¿Orgullosa yo? 5 marcas para diagnosticar tu humildad

“Tomad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y hallareis descanso para vuestras almas” (Mt 11:29). 

¡Tenemos tanto que aprender! Nuestro Señor sabía que una de las cosas más difíciles para nosotras era la humildad de corazón, y es por esto que nos apunta a Él y nos dice aprendan de , sigan mi ejemplo. A continuación, les compartiré 5 marcas de aquel que es humilde siguiendo el ejemplo del Señor Jesucristo. 

El humilde se sujeta y obedece la voluntad de Dios  

Cristo sabia la posición que tenía delante de Dios y se sujeta a su voluntad (Fil 2:6-9)  

Cristo es el ejemplo de humildad por excelencia. La Palabra de Dios nos muestra como Él dejó su posición en gloria con Dios (Jn. 17:5), y bajó a la tierra para ser un siervo. Él tenía claro que era el Padre quien lo enviaba, y que Él haría Su voluntad 

Cristo no buscó ser el Padre ni el Espíritu Santo en la obra de redención, Él ejecutó su papel de manera perfecta pues sabía su posición. Sería quien moriría en la cruz, siendo obediente a la voluntad del padre (Fil. 2:8) y se sujetó hasta la muerte y muerte de cruz. Cristo sabía quién era y el papel que tenía. 

Como mujeres cristianas, podemos conocer la posición que tenemos delante de Dios, y es que fuimos compradas por la sangre de Cristo, ya no nos pertenecemos a nosotras mismas, sino que le pertenecemos al Señor, así que no hacemos más nuestra voluntad sino la voluntad de Dios. Tú eres humilde cuando cumples el rol que Dios te ha enviado a hacer, sin creer que mereces otra posición. Si eres esposa, madre, mujer soltera, viuda o cualquiera que sea tu situación, estás llamada a abrazar ese rol con gozo y desempeñar tu papel. 

Cuando somos orgullosas buscamos usurpar posiciones que no nos corresponden, por ejemplo: ¡Ella no se merece esto, yo sí lo merezco!, ¡Yo lo haría mejor!, ¡Si dejo que mi esposo tome la decisión será un fracaso! ¡Yo sí sé cuál es la mejor decisión!, ¡Yo no soy la que debo servir!, ¡Que lo haga otra persona! 

Es posible que no uses exactamente las expresiones anteriores, sin embargo, vives tu vida de acuerdo a ellas. Cuando esperamos ser servidas, cuando esperamos que nos traten como si fuéramos las reinas estamos usurpando el lugar de Dios. Cuando no nos sujetamos a la decisión de nuestro esposo estamos siendo orgullosas y diciendo al Señor, te has equivocado, yo debería ser quien tome esta decisión. 

Queridas amigas, recordemos para qué hemos sido llamadas, y no dejemos que nuestro ego sea el que gobierne. Seamos como Cristo quien siempre cumplió la voluntad del Padre. 

El humilde sabe que no puede hacer nada por solo 

Cristo dependía de Dios completamente del Padre (Lc. 6:12). 

Cristo reconocía que necesitaba del Padre, esto podemos verlo a lo largo de los evangelios cando Jesús pasó largas horas de oración en dependencia del Padre. ¿Y si Cristo lo hizo, por qué no lo hacemos nosotras? Es nuestro orgullo, creemos tener la capacidad, la sabiduría y la perfección para caminar sin Dios.  

A veces tomamos decisiones y caminamos sin consultar a Dios, pues confiamos más en nosotras mismas que en el único que sí tiene verdadera sabiduría. Esta es una actitud orgullosa, creer que todo lo sabemos y que no necesitamos de nadie ni de nada, ni siquiera de nuestro creador. 

Pasar un día sin orar es una evidencia de orgullo. La falta de oración es el resultado de un corazón que está pensando que sus caminos son más altos que los caminos de Dios y que su sabiduría es más elevada que la del Señor. 

¿Como estás en tus tiempos de oración con El Señor?, ¿Lo estás buscando en todas las situaciones de tu vida? Cuando oramos mostramos nuestra humildad delante de Él, le decimos no qué debo hacer, que se haga tu voluntad yo que tienes el control, quiero depender de ti. 

Si Cristo siendo Dios oró incansablemente, cuanto más nosotras deberíamos hacerlo. 

El humilde busca servir en vez de ser servido 

Cristo consideró a los otros mas que a él (Fil. 2:3-4). 

Él siempre puso a los demás antes que a mismo, buscó servirles. Podemos ver que Él limpió los pies a sus discípulos, también vemos sus largas jornadas enseñando a pesar de su cansancio, y ¿por qué lo hacía?, porque Él consideró a los otros primero que a Él mismo. 

¿Tú consideras a los demás más que a ti misma?, ¿Piensas en las necesidades de los otros más que en tus propias necesidades?, ¿Cómo sirves a tu esposo, a tus hijos o a tus amigas? Considerar a los otros más importantes que a ti es muy difícil pero es parte de nuestra vida como creyentes, negarnos a nosotras mismas, buscar amar a los otros aunque nos cueste nuestros deleites, responder a otros en respeto así nos hablen de manera inadecuada, estar alertas a sus necesidades y encontrar la forma de ayudarles. 

El orgulloso es opuesto a Cristo, se ve más a él mismo y sus intereses que las personas a su alrededor las cuales cobran importancia solo si le pueden ser útiles para sus planes. 

El humilde busca glorificar a Dios 

Cristo buscó la gloria de Dios (Fil. 2:5-9). 

Cristo buscó la gloria del Padre. La muerte en la cruz, la resurrección y todo el plan de redención glorifican a Dios, y eso fue lo que Jesús hizo. 

¿Estás buscando tu propia gloria?, incluso cuando haces buenas obras ¿las haces para la gloria de Dios? Mientras Jesús caminó por esta tierra buscó que Dios Padre fuera glorificado, siempre hablaba del Padre para que fuera honrado por los demás, su objetivo no era su gloria, sino la del Padre. 

La mujer orgullosa, al contrario de Cristo, está buscando que los demás la exalten por sus buenas obras. La mujer humilde busca glorificar a Dios en todo lo que hace, su recompensa viene de Dios y no de los hombres.  

El humilde perdona 

Cristo amó y perdonó (Col. 3:13). 

El pastor Jhon MacArthur dijo “Te pareces más a Cristo cuando perdonas”, es parte esencial del evangelio. En la Escritura podemos ver que Dios nos amó primero, que Jesús a pesar de nosotras vino a pagar por nuestros pecados para que creemos en Él, tengamos vida eterna. 

El amor y el perdón son una muestra de un corazón humilde, ¿Estás amando al que te hace mal? Recuerda que amar al que te ama es lo más natural que podemos hacer (Mt. 5:44-46), el que no tiene a Cristo también lo hace, pero nosotras amamos y perdonamos al que nos hace mal, Jesús es nuestro ejemplo supremo. 

¿Eres como Cristo? ¿Perdonas al que te ha hecho mal? ¿Estás amando a las hermanas de la iglesia? 

“Tomad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y hallareis descanso para vuestras almas. Porque mi yugo es fácil y mi carga ligera” (Mt. 11:29-30). 

Queridas amigas, finalmente, quiero animarlas a que sigan el ejemplo de Cristo, recuerden Sus palabras, Su yugo es fácil, y Él les dará la gracia para tener un corazón humilde, así que descansen en Él.