Soldados de Jesucristo

No tenemos todas las respuestas ante el dolor, pero muchas sí.

Esta mañana mientras desayunábamos como familia, decidimos mirar el diario antes de nuestro tiempo de oración para ver como seguían las noticias de los huracanes. Nos sorprendimos al encontrar otra tragedia más: el terremoto en México. Han sido tiempos difíciles para Houston (Texas), Puerto Rico, Antigua y Barbuda, la isla de San Martin, México y ahora en el momento que escribo esto para Florida.  ¿Qué está pasando? ¿Cómo interpretamos lo que está sucediendo? ¿Se acerca el final? ¿Es tan solo esto producto del calentamiento global?  Ante estas situaciones de extremo dolor e incertidumbre, muchos levantan sus dedos hacia el cielo y acusan a un Dios que para ellos no existe; otros, los cristianos, pueden llegar a hacer preguntas sinceras: ¿Dónde está Dios en el dolor? ¿Qué sucede con su amor y bondad? ¿No hará algo?

Hace un tiempo escribí un artículo dando respuestas de la Biblia ante una tragedia que sucedió en Chile.  En este artículo comparto algo de lo que escribí en aquel entonces y algunos pensamientos más.

Hay un tiempo en que el corazón anhela y necesita tener respuestas verdaderas. La Biblia nos da respuestas; no todas, pero sí todo lo que necesitamos saber. Deuteronomio 29:29 nos enseña que “Las cosas secretas pertenecen al SEÑOR nuestro Dios, mas las cosas reveladas nos pertenecen a nosotros y a nuestros hijos para siempre, a fin de que guardemos todas las palabras de esta ley”. Si bien hay un momento para callar, hay un momento en donde es necesario mirar la tragedia a la luz de la verdad. Incluso las respuestas que sí tengo me ayudan a evitar el error de sacar conclusiones erróneas de por qué pasó lo que pasó.

No debemos negar el aspecto real que muchos reconocen en cuanto a la relación del calentamiento global con los huracanes y la responsabilidad del ser humano de ser ajustes para cuidar más el planeta.  Pero nuestra esperanza no está ahí.  Mirar solo este aspecto sería incompleto y meramente una perspectiva humana sin la Biblia y sin Dios.  La Biblia es el libro que nos ayuda a interpretar correctamente lo que sucede a nuestro alrededor.  Aún antes de la caída necesitábamos la Palabra de Dios para interpretar correctamente lo que sucedía a nuestro alrededor.  Les comparto cinco verdades desde la Biblia que nos ayudan a interpretar correctamente lo que estamos viviendo. 

1.  Vivimos en un mundo de sufrimiento

El mundo en que vivimos no es el mundo que fue, no es el mundo que debería ser y no es el mundo que será. Romanos 8 nos habla de tres gemidos: la creación gime, los hijos de Dios gimen, y el Espíritu Santo gime. La palabra original en el griego para gemir comunica la idea de clamar en dolor. Específicamente, de la creación nos dice: “Porque el anhelo profundo de la creación es aguardar ansiosamente la revelación de los hijos de Dios. Porque la creación fue sometida a vanidad, no de su propia voluntad, sino por causa de aquel que la sometió, en la esperanza de que la creación misma será también liberada de la esclavitud de la corrupción a la libertad de la gloria de los hijos de Dios. Pues sabemos que la creación entera a una gime y sufre dolores de parto hasta ahora” (Ro. 8:19-22). Acá la creación está personificada. Todo lo creado está “esperando” con ansias un día en que no va a estar más en las condiciones en qué está hoy. Un día no va a existir este tipo de catástrofes. No va a haber terremotos, ni inundaciones, ni huracanes. 

2. El dolor nos debería conducir hacia Dios

Hay distintas maneras de categorizar el libro de Salmos, pero en su forma más sencilla se puede dividir en dos tipos: los Salmos de lamento y los Salmos de alabanza y gratitud. Me parece muy interesante que Dios nos haya dejado los Salmos de lamento, donde frecuentemente encontramos a David expresando su dolor, su confusión, su frustración delante de Dios. Dios dejó estos Salmos inspirados como modelos para ser imitados en nuestros momentos de dolor y confusión. Jesucristo mismo citó un Salmo de lamento, el Salmo 22, cuando estaba en la cruz: “Dios mío, Dios mío, ¿Por qué me has abandonado?”. Los Salmos de lamento expresan cosas muy similares a lo que nosotros sentimos cuando experimentamos dolor, pero regularmente terminan en alabanza y confianza. El dolor es una oportunidad para acercarnos a Dios de una manera que quizás no nos hubiéramos acercado si no fuera por el dolor. Como bien lo dijo CS Lewis, “El dolor es el megáfono que Dios utiliza para despertar a un mundo de sordos”.  La oración que hacíamos como familia en esta mañana era que las iglesias en estos lugares de catástrofe puedan ser luz y sal y traer consuelo en medio del dolor.  Mi oración es que muchos levanten su mirada y conozcan al único Dios verdadero que les ofrece el perdón de pecados y una esperanza verdadera.

