“La mujer sabia edifica su casa, pero la necia con sus manos la derriba” (Pr. 14:1). 

Muchas de nosotras hemos leído este versículo, sin embargo, carecemos del entendimiento necesario para ponerlo en práctica. Una mujer sabia es una mujer que teme al Señor (Pr.1:7) una que posee un respeto y reverencia profunda hacia su Creador y Su Palabra. No puedes decir que temes a Dios si escuchas sus advertencias y simplemente las pasas por alto. La mujer sabia entonces es aquella que entiende que su responsabilidad principal, luego de su devoción a Dios, es la tarea de edificar su hogar.  

Estas palabras expresadas en el libro de Proverbios deben hacernos temblar, pues aquella mujer que no está edificando activamente su hogar, es una que lo está derribando con sus manos. No parece haber puntos medios en este versículo inspirado por Dios.  

Hoy quisiera animarte a tomar la decisión de ser una mujer que con sabiduría edifica su hogar, y que depende de la gracia de Dios para lograrlo. En este propósito de ser edificadoras del hogar debemos desarrollar diferentes habilidades, tales como: administrar, ser hospitalarias, estar preparadas siempre, crear un ambiente de paz y amor en la casa, entre otras. Sin embargo, cada una de estas prácticas externas solo pueden llevarse a cabo de manera correcta, si tenemos el fundamento adecuado. 

En los meses por venir veremos una serie de artículos analizando las practicas esenciales en las que debe trabajar una edificadora del hogar. No obstante, en esta entrega inicial pondremos el fundamento acerca de las características que distinguen a una mujer edificadora de su hogar. Estas características son:  

La mujer que edifica su hogar abraza con gozo el rol que Dios le ha dado

En Tito 2:3-5 vemos el llamado que hace el Señor a las mujeres ancianas y este es el de ensenarles a las más jóvenes a amar a sus maridos, a sus hijos, a ser prudentes, puras, hacendosas en el hogar, amables, sujetas a sus maridos, para que la palabra de Dios no sea blasfemada. 

El rol que el Señor nos ha dado como mujeres edificadoras del hogar es un rol honroso, pero que lamentablemente el sistema de este mundo quiere desechar. En nuestros tiempos, ser ama de casa o ser una mujer que tiene como prioridad servir a su familia es algo absurdo. Según el sistema de pensamiento de este siglo la mujer solo encuentra su verdadera “realización” o “valor” si se desarrolla en un contexto empresarial, político, económico o social fuera de casa.  

Según este paradigma que se ha extendido ampliamente, la mujer solo puede encontrar plenitud triunfando fuera del hogar. Sin embargo, es conocido desde las Escrituras que muchas veces a lo que el hombre llama sabiduría, Dios lo cataloga como simple necedad (Is. 5:20).
 Lamentablemente muchas mujeres han creído esta gran mentira, han buscado el “éxito” fuera de su familia, y han dejado a un lado la verdad absoluta del Creador. Como mujeres cristianas no debemos dejarnos engañar por lo que el mundo dice que es bueno, al contrario, debemos buscar ser la luz del mundo como el Señor nos lo ha exigido en su Palabra (Mt. 5:13-16). Es necesario que tengamos la perspectiva correcta de nuestro honroso llamamiento, abrazarlo y andar de acuerdo a la voluntad de Dios, estando gozosas al saber que estamos llamadas a edificar nuestro hogar. 

La mujer que edifica su hogar reboza de gratitud

Esta es una mujer que ha entendido que todo lo que tiene es solo por la gracia de Dios, y que su mayor y real problema ya fue resuelto hace más de 2000 años en la cruz (Rom. 5:1). Ella comprende que lo único que merecía era la muerte eterna, pero que Dios le ha dado vida por medio de la sangre de Cristo, y por esto cualquier cosa que suceda en su vida, por más difícil que parezca es recibida como una muestra de gracia de Dios. 

Una de las características principales de los hombres malvados en los últimos tiempos, será la ingratitud (2 Tim. 3:2). Esto debe llamarnos la atención y guiarnos a tener una vida de gratitud, si realmente creemos en la soberanía de Dios, tenemos que aceptar que cada situación en nuestro diario vivir está gobernada por un Dios bueno que solo busca el bien eterno para mi alma (Rom. 8:28).  

