¿Por qué contender por la fe?

Muchos cristianos no contienden o no luchan por la fe porque no saben por qué deberían hacerlo. Al igual que un equipo de fútbol que llega al campo sin un grito de guerra, la iglesia a menudo puede ser superada por personas negativas que exigen silencio en nombre de la tolerancia. Esto tiende a confundir a muchos cristianos apasionados que insisten en que nosotros sí deberíamos luchar por la fe. ¡Es importante recordar que debemos saber por qué lo hacemos, para estar debidamente motivados para luchar por la fe que una vez fue entregada a los santos! (Jud. 1:4).

En esta era posmoderna de la tolerancia, seamos honestos, contender es una palabra que denota pelear, y pelear no es popular. Más específicamente dentro de la iglesia, el concepto de luchar más a menudo trae más recuerdos feos de una “guerra por estilos de música”, o lucha de poder, que de defender la verdad. Ya es hora de que la iglesia redima el concepto bíblico de luchar por la fe. La verdad sobre Cristo debe volver al frente de nuestro grito de batalla. ¡Debemos defender el verdadero evangelio sin importar el costo!

Entonces, ¿por qué luchar por la fe?

1. Porque Cristo vale la pena

No se podría formular un mayor argumento que este.

Jesucristo descendió a la tierra, vivió una vida sin pecado, murió una muerte horrible y resucitó de entre los muertos. ¡Él es el Rey conquistador que llama a los pecadores que merecen el infierno a la vida celestial! Jesús es el centro de la fe cristiana, y sin Él, la humanidad no tiene esperanza. Jesús es el único Camino, la única Verdad, y proporciona la única Vida (Jn. 14:6) por la que vale la pena vivir, por la que vale la pena luchar y por la que vale la pena morir.

El sacrificio amoroso de Cristo fue parte del plan perfecto de Dios y redimió al hombre de la caída. Incluso antes de que el pecado entrara en el mundo, Satanás comenzó su ataque a la verdad e intentó socavar la autoridad de Dios. En el Jardín, le susurró a Eva: ¡Seguro que no morirás! (Gn. 3:4-5) mientras intentaba convencerla de que Dios simplemente no la hizo ser “como Él”. Los trucos de Satanás no han cambiado durante miles de generaciones. Satanás todavía busca socavar la Palabra de Dios a través de las mentiras. En el centro de sus esfuerzos se encuentra una motivación para separar a las personas de la verdad del evangelio y conquistar sus almas. El luchar por la fe nos conduce a estar en contra de la oscuridad con las armas para la batalla que la Escritura nos ordena que usemos (Ef. 6:11-18).

Defender la verdad sobre Jesucristo causará conflicto, les guste o no a los cristianos. Jesús mismo explicó por qué este conflicto iba a ser inevitable para sus seguidores mucho antes de que cualquier apologeta moderno hubiera luchado por la fe:

No penséis que vine a traer paz a la tierra; no vine a traer paz, sino espada. Porque vine a poner al hombre contra su padre, a la hija contra su madre, y a la nuera contra su suegra; y los enemigos del hombre serán los de su misma casa. El que ama al padre o a la madre más que a mí, no es digno de mí; y el que ama al hijo o a la hija más que a mí, no es digno de mí. Y el que no toma su cruz y sigue en pos de mí, no es digno de mí (Mt. 10:34-38).

Esas son palabras fuertes de nuestro Señor, pero sin lugar a dudas afirman que Él sería el centro de controversia, conflicto y disputa.

En medio de todo esto, vale la pena luchar por Él y Él nos ha llamado a llevar su mensaje como embajadores. Los embajadores actúan como una extensión del Rey, y si alguien intentara tergiversar al Rey o Su mensaje, un embajador debe cumplir su deber con la verdad. En su carta a los corintios, el apóstol Pablo declaró:

Por tanto, somos embajadores de Cristo, como si Dios rogara por medio de nosotros; en nombre de Cristo os rogamos: ¡Reconciliaos con Dios! Al que no conoció pecado, le hizo pecado por nosotros, para que fuéramos hechos justicia de Dios en El. (2 Co. 5:20-21).

Para el Rey y su reino, debemos actuar como faros de la verdad, y eso significa que ciertamente habrá momentos en los que debemos refutar a aquellos que se oponen a nuestro Rey.

2. Porque la Biblia lo manda

Numerosos mandatos imperativos y consejos apostólicos dirigen a los cristianos a luchar o contender por la fe en el Nuevo Testamento. Pablo es la fuente de estos (bajo el control del Espíritu como él mismo escribió).

Aquí hay una breve lista de “cosas por hacer” cuando se trata de luchar por la fe:

  • Vigila a los falsos maestros (Ro. 16:17-18).
  • Que cualquiera que enseñe otro evangelio sea maldito (Gá. 1:8).
  • Expón hechos infructuosos de la oscuridad (Ef. 5:11).
  • Mantente firme y lucha por el evangelio (Fil. 1:27).
  • Señala las enseñanzas falsas (1 Ti. 4:6).
  • Huye de las tácticas codiciosas en el ministerio (1 Ti. 6:11).
  • Pelea la buena batalla (1 Ti. 6:12).
  • Predica la palabra, reprende, amonesta, exhorta (2 Ti. 4:2).

Hay muchas cosas que los cristianos prefieren hacer antes que cumplir la lista anterior. A menudo se dice que debemos enfatizar aquello en lo que estamos a favor y no en lo que estamos en contra. Cantar canciones al Señor, el compañerismo, el aliento, el evangelismo, el descanso y el discipulado son todas formas edificantes e incluso activas de vivir nuestra fe de una manera positiva. No hay conflicto. No hay desgaste mental. No hay peligro.

