Marcas de un cristiano verdadero: La oración eficaz

Juan capítulo 15 es uno de los pasajes más instructivos de toda la Biblia por su contexto y por su enseñanza profunda y fundacional para la vida de un cristiano. Por medio de la analogía de la vid, Jesús enseña a los once apóstoles (Judas no estaba ya entre ellos) quiénes son los verdaderos discípulos y quiénes no lo son.

Debemos entender que Dios jamás confunde a sus hijos y por lo tanto nos ha dejado concretas indicaciones de quiénes sí y quiénes no son discípulos suyos.

Solamente una nueva creación, y un nuevo nacimiento y una vida espiritual de parte de Dios puede darle al hombre la seguridad de tener justificación delante de Dios (Jn. 3:1-7; 2 Cor. 5:17).

La transformación es tan real, genuina y segura que los resultados son imposibles de imitar, y también imposibles de esconder. De manera que así Dios nos garantiza que hay frutos evidentes de una genuina conversión. Cualquier otra cosa que nosotros queramos decir o hacer cae en el terreno de la mentira, el engaño y la fatalidad.

La evidencia de la oración contestada

Cuando Jesús estaba enseñando a sus discípulos sobre las marcas de un verdadero discípulo en Juan 15, incluyó las oraciones contestadas como evidencia inequívoca. Él dijo, “Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid lo que queráis y os será hecho” (Jn. 15:7).

Este es un versículo que muchos creyentes tratan de “reinterpretar”, especialmente la expresión “pedid todo lo que queréis, y os será hecho”. La razón de esta reinterpretación es porque no logran ver cómo eso ha sido una verdad en sus vidas. “Pastor, he pedido por esto y aquello y lo otro y nada ha pasado. (trabajo, esposa, esposo, salud, etc.)”. Este tipo de cosas ocurre a menudo y por esto mismo es que le buscan otra interpretación; algo así como: “Bueno, ‘todo’ y ‘os será hecho’ quiere decir ‘si Dios realmente lo quiere’ o ‘quizá lo provee de maneras no tangibles u observables’”. Pero esto no es lo que dice el versículo. ¿Cómo podríamos decir entonces que esta es una de las evidencias de un verdadero discípulo si no podemos comprobarlo?

Aclaraciones imprescindibles

Necesitamos recordar qué es “pedir”

Esta es una palabra que expresa, entre otras cosas, “la búsqueda de parte de alguien en inferioridad a otro que se halla en superioridad”. Siempre tiene que ver con algo así. Cuando pedimos algo a alguien reconocemos que a quien le pedimos se halla en una posición superior a la nuestra para la obtención de lo que deseamos. Si yo le pido la sal a mi esposa en el almuerzo, estoy reconociendo que ella está en una condición superior a la mía para alcanzarme la sal.

Sin embargo, la oración de muchos cristianos no tiene en cuenta esto. Su manera de tratar a Dios y de dirigirse a Él no refleja para nada una demostración de reconocimiento de quién es Dios. Para contrarrestar y cambiar esta dañina perspectiva acerca de nuestro Dios, precisamos aprender de su palabra cómo otros oraron. Por ejemplo, en el Salmo 18 David ora a Dios y reconoce que él es su baluarte, su roca, su libertador y su altura inexpugnable (Sal. 18:1-2). En el Salmo 103 David dice que Dios es alguien de quién no puede olvidar ningún beneficio; es el que hace justicia a los oprimidos, el que se compadece como un padre con sus hijos (Sal. 103:1, 6, 8, 13). Otra vez, en el Salmo 145, el rey David dice que exalta a Dios como su Rey, que es un Dios grande, clemente y compasivo (Sal. 145:1, 3, 8).

En pocas palabras, una mejor apreciación de Dios desde su Palabra, dará lugar a una mejor manera de pedir.

