Piezas rotas y el Dios que las arregla 

Todos sufrimos en este mundo caótico y manchado por el pecado. A veces, nuestros sufrimientos son las consecuencias directas de nuestro pecado y de nuestra naturaleza pecaminosa. A veces, es por el pecado de los demás contra nosotros. Y a veces, sufrimos con el sufrimiento de nuestros seres amados. Y a pesar de que puede resultar difícil o incluso agotador caminar junto a un ser querido que padece una dolencia o enfermedad, hay algo que es particularmente duro al soportar la enfermedad mental de una persona. En Broken Pieces and the God Who Mends Them: Schizophrenia Through a Mother’s Eyes (Piezas rotas y el Dios que las arregla: la esquizofrenia desde la perspectiva de una madre), Simonetta Carr describe su experiencia del sufrimiento debido a la esquizofrenia que padec su hijo.  

Cuando Jonathan Carr era un joven estudiante universitario, comenzó a experimentar y a mostrar algunos síntomas extraños. Durante toda su vida hasta entonces, había demostrado ser inteligente, capaz y entrañable. Había hecho una profesión de fe que era sumamente creíble y había sido recibido en la membresía de su iglesia. Había sido un hijo, hermano y amigo amoroso y afectuoso. Pero entonces, luego de su primer período fuera de casa, comenzó a luchar de muchas maneras. Las cosas que alguna vez habían sido claras para él empezaron a volverse confusas.  

Comenzó a aceptar las conductas que alguna vez rechazó. Se retrajo del mundo, tanto física como emocionalmente. Comenzó a exhibir algunas conductas inusuales, que luego se volvieron paranoicas. No pasó mucho tiempo hasta que se le diagnosticó esquizofrenia. Su vida y la de los miembros de su familia jamás volvió a ser la misma. Tristemente, él no vivió para ver una cura para su enfermedad, ni siquiera un progreso para tratarla, ya que su enfermedad, finalmente, lo llevó a la muerte. 

Broken Piecesse trata, primeramente, de las memorias de una madre, pues Carr relata sus esfuerzos en nombre de su hijo. Ella hizo todo lo posible —todo lo posible, en verdad— para intentar encontrar la ayuda y la cura para él. Describe acertadamente la agonía, no sólo de aquel que estaba enfermo, sino la de los que lo amaban y cuidaban de él. Describe el papel crucial que jugó el amplio sistema de apoyo que ofrece la sociedad, desde los doctores hasta las instituciones, pasando por los oficiales de policía; todos ellos fueron necesarios en diversas ocasiones y de diversas formas. Describe la belleza de la iglesia local, pues ofrece el tipo de amor y cuidado que sólo ella puede brindar de manera incomparable. Y, por supuesto, describe el amor y la provisión constantes de Dios en medio de los momentos más oscuros. Aunque es una historia triste y trágica, no le faltan los momentos de luz. 

Esa es la primera mitad del libro, la cual culmina con la tragedia de la muerte de Jonathan. La segunda mitad tiene la intención de compartir algo de lo que ella aprendió por medio de esta experiencia. Aunque ella no es una experta en el ámbito, se comprometió a aprender y a hacer todo cuanto pudiera en pro de su hijo. Aquí proporciona una guía para los que puedan encontrarse en una situación similar, o para los que apoyan a otros en dicha situación. Puede ser un punto de partida útil para los que están llamados a sufrir bien en medio del sufrimiento de un ser amado. 

Lo que queda claro en ambas partes y en cada página del libro es la profunda fe de Carr y la firme confianza en su Dios. Aunque ella nunca hubiera elegido sufrir de esta manera, queda claro que se había preparado de antemano por medio de una relación vital con Dios y un conocimiento sólido de Él a través de Su Palabra. Eso le fue de gran ayuda al ingresar a este tiempo. Y luego, ella fue testigo de que Dios sigue siendo fiel a Sus promesas aun en medio de grandes incertidumbres y del gran sufrimiento. Aunque su libro es trágico, también es inspirador. Aunque es doloroso, también está lleno de esperanza. Fui bendecido al leerlo y espero que tú lo seas, también.