Judas pensó lo mismo, y había esperado escribir sobre la maravillosa fe que tenía en común con los demás creyentes. Pero pronto se dio cuenta de que una situación grave requería que actuara por necesidad. Judas escribe:

Amados, por el gran empeño que tenía en escribiros acerca de nuestra común salvación, he sentido la necesidad de escribiros exhortándoos a contender ardientemente por la fe que de una vez para siempre fue entregada a los santos. Pues algunos hombres se han infiltrado encubiertamente, los cuales desde mucho antes estaban marcados para esta condenación, impíos que convierten la gracia de nuestro Dios en libertinaje, y niegan a nuestro único Soberano y Señor, Jesucristo (Jud. 1:3-4).

Los falsos maestros son aquellos a quienes Judas describía como quienes intentaban pasar “inadvertidos”, y todo su propósito es cambiar la gracia de Dios, negar a Cristo y difamar Su nombre. ¡Y hacen todo esto de la manera más engañosa posible! Al igual que Satanás se disfraza de ángel de luz (2 Co. 11:14), sus falsos agentes no aparecen exclamando: “¡Aquí estoy para engañarte!”, sino que introducen enseñanzas destructivas que alejan a los hombres de Cristo. Con sutileza. Cuanto más bíblicamente analfabetas las ovejas, más fácil será engañarlas. Cuantos más pasivas sean las ovejas, y los líderes se nieguen a contender, más fácil será para los lobos arrebatarlos.

Por el bien del evangelio, Pablo estaba dispuesto a ser golpeado, sufrir naufragio, robado, maltratado, e incluso no le importaba que los hombres predicaran a Cristo por ambiciones egoístas mientras Cristo fuera predicado. Pero pisotee la sana doctrina o aleje a las ovejas del verdadero evangelio y él contenderá por la fe (Ro. 16:17-18; 1 Ti. 1:20, 6:3-5; 2 Ti. 2:17). Nunca fue alguien que se echara atrás cuando la verdad estaba de por medio. Ningún cristiano tampoco debería hacerlo.

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3. Porque los mártires han muerto por esta causa

La vida de Cristo y las Escrituras son más que suficientes para inspirar a un verdadero cristiano a caminar en obediencia, pero hay otras consideraciones históricas importantes.

A lo largo de los siglos, la lucha por la fe no ha sido una tarea glamorosa. Históricamente hablando, se entiende ampliamente que todos los apóstoles, excepto Juan, fueron brutalmente martirizados. Otros seguidores devotos del Nuevo Testamento como Esteban fueron apedreados hasta morir (Hch. 7:58-59). Luego, fuera del canon bíblico, millones fueron torturados y asesinados por estar sobre el fundamento de Cristo. Un discípulo de Juan llamado Ignacio (108 d.C.) fue arrojado a los leones. Policarpo (156 d.C.) fue quemado. El juez de Perpetua (203 d.C.) le rogó que negara a Cristo y que viviera para alimentar a su bebé que estaba amamantando, pero ella se negó y fue arrastrada por un toro y luego terminó siendo traspasada con una espada. Julián de Cilicia (249 d.C.) fue puesto en un saco con serpientes. Más tarde en la historia cristiana, cientos de reformadores fueron quemados y brutalmente torturados por oponerse al sistema católico romano. Hombres como William Tyndale (1536) fueron estrangulados y quemados en la hoguera, pero no antes de traducir la Biblia al inglés.

Hoy, nuestros hermanos y hermanas en Cristo todavía mueren por su fe en medio de una gran persecución. Seguramente podemos estar dispuestos a perder reconocimiento por una fe en la que muchos hombres y mujeres mejores han derramado sangre.

4. Porque los perdidos valen la pena

Si hubiese alguna consideración final a este tema, sería esta: que las ovejas perdidas deben ser arrebatadas de los lobos que se aprovechan de ellas. Si los cristianos tienen alguna apariencia de celo evangélico, entonces no pueden sentarse en silencio mientras el engaño arremete hacia la santidad de la sana doctrina. Contender es parte de ser cristiano.

Charles Spurgeon describió el tipo de perspectiva y el tipo de esfuerzo que debe marcar el celo cristiano. ¡Aun cuando la doctrina de la elección siguió siendo un pilar en su predicación, Spurgeon se negó a dejar de lado su responsabilidad de obediencia! Él dijo:

Si los pecadores son condenados, al menos déjalos saltar al infierno sobre nuestros cuerpos muertos. Y si perecen, que perezcan con nuestros brazos envueltos alrededor de sus rodillas, implorándoles quedarse. Si el infierno ha de estar lleno, deja que se llene contra todos nuestros esfuerzos, y no dejes que nadie vaya ahí sin ser advertido y sin que se ore por él.

Judas terminó su carta sobre la apostasía con un recordatorio crucial de que hay trabajo por hacer incluso mientras se permite que las tinieblas operen bajo la soberanía de los propósitos de Dios. Él suplicó:

Pero vosotros, amados, edificándoos en vuestra santísima fe, orando en el Espíritu Santo, conservaos en el amor de Dios, esperando ansiosamente la misericordia de nuestro Señor Jesucristo para vida eterna. Y tened misericordia de algunos que dudan; a otros, salvad, arrebatándolos del fuego; y de otros tened misericordia con temor, aborreciendo aun la ropa contaminada por la carne (Jud. 1:20-22).

Está claro que el pasivismo no debe ser la estrategia de la iglesia cuando la falsa enseñanza está dañando a las ovejas. Los cristianos deben hacer todo lo posible para proclamar la verdad y refutar los errores que llevan a las personas a creer en un falso Cristo.

La verdadera fe salvadora está de por medio. La eternidad está de por medio. Hagamos nuestra parte y confiemos a Dios los resultados.