5 lecciones que nos da la vida de oración de Jesús

Necesitamos alimentar la oración con sus palabras

Existe una relación verdadera entre lo que somos y lo que hacemos. Lo que hacemos demuestra lo que somos. “Porque cual es su pensamiento en su corazón, tal es él” (Prov. 23:7). Jesús dijo en v. 7 “Si permanecéis en mí y mis palabras permanecen en vosotros…” Esta es una promesa condicional; pero es una promesa para sus hijos, los que permanecen.

Menciono solamente tres pasajes de la Palabra de Dios para explicar esto: Salmo 1, Colosenses 3:16 y Salmo 19:14, los cuales son ejemplos clásicos de cómo la palabra de Dios permanece en una persona y cuáles son los efectos que provoca. La Palabra de Dios es la expresión escrita y clara de su voluntad. Conocerla es conocer mejor la voluntad de Dios, y conocer mejor la voluntad de Dios es orar bien. “Deléitate asimismo en Jehová, Y él te concederá las peticiones de tu corazón” (Sal. 37:4).

Por cierto, nunca vamos a tener una absoluta seguridad de todo lo que pedimos porque no somos omniscientes, pero lo que buscamos hacer al menos son dos cosas:

A. Moldear nuestra manera de pensar con la Palabra de Dios. 2 Corintios 10:5 dice que c  batallamos “poniendo todo pensamiento en cautiverio a la obediencia de Cristo”. Y lo que esto quiere decir es que obedecer se constituye en un aspecto irremplazable para que la oración sea respondida (Ver 1 Jn. 3:22). Y también Judas 20 dice que debemos orar en el Espíritu Santo, cuya explicación práctica se encuentra en Romanos 8:26-27 “el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad; porque no sabemos orar como debiéramos, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles; y aquel que escudriña los corazones sabe cuál es el sentir del Espíritu, porque Él intercede por los santos conforme a la voluntad de Dios”. Son los gemidos del Espíritu (no los nuestros) que resultan de un cristiano que vive en obediencia a la Palabra de Dios.

B. Evitar caer en el pecado y error que Santiago nos recuerda, que es el impedimento para recibir respuestas a nuestras oraciones (Stgo. 4:1-3). De paso, esta es la razón principal por la que un inconverso no tiene sus oraciones respondidas. No solamente porque no tiene una relación con Dios sino porque no puede pedir para la gloria de Dios. Un verdadero pámpano no obra de esa manera.

  1. Necesitamos un marco de referencia

¿A qué me refiero? Noten Juan 14:13-14 “Y todo lo que pidáis en mi nombre, lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo. Si me pedís algo en mi nombre, yo lo haré” · ¿Qué significa orar en el nombre de Cristo? ¿Qué quiere decir Jesús cuando dice “en mi nombre”? En las palabras del pastor John MacArthur: “Cualquier cosa consistente con Mi señorío soberano, cualquier cosa consistente con Mi propósito de salvación, cualquier cosa consistente con Mi gobierno mesiánico sobre Mi glorioso reino. Estás pidiendo en el marco del nombre de Cristo, el nombre de Dios y los propósitos de Dios”.

Pero esto puede implicar que Dios no nos conceda el fin de una prueba o el fin de la adversidad. Por ejemplo, en el Salmo 34 David dice, “Busqué al Señor, y El me respondió, y me libró de todos mis temores” (v. 4). David no dice que Dios lo libró de todas sus adversidades, o problemas, o persecuciones; más bien dice que fue librado de sus temores que pueden haber controlado sus tribulaciones o adversidades. Puede que tengas una enfermedad terminal y Dios quite tus temores, pero no la enfermedad. Quizá enfrentarás una tragedia, pero Dios quita los temores en la tragedia, pero no la tragedia misma. ¿Te das cuenta? Orar en el nombre de Jesús significa admitir y someterse a su control soberano, que es lo mejor.

Quiero animarte a evaluar todo lo que hemos dicho anteriormente. Dios responde la oración de sus hijos y lo hace ámbito de su propia Palabra. Si aprendemos a orar en estas condiciones dejaremos de dudar de Dios o sugerir que lo que ha dicho sobre la oración contestada fue relativo y no real. Que Él nos ayude a obedecerlo.