dios a pesar de las condiciones que moldean nuestras circunstancias. ¡Que nada en el mundo te desvíe de ese privilegio!