Nota editorial: Este artículo fue publicado originalmente como parte de la revista de 9Marks en español, el Cristiano y la Pornografía  que puedes encontrar en este enlace 

Andrew David Naselli

Pastor, ¿eres regularmente complaciente con la pornografía y racionalizas para ti mismo   el porqué está bien que lo hagas?[1] Si te complaces en la pornografía sin remordimientos, entonces puedes tener lo que Pablo llama «una conciencia cauterizada» (1 Ti. 4:2).

Tu conciencia es tu sentido de lo que crees que es correcto o incorrecto, y si tienes una conciencia cauterizada sobre complacerte en la pornografía, entonces tu conciencia está tan insensibilizada que, (1) ya no te advierte de no dejarte llevar por la pornografía y (2) ya no te acusa ni te condena (y así hacerte sentir culpable) después de complacerte en la pornografía.[2]

Si esto te describe, entonces estás en peligro. Aquí hay ocho motivos para arrepentirte.

  1. Complacerte en la pornografía te enviará al infierno

Las personas que habitualmente y sin arrepentimiento se complacen con la pornografía irán al infierno (Mt. 5:27-30). Una evidencia de que tienes fe genuina en Jesús es que estás luchando contra la lujuria. La pornografía es una forma de inmoralidad sexual. Y el inmoral sexual no heredará el reino de Dios (1 Co. 6:9-11). La ira de Dios está en contra de la inmoralidad sexual (Ef. 5:3-6). Sí, los cristianos pecan, pero los cristianos se arrepienten de sus pecados.

Si te estás complaciendo con la pornografía, entonces no eres puro de corazón. Y solo los puros de corazón verán a Dios (Mt. 5:8). Estoy tratando de asustarte, o más precisamente, asustarte para librarte del infierno. Lo que sea necesario para que ganes la batalla contra la lujuria vale la pena, porque la pornografía te enviará al infierno.

2.     Complacerte en la pornografía no glorifica a Dios con tu cuerpo

«Glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo». Así es como Pablo concluye una sección sobre la inmoralidad sexual (1 Co. 6:12-20). Dios te ordena que lo glorifiques con tu cuerpo al no cometer inmoralidad sexual. Glorificar a Dios es una manera de sentir, pensar y actuar que habla mucho de Dios. Esto demuestra que Dios es sumamente grande y bueno. Demuestra que Dios es sabio y satisfactorio.

Glorificas a Dios con tu cuerpo físico cuando lo usas de la manera que Dios quiere. Cuando te complaces en la pornografía pecas contra Dios mismo, porque Dios es dueño de tu cuerpo. La pornografía no glorifica a Dios con tu cuerpo.

3.     Complacerte en la pornografía es un placer tóxico y fugaz

Moisés eligió no «disfrutar de los placeres temporales del pecado» (He. 11:24-26). Eso significa que el pecado puede ser placentero, al menos por un tiempo. Adentrarse en la pornografía es inmediatamente placentero, pero ese placer es fugaz. Te deja sintiéndote vacío, insatisfecho, deseando más. Es como comer una pastilla venenosa recubierta de azúcar. «Mas el que comete adulterio es falto de entendimiento; corrompe su alma el que tal hace» (Pr. 6:32).

No desees la pornografía; desea a Dios. Parafraseando a John Piper: glorificamos a Dios cuando él más nos satisface. Para eso Dios nos creó. Los placeres de la pornografía son tóxicos y fugaces; los placeres de Dios son eternos e infinitamente satisfactorios.

4. Complacerte en la pornografía es desperdiciar neciamente tu vida

Cuando te complaces en la pornografía, pierdes tu tiempo y energía y, algunas veces, dinero. Arruinas a tu iglesia porque eres como Acán, amando engañosamente tu pecado en lugar de abandonarlo. Actúas como lo que el libro de Proverbios llama necio. «Mirad, pues, con diligencia cómo andéis, no como necios sino como sabios, aprovechando bien el tiempo porque los días son malos. Por tanto, no seáis insensatos, sino entendidos de cuál sea la voluntad del Señor» (Ef. 5:15-17).

5. Complacerte en  la pornografía es traicionar a tu esposa e hijos

Esto se aplica si estás casado o alguna vez te casarás. Cuando te complaces en la pornografía, le estás siendo infiel a tu esposa. La estás traicionando. Cometes adulterio contra ella. La haces competir con la base de datos de imágenes picantes que has codiciado. Cuando te entregas en la pornografía, dañas a tus hijos. Perderás tu autoridad moral sobre tu familia. Tus hijos sufrirán. Y si eso te conduce al divorcio, entonces tus hijos sufrirán aún más.

