Cómo mantener viva a la iglesia

En la Biblia, uno de los pasajes más dramáticos es Isaías 1:10-20, donde el profeta reprende a la iglesia del Antiguo Testamento, llamando a los líderes como príncipes de Sodoma y Gomorra, ciudades famosas por la devastación e iniquidad. El pueblo de Dios llegó a un punto de corrupción en el cual Dios no tenía más satisfacción en recibir adoración de ellos. Desgraciadamente, este cuadro de decadencia y corrupción de la iglesia de Dios en este mundo, fue repetitivo muchas veces a lo largo de la historia.

Nuestro deber individualmente como iglesias y como cristianos, es evitar que esta decadencia espiritual penetre nuestras vidas. Existen cuatro cosas que podemos hacer para esto, con la gracia de Dios:

Tratar con seriedad al pecado

Nada arruina tan deprisa la vida espiritual de una comunidad, como el permitir que los pecados de los miembros permanezcan sin ser tratados como deberían. Leemos en la Biblia que cuando Acán desobedeció a Dios, toda la comunidad sufrió las consecuencias. Nuestro pecado no es el problema: pero nuestros pecados ocultos, escondidos, no confesados, y sin arrepentimiento, se constituyen en un tropiezo espiritual, que entristece al Espíritu de Dios y que termina difundiéndose en la iglesia envenenando las buenas costumbres de la fe.

Tener celo por la sana doctrina

La verdad salva y edifica a la iglesia, mas la mentira es su ruina. El error religioso envenena las almas y las desvía de los caminos rectos de Dios. El Señor Jesús criticó severamente a la iglesia de Pérgamo, por ser demasiado tolerante con los falsos maestros que infestaban la comunidad con enseñanzas falsas (Apocalipsis 2:14-15). De la misma manera, reprendió a la iglesia de Tiatira por tolerar a una mujer llamada Jezabel, que se hacía llamar profeta y que enseñaba a los miembros de la iglesia a practicar inmoralidad (Apocalipsis 2:20). Debemos ser pacientes y tolerantes, pero nunca al precio de comprometer la enseñanza clara del Evangelio.

Andar cerca del Señor de la iglesia

Es Dios quien nos mantiene firmes y puros. La Biblia dice que si nosotros nos acercamos a Dios, Él se acercará a nosotros. La Biblia también nos enseña que Dios estableció los medios por los cuales podemos tener constante comunión con Él y estos medios son: los cultos públicos, las oraciones y devocionales en particular, la lectura y meditación en las Escrituras, la participación regular en la cena del Señor. Los cristianos que dejan de utilizar estos medios terminan decayendo espiritualmente, como una brasa que se aparta de la fogata y luego pierde su calor. La negligencia de estos medios de gracia abre la puerta a una acelerada decadencia espiritual y moral de una iglesia.

Estar abierta a las reformas

El lema de las iglesias que nacieron en la reforma fue “Eclesia Reformata Semper Reformanda”, osea que la iglesia siempre debe estar abierta a ser corregida por Dios, arrepentirse de sus pecados y ser reformada en conformidad con lo que enseñan las Escrituras.

En las cartas que se enviaron a la iglesia de Asia Menor a través del apóstol Juan, el Señor Jesús determinó cuáles estaban en el error y mandó a que se arrepientan y retornen a los caminos rectos de Dios (Apocalipsis 2:5,16,21 3:3,19). Ellas necesitan ser reformadas y cambiar lo que es incorrecto o errado. Existe un gran peligro cuando una iglesia se encierra en sí misma y deja de escuchar la voz de su Señor, que la desea corregir y traerla de nuevo a los caminos de su Evangelio.

Estas medidas también deben ser aplicadas a nosotros mismos, de manera individual. Deberíamos procurar evitar una decadencia espiritual en nuestras prácticas religiosas, manteniendo encendida la llama de la fe, en la asistencia regular a los cultos, en la lectura diaria de la Biblia, en una vida de oración y de comunión con otros hermanos. Infelizmente por la negligencia en la vida espiritual, muchos cristianos están contribuyendo en dejar cada vez más desnutrido el testimonio de las iglesias evangélicas en el mundo.


Publicado originalmente en Tempora Mores | Traducido con permiso para Soldados de Jesucristo por Osmar Mendoza Vaca.