Cuando vemos la vida de Pablo, vemos a alguien con un llamado muy especial de parte de Dios, pero también a alguien que pasó por muchos momentos difíciles. Consideremos algunos sufrimientos: trabajos abundantes, azotes, cárceles, peligros de ríos, peligros de ladrones, peligros en el desierto, peligros de falsos hermanos, apedreamientos, naufragios, fatigas, desvelos, hambre, sed, frío, desnudez, preocupaciones, enfermedades, debilidades, insultos, necesidades en general, persecuciones y angustias (2 Co. 11:23-29; 12:10).

A muchos se le puede erizar la piel con tan grande lista, pero algo resaltado en la vida de este hombre fue que no se rindió ante tantos problemas. Las distintas adversidades no le hicieron desmayar. Pablo, a pesar de los sufrimientos, siguió adelante en el camino que Dios tenía para él. Mi meta es que reflexionemos acerca de seguir adelante a pesar de los sufrimientos.

Para ello veamos lo que dice el mismo Pablo en 2 Corintios 4:16-18:

Por tanto no desfallecemos, antes bien, aunque nuestro hombre exterior va decayendo, sin embargo nuestro hombre interior se renueva de día en día. Pues esta aflicción leve y pasajera nos produce un eterno peso de gloria que sobrepasa toda comparación, al no poner nuestra vista en las cosas que se ven, sino en las que no se ven; porque las cosas que se ven son temporales, pero las que no se ven son eternas.

El verbo “desfallecer” significa desanimarse, desalentarse, perder el ánimo, darse por vencido o rendirse. Así que, lo que Pablo está diciendo es que independiente de las circunstancias, los problemas o adversidades, él no perdía el ánimo, no se rendía. Sin importar lo pequeño o grande que fuese la dificultad no se daba por vencido.

Ahora la pregunta es: ¿qué llevaba al apóstol a no rendirse? ¿Qué animaba a Pablo? ¿Por qué este discípulo de Cristo seguía adelante a pesar de las dificultades? En consecuencia, ¿por qué debemos nosotros seguir adelante a pesar de los sufrimientos?

En este pasaje encontramos dos razones por las que debemos seguir adelante a pesar de los sufrimientos.

 Primera razón: debemos seguir adelante porque Dios nos da fuerzas

“Por tanto no desfallecemos, antes bien, aunque nuestro hombre exterior va decayendo, sin embargo nuestro hombre interior se renueva de día en día” (v. 16).

Cuando Pablo menciona a nuestro hombre “exterior”, él se refiere a nuestro cuerpo, a nuestra parte física, lo que podemos ver y tocar. Recordemos que el ser humano se compone básicamente de dos partes: la parte material y la parte inmaterial. El apóstol nos dice que lo físico día a día se va “decayendo”, término que significa consumirse o deteriorarse. En otras palabras, Pablo nos dice que el cuerpo se va muriendo, pues cada día que pasa implica más desgaste para nuestra parte física.

De seguro nuestro cuerpo no es el mismo de hace tres o cuatro años, pues es una ley natural que lo material poco a poco se vaya deteriorando. Sin embargo, las Escrituras nos dicen que el “interior” se renueva de día en día. Nuestro “hombre interior” es la otra parte del ser humano, la parte espiritual de cada hombre y cada mujer. Esto es una referencia al alma, a nuestro corazón, a la esencia de lo que somos en realidad.

Luego agrega que esa esencia (la parte que no podemos tocar pero que es real) se “renueva” de día en día. El término “renueva” tiene que ver con frescura, cobrar nuevas fuerzas, rejuvenecer, por lo cual es un total contraste con lo dicho anteriormente. Pablo dice: mi cuerpo cada día se va deteriorando pero mi espíritu cada día se va rejuveneciendo, mi alma cada día va tomando nuevas fuerzas. Esto nos hace recordar lo que dice Isaías 40:31: “pero los que esperan en el SEÑOR renovarán sus fuerzas; se remontarán con alas como las águilas, correrán y no se cansarán, caminarán y no se fatigarán” (énfasis añadido).

Imagínate que tienes una planta en casa y no le pones agua, la tienes al aire libre y vives en un lugar de mucho calor. Lo natural que pase por las condiciones que tiene la planta, la fija exposición al sol y el fuerte calor hará que día a día la planta se vaya secando. Pero ¿qué pasaría si un día tomas la decisión regarla a diario? La planta dejaría de desgastarse, y más bien se rejuvenecería con el agua, hasta tomar fuerzas para continuar con su crecimiento. De la misma manera, si tú has creído en Cristo como tu Señor y Salvador, las Escrituras te dicen que en tu interior está el Espíritu Santo (Ef. 1:13; 2 Co. 1:22).

Ahora tienes una relación muy especial con Dios (Jn. 14:21; Col. 1:21-22). Jesús está contigo siempre (Mt. 28:20). Tu alimento espiritual es la Palabra de Dios (Mt. 4:4; Sal. 19:7-11). Por tanto, Dios día a día te dará fuerzas para continuar.

Un punto importante de aclarar es que Pablo estaba convencido de estar caminado de acuerdo a la voluntad de Dios, cumpliendo los propósitos de Dios, en el ministerio que Dios le había encomendado (2 Co. 4:1). Y es por ello que no desmayaba, es por ello que Dios le daba fuerzas, porque lo fortalecía para cumplir aquello que Él quería que hiciera.

Si estás cumpliendo con lo que Dios te ha mandado hacer, si estás caminando dentro de Sus propósitos, si día a día buscas a Dios por medio de la oración y las Escrituras, tendrás fuerzas para seguir adelante sin importar ninguna circunstancia por muy difícil que sea. Esto no quiere decir que Dios te quitará las adversidades, aunque lo puede hacer y en muchas ocasiones lo hace, pero sí quiere decir que sea que la quite o que la deje, al estar tú apegado a Él, te dará nuevas fuerzas día a día para que sigas adelante.

Mira lo que Pablo dice en su segunda carta a Timoteo hablando de su presentación como preso ante las autoridades correspondientes: “En mi primera defensa nadie estuvo a mi lado, sino que todos me abandonaron; que no se les tenga en cuenta. Pero el Señor estuvo conmigo y me fortaleció, a fin de que por mí se cumpliera cabalmente la proclamación del mensaje y que todos los gentiles oyeran. Y fui librado de la boca del león” (2 Tim. 4:16-17, énfasis añadido). Dios hace esto con Sus hijos, Dios hace esto contigo que le has confesado como Señor, está a tu lado y te da fuerzas.

De manera que si te sientes desfallecer, si te estás desanimando, ve al Señor, dile que te está costando caminar, reconoce tu situación, busca al Señor allí en lo secreto de la oración, en las Escrituras, en la adoración, en la meditación, busca a Dios de tal manera que puedas decir como Pablo “no desfallecemos, antes bien, aunque nuestro hombre exterior va decayendo, sin embargo nuestro hombre interior se renueva de día en día”.

 

Espera en los próximos días la segunda parte de este artículo.