6. Complacerte en la pornografía te descalifica para ser un anciano

Si te estás complaciendo en la pornografía, entonces no cumples con estos requisitos:

  • «marido de una sola mujer [NVI: «fiel a su esposa»], sobrio, prudente, decoroso» (1 Ti. 3:2).
  • «marido de una sola mujer [NVI: «fiel a su esposa»]… amante de lo bueno, sobrio, santo, dueño de sí mismo» (Tit. 1:6, 8).

Un anciano es un pastor. Un pastor guía a las ovejas (Sal. 23:1-3; 78:52). Y la manera más significativa en que los pastores lideran es: «siendo ejemplos para el rebaño» (1 Pe. 5:1-3).

 7. Complacerte en la pornografía arruina tu mente y tu conciencia

Deleitarte en la pornografía arruina tu forma de pensar sobre el sexo. El sexo es un regalo de Dios que es exclusivamente para un hombre y una mujer que han pactado juntos en matrimonio. El sexo es idea de Dios, y debemos alabarle por ello. La pornografía corrompe y pervierte el sexo. Si te metes en la pornografía, pensarás en el sexo de forma perversa.Complacerte en la pornografía arruina cómo piensas sobre las mujeres.

Las mujeres son seres humanos que Dios creó a su imagen, y muestran bellamente la gloria de Dios. Si codicias los cuerpos de las mujeres, entonces pensarás en las mujeres como objetos sexuales para satisfacer tus lujurias pecaminosas, en lugar de verlas como compañeras portadoras de la imagen de Dios.

Deleitarte en la pornografía arruina el cómo piensas. Esto reprograma destructivamente tu cerebro. Arruina tu forma de pensar y así deforma tus afectos. En consecuencia, la pornografía arruina tu conciencia. Tu conciencia es tu conocimiento acerca  de lo que crees que es correcto e incorrecto. Cuando te complaces en la pornografía, desensibilizas tu conciencia porque reprimes y silencias tu conciencia, y racionalizas tu pecado. Eventualmente, puedes dañar tu conciencia tan gravemente que no te condena cuando pecas.

 8. Complacerte en la pornografía es participar en la esclavitud sexual

La pornografía es para la esclavitud sexual lo que la gasolina es para los motores de los vehículos. La pornografía alimenta la demanda de prostitución y, por ende, de esclavitud sexual. Por lo tanto, complacerte con la pornografía en cualquier grado es participar en la esclavitud sexual.[3]

Conclusión

Pastor, estos son ocho motivos para que te arrepientas si te entregas a la pornografía sin remordimientos. Acude a Cristo, la fuente de la libertad genuina y la felicidad.[4] «La noche está avanzada, y se acerca el día. Desechemos, pues, las obras de las tinieblas, y vistámonos las armas de la luz. Andemos como de día, honestamente; no en glotonerías y borracheras, no en lujurias y lascivias, no en contiendas y envidias, sino vestíos del Señor Jesucristo, y no proveáis para los deseos de la carne» (Ro. 13:12-14).


Andrew David Naselli es profesor asistente de Nuevo Testamento y teología en Bethelehem College & Seminary, administrador de Themelios y anciano de Bethelehem Baptist Church.

Traducido por Renso Bello.


[1] Por complaciente en  la pornografía, me refiero a disfrutar pecaminosamente del placer del material impreso o visual que describe o muestra explícitamente partes o actividades sexuales del cuerpo para estimular los sentimientos eróticos.

[2] Ver el libro de Andrew David Naselli y J. D. Crowley, Conscience: What It Is, How to Train It, And Loving Those Who Differ[Conciencia: qué es, cómo entrenarla y amar a quienes difieren] (Wheaton, IL: Crossway, 2016).

[3] Para un argumento más detallado, ver el artículo de Andrew David Naselli, “When You Indulge in Pornography, You Participate in Sex Slavery” [«Cuando te involucras en la pornografía, participas en la esclavitud sexual»], Journal for Biblical Manhood and Womanhood 20: 2 (2015): 23-29.

[4] Sobre cómo se ve el arrepentimiento genuino, ver el libro de Heath Lambert, Finally Free: Fighting for Purity with the Power of Grace[Finalmente libre: luchando por la pureza con el poder de la gracia] (Grand Rapids: Zondervan, 2013), 23-28. Lambert desarrolla el tema en los capítulos 2-6 (pp. 31-105).