Planes secretos contra otro

Me he percatado en diversas ocasiones de las indirectas que se escriben en las redes sociales. Es como si se lanzara una piedra hacia una multitud esperando que el golpe llegue exclusivamente a una persona con toda la intención de lastimarla. 

Y, bueno, pensemos que quizá el fin principal no sea lastimar, sino, hacer recapacitar a alguien, dejarle saber que algo no nos gusta o que quisiéramos hicieran de acuerdo con lo que nosotras creemos que es correcto. Pero, me pregunto ¿no sería más sencillo ir directamente con esa persona para exponer nuestro sentir o incomodidad? Eso podría ser más beneficioso para ambos. 

¿Por qué actuar de manera contraria a lo que Nuestro Señor Jesucristo nos instruye en Romanos 12:18? Si es posible, en cuanto de vosotros dependa, estad en paz con todos los hombres.  

Leyendo el Salmo 64 vi cómo nada nuevo hay bajo el sol (Ecl. 1:9-10). En los tiempos del rey David también se vivía esa situación, y, siendo honestas, podemos decir que en algunas ocasiones hemos estado en el lugar del rey David y en otras ocasiones en el lugar de los que lanzan la piedra sin piedad.  

Leamos, aprendamos de esta porción de la Biblia y apliquemos en nuestro diario vivir lo que en ella Dios nos enseña. Podemos leer en los primeros dos versículos cómo el rey David está acongojado y eleva a Dios una súplica: 

Escucha mi voz, oh Dios, en mi queja; guarda mi vida del terror del enemigo. Escóndeme de los planes secretos de los malhechores, del asalto de los obradores de iniquidad. 

Guarda mi vida

David, al igual que nosotras, sabía cuál es su lugar delante de Dios, Él conocía al Dios en quien confiaba y no duda en elevar una súplica a Él cuando se sabía perseguido. Nosotras al igual que él, no temamos al hombre, dirijamos nuestra mirada a Él y reconozcamos nuestra necesidad y dependencia de Él. 

Escóndeme de los planes secretos

En nuestro caminar en esta vida, al igual que el rey David, encontraremos en algún momento o en varios, a personas quienes tramarán lo malo para nosotras, quienes querrán vernos derrotadas o sufriendo. Aquellos quienes no se alegran con lo que pudiéramos estar viviendo pero que sí se gozan cuando estamos en crisis o en pruebas. 

Obradores de iniquidad

Planean, traman, conspiran contra nosotros. El rey David nos muestra cómo actúan con alevosía y ventaja, y su arma es la lengua. 

que afilan su lengua como espada, y lanzan palabras amargas como saeta, para herir en oculto al íntegro; lo hieren repentinamente, y no temen” (Sal. 64:3-4). 

Nosotras sabemos el poder de las Palabras (Stg. 3:6-12), y de cómo Nuestro Señor nos exhorta a bendecir a otros (Col. 4:6). Este Salmo nos deja ver cómo es que las palabras que se dicen con el fin de lastimar a otros no son dichas por casualidad, sino que en algún momento se pensaron, se planearon para que en el momento indicado se lanzaran con tal fuerza que den en el blanco y logren su objetivo. 

Y algo que llamó mucho mi atención en el versículo 4 es cuando dice “para herir en oculto”. Me recuerda a todas esas indirectas que mencioné al principio, las que son lanzadas en las redes sociales. El daño no es de frente sino de manera pasivo-agresiva sin detenerse a pensar en el daño que puedan causar, solo buscan su propio bien, alimentar el orgullo de quien las escribe o dice y salir airoso de la situación sin tener un conflicto cara a cara con nadie. 

No hay nada oculto

Se aferran en propósitos malignos; hablan de tender trampas en secreto, y dicen: ¿Quién las verá?” (Sal. 64:5). 

Debemos recordar que Dios escucha, Dios ve y que se dará cuenta a Él por cada una de las palabras que sean dichas. Y yo os digo que de toda palabra vana que hablen los hombres, darán cuenta de ella en el día del juicio (Mt. 12:36). Palabras que se traman en secreto pensando que no tendrá consecuencia, sin embargo, Dios conoce las intenciones del corazón. 