 En la tarea de ser una edificadora del hogar te enfrentarás con días extenuantes, momentos donde sientes que no se está viendo el resultado de tu esfuerzo, o situaciones donde simplemente sientes que nada en tu hogar va a cambiar. Es en medio de esos momentos de crisis, que puedes dar gracias a Dios y pedirle que tú misma seas un instrumento de gracia en medio del caos que muchas veces vives en tu hogar. Reboza de gratitud por lo que está sucediendo, toma ánimo y continúa la tarea de edificar el hogar (1 Tes. 5:18).  

La mujer que edifica su hogar tiene una vida de oración

La muestra de una mujer que está dependiendo del Señor, es directamente proporcional a como luce su vida de oración. Diariamente se presenta delante de su Padre celestial y expone su necesidad, su debilidad, y su agradecimiento (1 Tes 5:17). La oración es una muestra de humildad, es solo allí donde reconocemos lo necesitadas que estamos del Señor para poder caminar en las buenas obras ya preparadas de antemano para nosotras (Ef 2:10).

La oración y comunión con Dios, son una muestra de nuestra dependencia y confianza en Él. Cuando no oramos estamos siendo autosuficientes creyendo que nuestra sabiduría es absoluta, y no buscando la sabiduría que viene de lo alto, estamos siendo sabias en nuestra propia opinión.

El honroso llamado que el Señor nos hace de ser edificadoras del hogar, no es algo fácil de cumplir, no es algo que no necesite esfuerzo y es por esta razón que necesitamos del Señor constantemente (Jn 15:4-5). Tenemos la responsabilidad de edificar el hogar no en nuestras fuerzas sino en las de Él.  

Debemos ir delante de Él en oración presentándole nuestras situaciones, pidiéndole que derrame sobre nosotras sabiduría para las tareas del día a día, para priorizar nuestro tiempo, para ser diligentes con las tareas del hogar, para agradar a nuestros maridos y amarles de la manera adecuada, para amar e instruir a nuestros hijos, para que nuestra casa tenga un ambiente pacífico y de amor, todo esto lo debemos hacer en oración al Señor. 

La mujer que edifica su hogar glorifica al Señor en todo

La mujer que edifica su casa debe intencionalmente hacer las todas las cosas para la gloria del Señor (1 Cor. 10:31). Toda vocación dada por Dios es una vocación santa que debe hacerse para Su gloria. Si estás limpiando tu cocina, el baño, la sala o estás preparando la comida, debes hacerlo todo para que Dios sea exaltado por la forma en que haces las cosas.  

Dios ve nuestro corazón y estamos llamadas a servir con un corazón dispuesto, como para el Señor. Cuando la Palabra dice “glorificad al Señor en todo” explícitamente está diciendo que cada tarea de tu vida diaria debe ser enfocada en traer gloria a Dios. Imagina como revolucionaría este concepto la manera en que sirves a tu familia.    

 A veces es más fácil dividir la vida, en una vida espiritual y en la vida terrenal. La espiritual incluye leer la biblia, orar, ir a la iglesia, etc. Mientras que la vida terrenal es lo que hago fuera del espectro religioso. Muchos creyentes viven así, pero esta es una gran mentira de satanás. Toda la vida de un cristiano es una vida espiritual, poniendo tus ojos en cristo. Es difícil ver cómo glorificas a Dios y vives una vida espiritual preparándole un almuerzo a tu hijo, o lavando la ropa; sin embargo, cuando renuevas tu mente y piensas en que estás cocinando y lavando, no solo porque son necesidades básicas, sino porque si lo haces de una manera excelente, con un corazón gozoso y servicial, vas a traer gloria a Dios, esto cambia por completo tu perspectiva. 

La mujer que edifica su hogar, descansa en la gracia del Señor

Dios es tan lleno de gracia que no solo nos da la instrucción de lo que debemos hacer, sino que también es Él quien nos capacita para lograrlo (Fil 2:13). Es la gracia de Dios la que nos permite edificar nuestro hogar de la manera correcta, es Su gracia la que actúa en nosotros. 

En nuestras fuerzas es imposible hacerlo con gozo, si solo dependemos de nosotras mismas. Debemos hacerlo recordando que es Su gracia la que nos ayuda, esto nos permitirá tomar fuerza y también nos permitirá mantenernos humildes cuando veamos que las cosas están saliendo bien.  

Mi querida amiga, recuerda, la mujer sabia edifica su casa, pero la necia con sus manos la derriba. Y tú ¿estas edificando o derribando tu hogar?