El mejor de los regalos

“Y de repente apareció con el ángel una multitud de los ejércitos celestiales, alabando a Dios y diciendo: Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra paz entre los hombres en quienes Él se complace.” (Lucas 2:13-14)

La Navidad es quizás la época del año donde encontramos más oportunidades de anunciar el evangelio, de hablarle a nuestros amigos y familiares acerca de Jesús.

En esta época especial se habla mucho de fiestas, de comidas, de compartir con amigos y familiares, de comprar regalos, de dar regalos, de recibir regalos. Lamentablemente, muchas veces sin darnos cuenta nos dejamos envolver por toda esta cultura de consumo y llegamos a olvidar o ignorar la verdadera razón de la Navidad.

¿Pero los cristianos celebramos la Navidad?

Estoy consciente de que hay muchos argumentos, algunos válidos y otros no tan válidos, en contra de celebrar la Navidad. Algunos argumentos son culturales, religiosos o hasta sociológicos —en algunas ciudades o regiones del mundo se dificulta mucho celebrar la Navidad por la gran influencia pagana y mundanal que reina en esos lugares. Otros cristianos argumentan en contra de todo lo relacionado con estas celebraciones diciendo que la Navidad es una fiesta con orígenes paganos, que Jesús no nació un 25 de diciembre (lo cual es cierto), que el árbol de Navidad y las decoraciones son del diablo, etc.

El apóstol Pablo hablando sobre la libertad que tenemos en Cristo dice:

“Uno juzga que un día es superior a otro, otro juzga iguales todos los días. Cada cual esté plenamente convencido según su propio sentir.  El que guarda cierto día, para el Señor lo guarda; y el que come, para el Señor come, pues da gracias a Dios; y el que no come, para el Señor se abstiene, y da gracias a Dios.” (Romanos 14:5-6).

En este artículo no voy a tratar de refutar argumentos en contra de la Navidad, ya hay bastante buen material publicado al respecto. Al final les dejaré algunos enlaces de material que les puede ayudar. Hoy me quiero concentrar en lo que pasó en aquel pequeño e insignificante pueblo de Belén [Miqueas 5:2] hace 2,000 años que marcó la historia de la humanidad para siempre.

La verdadera Navidad

Para entender mejor la historia debemos irnos al principio de todo, al mismo jardín del Edén [Génesis 3]. Dios crea todo perfecto, incluyendo al hombre y a la mujer, y rápidamente Adán y Eva se dejan engañar por el diablo y así entran el pecado y la muerte a la escena. La relación entre Dios y Su mejor creación, la humanidad, es quebrantada eternamente —“…por cuanto todos pecaron y no alcanzan la gloria de Dios.” (Romanos 3:23)

Nuestro pecado nos había alejado de Dios al punto que sólo merecíamos muerte; pero por Su gran amor y misericordia, Dios tenía un plan diseñado desde la eternidad pasada para mostrar Su gloria a través de la redención de Su pueblo.

“Pues la paga que deja el pecado es la muerte, pero el REGALO que Dios da es la vida eterna por medio de Cristo Jesús nuestro Señor.” (Romanos 6:23 NTV)

¡El mejor de los regalos!

Dios por Su infinita misericordia y gran amor decidió darnos el Mejor de los Regalos: ¡Jesús!

“En esto se manifestó el amor de Dios en nosotros: en que Dios ha enviado a su Hijo unigénito al mundo para que vivamos por medio de Él. En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que Él nos amó a nosotros y envió a su Hijo como propiciación por nuestros pecados.” (1 Juan 4:9-10)

Esa primera Navidad no se trató necesariamente de intercambios de regalos entre los pastores, o entre José y María, se trató de un intercambio divino donde por amor Dios nos dio vida eterna a través de Su único Hijo, Jesús. Por ese impresionante acto de amor y esa gran demostración de gracia es que, luego de reconocer nuestros pecados y nuestra necesidad de un Salvador, podemos acercarnos “con confianza al trono de la gracia para que recibamos misericordia, y hallemos gracia para la ayuda oportuna.” [Hebreos 4:16]

Si todavía Jesucristo no es tu Señor y Salvador, no hay mejor oportunidad que HOY para reconocer tus pecados y recibir Su perdón. Si ya eres cristiano, en los próximos días cuando te reúnas con tus amigos y/o tus familiares a compartir, festejar, comer, regalar, etc., no desperdicies la oportunidad de testificar sobre ese impresionante acto de amor y esa gran demostración de gracia de la que has sido testigo y receptor… Por favor, recuerda que Jesús es la verdadera razón por la que celebramos… ¡Él es nuestro mejor regalo!


Material sobre la Navidad y el cristiano: