Tenemos una palabra para describir a aquel que hace muy poco: perezoso. Tenemos una palabra para aquél que hace mucho: ocupado. Pero no tenemos una palabra para el que se encuentra en el medio.  Por cierto, no hay una palabra precisa. 

Decir “soy perezoso” equivale a decir “he asumido muy poco”. Decir “estoy ocupado” equivale a decir “he asumido demasiado”. Pero, ¿qué palabra debemos utilizar cuando hemos tomado la cantidad justa y estamos equilibrando cuidadosamente las responsabilidades de la vida? 

La pereza es un vicio, es la indulgencia de la gente a la que no le importa nada. El siempre estar ocupado es un vicio disfrazado de virtud, el refugio de aquellos que encuentran su autoestima en la actividad y en sus logros. Pero, ¿qué palabra describe a la persona que trabaja ardua y consistentemente, y a la vez,  se define a sí misma como alguien que lo hace de buena fe? 

La palabra “pereza” describe vergüenza y así debe ser. La palabra “ocupado” describe arrogancia y altivez, aunque no debería hacerlo. En verdad, no es más noble estar siempre ocupado que ser perezoso, porque ambos son un desperdicio de tiempo y energía. 

Necesitamos definir una palabra llena de virtud, que encaje en el espacio intermedio entre ocupado y perezoso. Necesitamos usarla y necesitamos vivirla.