3.  Dios tiene un día en que terminará con el dolor

Frecuentemente me gusta decir que la pregunta “¿por qué Dios no frena las cosas malas en este mundo?” es en realidad la pregunta incorrecta. La pregunta que realmente estamos haciendo es “¿por qué Dios no frena ahora las cosas malas en este mundo?”. El hecho es que Dios sí va a deshacerse de toda forma de mal. Es que no lo ha hecho todavía. Pero un día sí lo va a hacer. Apocalipsis 21:3-4 es muy alentador en cuanto a esto: “Entonces oí una gran voz que decía desde el trono: He aquí, el tabernáculo de Dios está entre los hombres, y El habitará entre ellos y ellos serán su pueblo, y Dios mismo estará entre ellos. El enjugará toda lágrima de sus ojos, y ya no habrá muerte, ni habrá más duelo, ni clamor, ni dolor, porque las primeras cosas han pasado”. Va a haber un tiempo en que “las primeras cosas” habrán pasado. No estamos en ese tiempo todavía, pero un día aquellos que hemos experimentado el nacimiento nuevo estaremos ahí. El hecho es que ahora es el tiempo de las “primeras cosas.” Es el tiempo de las lágrimas, la muerte, el duelo, el clamor, el dolor, los terremotos, los huracanes, las injusticias… etc. No estoy diciendo que toda la vida sea necesariamente dolor continuo. Hay muchos pasajes de la Biblia que nos hablan del profundo gozo y propósito que experimentamos con una vida centrada en Dios. Hay pasajes que nos hablan de que Dios creó las cosas para que las disfrutemos. La vida centrada en Dios es una vida de profunda satisfacción y deleite. Pero no nos debería sorprender cuando experimentamos dolor y tragedias en este tiempo. Tenemos esperanza. Esto no siempre va a ser así. “El Señor no se tarda en cumplir su promesa, según algunos entienden la tardanza, sino que es paciente para con ustedes, no queriendo que nadie perezca, sino que todos vengan al arrepentimiento”, 2 Pedro 3:9. La Biblia habla de una segunda venida de Jesús en que va a deshacerse de toda la maldad. Pero la razón de su demora, según este pasaje, es simple: Él quiere que más personas experimenten el arrepentimiento. Él quiere que más personas sean libres de la autodestrucción del pecado en el presente y de la condenación futura que aguarda a toda la humanidad que no reconoce y enfrenta su verdadero problema (el pecado) y su verdadera necesidad (un salvador).

4.  Nosotros debemos meditar en nuestra condición espiritual

En Lucas 13:1-5, Jesús habla de dos tragedias que estaban en las noticias en ese momento. En el v. 4 dice, “¿O piensan que aquellos dieciocho, sobre los que cayó la torre en Siloé y los mató, eran más deudores que todos los hombres que habitan en Jerusalén? Les digo que no; al contrario, si ustedes no se arrepienten, todos perecerán igualmente”. Jesús hace una observación sobre aquellos que murieron en una tragedia. No nos explica el porqué pasó esa tragedia, pero nos habla de la necesidad de experimentar arrepentimiento. Jesús hablo de las noticias de tragedia de su día y las conectó con la necesidad de arrepentimiento.  Salomón nos dice: “Mejor es ir a una casa de luto que ir a una casa de banquete, Porque aquello (la muerte) es el fin de todo hombre, Y al que vive lo hará reflexionar en su corazón”.

5.  El ser humano sin Cristo y sin la Biblia está confundido cuando observa y experimenta  eventos catastróficos

El evangelio de Lucas nos habla de un día futuro cercano a la Segunda Venida de Cristo donde las personas estarán “perplejas a causa del rugido del mar y de las olas”  Y estarán desfalleciendo “por el temor y la expectación de las cosas que vendrán sobre el mundo.” (Lucas 21:25-26). Mi intención no es hablar de los detalles escatológicos de ese pasaje. Mi punto es simplemente decir que la Biblia habla de la confusión del ser humano frente a este tipo de eventos. No solamente de la confusión sino también del temor.  El ser humano está en la oscuridad en cuanto a qué significa y qué va a pasar.  Si hemos conocido a Cristo no tenemos por qué temer. Él es soberano. Eventos catastróficos nos hacen recordar que un día habrán eventos aún peores que éstos y nos debe llevar a poner nuestra mirada en el lugar correcto:

“Estad alerta, no sea que vuestro corazón se cargue con disipación y embriaguez y con las preocupaciones de la vida, y aquel día venga súbitamente sobre vosotros como un lazo;  porque vendrá sobre todos los que habitan sobre la faz de toda la tierra”

Pongamos nuestra mirada en Él. Vivamos para Él. Oremos por los que están pasando dificultad. Busquemos oportunidades para proclamar el evangelio. ¡Dios está en el trono en medio de todo esto!

Greg Travis

Greg Travis es miembro del consejo pastoral de Soldados de Jesucristo y del concilio de Coalición por el Evangelio. Se crió en México y Argentina como hijo de misioneros. Actualmente es misionero y pastor de la Iglesia Bíblica de City Bell, Argentina, y sirve en la capacitación de líderes y pastores. Está casado con Caro, y juntos tienen tres hijos.

Enrique Oriolo

Servidor en Soldados de Jesucristo. Miembro de la Iglesia Bíblica de City Bell. Esposo de Tamara, padre de Luz y Paz.

Greg Travis

Greg Travis es miembro del consejo pastoral de Soldados de Jesucristo y del concilio de Coalición por el Evangelio. Se crió en México y Argentina como hijo de misioneros. Actualmente es misionero y pastor de la Iglesia Bíblica de City Bell, Argentina, y sirve en la capacitación de líderes y pastores. Está casado con Caro, y juntos tienen tres hijos.

Enrique Oriolo

Servidor en Soldados de Jesucristo. Miembro de la Iglesia Bíblica de City Bell. Esposo de Tamara, padre de Luz y Paz.

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