Es sencillo olvidarnos de todo esto cuando estamos centradas en nosotras mismas, cuando nuestro único fin es sacar lo que traemos, nos olvidamos de que somos hijas de Dios y actuamos como si no lo fuésemos. 

Corazón delator

Traman injusticias, diciendo: Estamos listos con una trama bien concebida; pues los pensamientos del hombre y su corazón son profundos” (Sal. 64:6). 

¿Qué tan perverso será el corazón del hombre? (Jer. 17:9). He estado en ese sitio y sé cómo funciona. Se planea lo que se dirá, imaginamos las posibles respuestas que nos darán, y entonces, también planeamos una contra respuesta para siempre tener la razón y la última palabra. Esto lleva tiempo, tiempo para conocer a la persona y descubrir sus puntos débiles, lo que les lastima y que haga crecer nuestro orgullo. 

Pero nosotros, los que hemos sido regenerados no debiéramos actuar así, y es triste que muchas ocasiones se usa la Palabra de Dios para dañar a otros. “El hombre bueno, del buen tesoro de su corazón saca lo que es bueno; y el hombre malo, del mal tesoro saca lo que es malo; porque de la abundancia del corazón habla su boca” (Lc. 6:45). ¿Quién reina en nosotros? 

Todos lo verán

Pero Dios les disparará con saeta; repentinamente serán heridos. Vuelven su lengua tropezadero contra sí mismos; todos los que los vean menearán la cabeza. Entonces todos los hombres temerán, y declararán la obra de Dios, y considerarán sus hechos” (Sal. 64:7-9). 

Versículos antes, al tramar el mal contra el rey David, ellos inquirían en su corazón “¿quién lo verá?” pero, sabemos gracias a la Palabra de Dios que nada queda oculto (Lc. 8:17), y que todo lo que sembramos, cosecharemos. “No os dejéis engañar, de Dios nadie se burla; pues todo lo que el hombre siembre, eso también segará” (Gal. 6:7). 

Los hacedores de maldad, en su momento creen tener todo el poder para destruir a alguien, olvidan que Dios es el refugio de Sus hijos, su castillo fuerte, a quien acuden para protección y es Él quien defiende a los suyos. 

Dios es justo, y sus juicios llegan en el momento que Él decide y de la forma que Él sabe es mejor. Al final, las mentiras y calumnias que usan para dañar a alguien los haran caer de la misma forma en la que esperaban que aquél a quien dañaron caiga, y esto Dios lo usará para gloria de Su Nombre, todos los que lo sepan temerán al Señor. 

Alguien mayor

El justo se alegrará en el Señor, y en Él se refugiará; y todos los rectos de corazón se gloriarán” (Sal 64:10). 

Los justos saben de quien son hijos. Saben y conocen su identidad en Él. Es a Él a quien corren y en quien se refugian. Saben de quien viene su protección y quien vela por ellos. 

Tenemos el mejor ejemplo de cómo actuar cuando nos injurian, atacan y lanzan palabras sin temor a herir. Cristo fue injuriado por nosotros, no habló ni se defendió. Tomemos esa misma actitud y reconozcamos nuestras faltas y aceptemos con alegría lo que Dios ha permitido en nuestra vida, porque todo ello nos ayuda a nuestra santificación y finalmente, para la Gloria de Dios.  

Y de la misma forma, si nosotros hemos planeado el mal contra otros, si hemos injuriado y tramado que con nuestras palabras ellos sufran, recordemos que hay esperanza para el pecador arrepentido. Fue gracias a Cristo y Su sacrificio en la cruz que hoy podemos acercarnos confiadamente al trono de la gracia y pedir misericordia y perdón de nuestros pecados. Él es nuestro abogado, acudamos a Él y derramemos nuestro corazón a sus pies. 

Si confesamos nuestros pecados, Él es fiel y justo para perdonarnos los pecados y para limpiarnos de toda maldad.Hijitos míos, os escribo estas cosas para que no pequéis. Y si alguno peca, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo” (1Jn. 1:9; 2:1). 

 En Su Gracia


Foto por Noelle Otto en Pexels