Oseas y la Gracia de Dios

Pocos paralelos en la Biblia son tan poderosos, punzantes y dolorosos como la narrativa simbólica del matrimonio de Oseas: Una unión involuntaria y adulterada. Basta con leer los primeros versos para darse cuenta que el mandato de Dios para Oseas no va a terminar en nada bueno.

“La primera vez que el Señor habló por medio de Oseas, le dijo: «Ve y toma por esposa una prostituta, y ten con ella hijos de prostitución, porque el país se ha prostituido por completo. ¡Se ha apartado del Señor!»  Oseas fue y tomó por esposa a Gómer, hija de Diblayin, la cual concibió y le dio a luz un hijo” (Oseas 1:2-3).

La orden de Dios es “Ve y toma por esposa una prostituta, y ten con ella hijos de prostitución”. Esta parece ser la receta perfecta para el caos. ¿Quien quisiera ser ordenado con quien casarse? ¿Quien quisiera casarse con alguien que no corresponderá a su amor? ¿Quién querría desposar a una prostituta?

Una historia sobre Cristo y nosotros

Mientras leemos el relato y lo entendemos, dejamos de sentirnos mal por Oseas. Nuestra preocupación cambia cuando comprendemos que Gómer no es más que una representación de nuestra débil fe y de nuestro deseo de complacer nuestras indulgencias pecaminosas.

La historia en realidad no se trata de Oseas soportando el pecado de una prostituta. La historia es acerca de ti y de mí ofendiendo una y otra vez a Dios con nuestra infidelidad. No es solo una historia, sino una representación de nuestra relación con Dios.

Oseas no se trata sobre la angustia de Oseas, sino las de Cristo al amar incondicionalmente a Su Iglesia. Por eso éste libro en la Biblia tiene un sabor agridulce y confrontador: nosotros somos infieles a Dios todo el tiempo.

Pero Oseas representa a uno que habría de sacrificarse por su esposa, no solo perdonándola, sino muriendo por ella.

El profeta ha sido llamado por Dios para responder a Su semejanza: El propósito de Dios para el matrimonio de Oseas es ilustrar a Israel (y a nosotros) su gran fidelidad en respuesta a nuestra gran infidelidad.

Empoderado por Dios, Oseas responde con la más impensable de las reacciones hacia la más esperada de las ofensas. El perdón amoroso de un marido para con la deliberada traición de su esposa infiel.

La infidelidad de Gómer y el amor perdonador de Oseas nos enseñan el glorioso contraste entre abominación y belleza, maldición y esperanza, repulsión y placer, angustia y enamoramiento, y cómo estos se entrelazan en una historia que últimamente hace referencia nuestro pecado y a Su gracia.

Vestigios de una esperanza mayor

La gracia de Dios es una vez más el punto clímax del relato. En esta historia, como en la nuestra, la gracia de Dios es infinitamente más poderosa que nuestro pecado.

Esta gracia no solo permite nuestro perdón, sino que también propicia la promesa de restaurar lo que ha sido corrompido. Lee lo que Dios habla en el segundo capítulo de Oseas:

En aquel día —afirma el Señor —,ya no me llamarás: “mi señor”, sino que me dirás: “esposo mío”. Te quitaré de los labios el nombre de tus falsos dioses, y nunca más volverás a invocarlos.

Aquel día haré en tu favor un pacto con los animales del campo, con las aves de los cielos y con los reptiles de la tierra. Eliminaré del país arcos, espadas y guerra, para que todos duerman seguros. Yo te haré mi esposa para siempre, y te daré como dote el derecho y la justicia, el amor y la compasión.

Te daré como dote mi fidelidad, y entonces conocerás al Señor. En aquel día yo responderé —afirma el Señor —; yo le responderé al cielo, y el cielo le responderá a la tierra; la tierra les responderá al cereal, al vino nuevo y al aceite, y éstos le responderán a Jezrel. Yo la sembraré para mí en la tierra; me compadeceré de la “Indigna de compasión”, a “Pueblo ajeno” lo llamaré: “Pueblo mío”; y él me dirá: “Mi Dios”. (Oseas 2:16-23)

Aquí vemos vestigios de una esperanza mayor a la que jamás mereceremos: Aunque aún somos pecadores, un día nos uniremos a Él.

La Iglesia se unirá en matrimonio a Cristo en fidelidad, justicia, amor y misericordia. Todo será restaurado. Toda consecuencia de nuestra infidelidad será removida. Todo lo corrompido será limpio. Todo por la gracia inmerecida de un esposo fiel.

En Oseas vemos un vistazo a la gloriosa historia de redención en la persona de Cristo Jesús 800 años antes de su venida. Oseas se trata de nuestro pecado, pero principalmente se trata de la gracia que hay en Jesús para perdonar nuestros pecados a través de su sacrificio en la cruz.

Confrontadora y confortadora a la vez, esta es una historia que no debemos olvidar. Dios muestra Su gran fidelidad en la persona de Oseas; pero este también es un llamado a serle fiel y a corresponder a su amor por nosotros.

En aquel día, cuando la Iglesia se una a Cristo en perfecto matrimonio ya no se dirá: “Israel es una prostituta, y Dios es su esposo perdonador”, sino, “Israel fue prostituta, pero Dios por su gracia la redimió para El”.