Para maestros: La regla de Oro de la enseñanza

Como maestro, ¿a qué das prioridad en tu enseñanza?  Sin duda, hay mucho que tomar en cuenta: el contenido, los oyentes, el método de enseñanza, etc.  Pero, en medio de todo lo que requiere una lección, hay algo que no se puede pasar por alto; algo que directamente impacta la efectividad de tu lección.

Antes de hablar de este factor, quisiera aclarar algo. En el contexto de la iglesia es de suma importancia que nuestras lecciones estén basadas sobre la Palabra de Dios. Nuestra responsabilidad como maestros es comunicar Su Palabra, no las ideas nuestras.  En este artículo tomamos por dado la prioridad dada a la Palabra de Dios en nuestra enseñanza.

Con esta aclaración, volvemos al factor que no se puede pasar por alto en la enseñanza. Para ilustrar su importancia reflexiona conmigo sobre lo siguiente:

¿Te has dado cuenta que, al enseñar un versículo a una clase de niños, ellos aprenden mejor si incluyes ademanes al repetir el versículo?  O, pensando en una clase de adultos, ¿por qué hay más interés si involucras la clase en una discusión sobre un pasaje en vez de solamente escucharte a ti explicarlo?

Niños aprenden mejor cuando añades ademanes, adultos cuando los involucras en discusión.  Nos ilustra la regla de oro de la enseñanza: “cuanto más involucrado en el proceso de aprendizaje, mas aprenden.”  Es el factor que mas impacta la efectividad de la enseñanza – más participación, mas aprendizaje.

Cooper, en su libro de educación cristiana, confirma esta realidad notando lo siguiente: “…el principio declara que el aprendizaje ocurre cuando los alumnos están involucrados activamente. Es la responsabilidad del líder el planificar para esta participación” (61).  ¿Quieres mejorar el aprendizaje de tus alumnos? Aumenta su participación en la lección.  Este principio aplica al enseñar niños, jóvenes o adultos.

Aplicación de la Regla de Oro

Aplicar la regla de oro a la enseñanza de niños significa planear una lección dinámica: cambios de posición entre sentados y parados, cantar, aprender versículos con el uso de ademanes, repetir un lema que resume la lección. Cada actividad enfocada en el punto principal de la lección y involucrando a los niños.

Con jóvenes y adultos el reto es asegurar que estén reflexionando sobre la lección, no solamente escuchando pasivamente. Gregory nota: “Si el alumno no piensa por sí mismo, la enseñanza no tendrá resultados…” (69).  Una de las mejores maneras de hacer pensar a los alumnos es haciendo preguntas: “¿Cuál es el principio espiritual en el pasaje que estamos estudiando?”, “¿qué significa para tu vida?”  HHHH   Al responder el alumno tiene que reflexionar, aumentando dramáticamente su participación en la lección.

Aplicar la regla de oro incluye también el uso de los sentidos en la enseñanza. Dios nos creó para recibir información a través de los sentidos.  Más sentidos usados, más grabada queda la información en mi mente.  Por ejemplo, ¿cuál te impacta más – escuchar las noticas por radio, o verlas por televisión?  Sin duda, verlas por televisión. ¿Por qué?  Porque ver televisión involucra dos sentidos, “oír” y “ver”, en vez de solamente “oír” al escuchar la radio.

Notar el siguiente gráfico que ilustra el impacto de usar mas sentidos en la enseñanza:

Combinar “oír” con “ver” aumenta cinco veces más la retención de información que solamente escucharla.  Usando más sentidos involucra más al alumno en la lección.

En relación con esta realidad, Sanner y Harper da la siguiente norma: “La investigación didáctica muestra que el aprendizaje mejora cuando dos o más sentidos están involucrados en la exposición de la materia que debe ser aprendida” (213).  En cada lección debo involucrar, como mínimo, dos sentidos en la enseñanza.  Generalmente esto significa combinar “oír” con “ver”.  No solamente decir la información, pero usar laminas, cuadros, objetos, trajes, o PowerPoint para visualizarla.

Conclusión

Como maestro, tienes mucho en que pensar al preparar tus lecciones.  Pero hay un factor que no se puede pasar por alto. Lo resume el siguiente gráfico:

Al preparar cada lección debo preguntar “¿Qué puedo hacer para aumentar la participación de mis alumnos en la lección?  La respuesta podría incluir: pedir que un alumno lea el pasaje bíblico en vez de hacerlo yo, buscar cuadros para ilustrar la lección, o detenerme para hacer una pregunta de reflexión.

Una vez estuve preparando una lección para una clase de adultos y me di cuenta de que no había incluido ni una pregunta en el desarrollo de la lección. Tenía que volver y modificar mi lección.  No había aplicado la regla de oro a mi enseñanza.  ¿Lo estás aplicando en tu enseñanza?

 Bibliografía:

Cooper, Polly.  Como Guiar a los Adultos.  Traducción por Carol A. Martinez.   El Paso:

Casa Bautista de Publicaciones, 1988.

Gregory, John Milton. Las Siete Leyes de la Enseñanza.  El Paso: Casa Bautista de

Publicaciones, 2000.

 Sanner, A. Elwood y A. F. Harper. Explorando la Educación Cristiana.  Missouri: Casa

Nazarena de Publicaciones, 1978.

 Willis, Wesly, R.  La Enseñanza eficaz: guía práctica para mejorar su clase de escuela

dominical. México, D.F.: Ediciones Las Américas, 1996.