¿Te has preguntado cuáles quieres que sean tus últimas palabras?

No te conozco, pero estoy casi seguro que si fueses a morir pronto y tuvieses la oportunidad de dar tus posibles últimas palabras a alguien especial para ti, serías bastante intencional en lo que dirás porque ese mensaje será muy recordado por aquella persona.

El apóstol Pablo entendió esto cuando escribió antes de partir con el Señor su última carta a Timoteo, su amado discípulo. Y si algo es claro en esta epístola, es que el apóstol quiere que su hijo en la fe sienta el peso de la seriedad de persistir en la Palabra de Dios.

Pablo escribe: “Retén la norma de las sanas palabras que has oído de mí, en la fe y el amor en Cristo Jesús.” (2 Tim 1:13). “Procura con diligencia presentarte a Dios aprobado, como obrero que no tiene de qué avergonzarse, que maneja con precisión la palabra de verdad” (2 Tim 2:15).

Y cerca del final de esta carta, luego de advertir a su discípulo del carácter de los hombres en los últimos días —quienes irán de mal en peor rechazando a Dios (2 Tim 3:1-9,13) —, Pablo encomienda a Timoteo:

“Tú, sin embargo, persiste en las cosas que has aprendido y de las cuales te convenciste, sabiendo de quiénes las has aprendido; y que desde la niñez has sabido las Sagradas Escrituras, las cuales te pueden dar la sabiduría que lleva a la salvación mediante la fe en Cristo Jesús. Toda Escritura es inspirada por Dios y útil para enseñar, para reprender, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, equipado para toda buena obra” (2 Tim 3:14-17, énfasis añadido).

Presta atención a esto: El apóstol no le escribe a Timoteo que persista en las cosas que escuche y suenen bonitas, lo que digan los políticos, dicte la cultura o enseñen otras religiones.

Tampoco lo llama a persistir en las tradiciones de los hombres, lo que digan los filósofos y psicólogos de este mundo, o seguir sus propias ideas creyendo erradamente que vienen del Espíritu Santo — lo cual pasa con frecuencia hoy en ciertos círculos evangélicos.

Notemos también que Pablo no llama a Timoteo a aferrarse a los profetas o buscar experiencias místicas con Dios. Lo cual es asombro porque es claro que, cuando Pablo escribe esto, aún había profetas en la iglesia. En otras cartas el apóstol llama a sus lectores a que no menosprecien las profecías y a que lo examinen todo reteniendo lo bueno (1 Tes 5:20-21).

Así que, lo aparentemente lógico para nosotros podría ser esperar que Pablo dijera a su discípulo: “Como me voy, entonces haz caso a los profetas que hay en tu iglesia o busca una experiencia mística con el Señor”. Pero aquí vemos que el problema de qué pasará cuando los apóstoles no estén, se soluciona no llamando a los cristianos a oír a los profetas (aun cuando había profetas alrededor) ni buscando experiencias sobrenaturales, ni otra cosa más, sino apuntando a las Escrituras (cp. 1 Juan 2:24; Judas 1:3; 2 Ped 1:19).

Pablo sabe que si un creyente pone las experiencias místicas, presuntas profecías, filosofías mundanas o cualquier otra cosa a la par de la Palabra, el diablo podría engañarlo fácilmente porque el creyente no tendría una regla de autoridad para juzgar todo lo demás.

Todo esto significa, entre otras cosas, que cuando llamamos a las personas a seguir ideas de este mundo, sus propios pensamientos, o buscar experiencias extáticas —incluso aunque lo digamos con buena intención—, no estamos siendo guiados por el Espíritu Santo que guió a los apóstoles a decir “persistan en la palabra”, sino que estamos siendo guiados por nuestras propias emociones e ideas.

Pero la enseñanza más directa en este pasaje es clara: Perdura en la Biblia. Necesitamos meditar en lo que Pablo le está diciendo aquí a Timoteo. “Los hombres irán de mal en peor, pero tú persiste en las Escrituras. En ella está el evangelio. Ella fue inspirada por Dios. Ella te preparará para toda buena obra. Cuando me haya ido, la Palabra de Dios seguirá contigo. PERSISTE EN ELLA”.

¿No necesitamos hacer lo mismo? Cuando los blogs cristianos que lees dejen de publicar artículos; cuando se vayan tus maestros y pastores a la presencia de Dios; cuando acaben en un futuro (tal vez no lejano) las páginas cristianas en Facebook y los sermones en Youtube; cuando no sea posible asistir a conferencias cristianas; cuando cierren los seminarios y no tengamos libros cristianos (lo cual puede pasar)… Seguirás teniendo tu Biblia, ya sea impresa o en tu mente. Léela ahora, memorízala y persiste en ella.

La filosofía, la psicología, las tradiciones de hombres y las experiencias místicas subjetivas de dudosa procedencia, nada de eso puede hacer lo que únicamente las Escrituras pueden hacer.

La Palabra de Dios es una roca firme en un entorno de mentiras, opiniones e ideas fluctuantes, cosas pasajeras; una roca firme en la guerra de cosmovisiones en nuestra cultura; una roca firme en un mundo de arenas (cp. Mat 7:24-27). Hermanos, persistamos en ella.