¿Por qué los cristianos ayunan?

    ¿Por qué los cristianos ayunan?
    John Piper Responde

     
     
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    El ayuno es el acto de estar sin alimentos durante un cierto período de tiempo. El acto no es netamente cristiano, y tampoco es netamente espiritual. Podría ser únicamente físico. Y por eso, Pastor John, todo el tiempo recibimos preguntas acerca del ayuno cristiano. ¿Qué es y por qué lo hacemos? ¿Cómo formularías este debate y presentarías el ayuno cristiano?

    J.P Ante todo, vamos a definir lo que es el ayuno. He aquí una definición del ayuno generalmente aceptada entre los cristianos durante siglos. El ayuno es una renuncia momentánea de algo que es bueno en sí mismo, como la comida, con el fin de intensificar nuestra expresión de necesidad de algo mayor, a saber, Dios y Su obra en nuestras vidas.

    Si lo definimos de ese modo, el ayuno no es un mandamiento explícitamente dado en la Biblia para los cristianos. El ayuno no ocupa el mismo lugar en el cristianismo como, por ejemplo, en el Islam. El ayuno que hacen los musulmanes en el mes del Ramadán en el Islam es obligatorio para todo musulmán verdadero. No puedes afirmar ser un musulmán si dices: “No voy a hacer el Ramadán”. El ayuno no ocupa esa clase de lugar en el cristianismo. Pero aun cuando no hay un mandato de ayunar en el Nuevo Testamento, no obstante hay indicaciones de que era algo normal y que Jesús esperaba que sucediera entre Sus seguidores.

    Por ejemplo, en Mateo 6:16–18, Jesús dice: “Y cuando ayunéis, no pongáis cara triste, como los hipócritas; porque ellos desfiguran sus rostros para mostrar a los hombres que están ayunando. En verdad os digo que ya han recibido su recompensa. Pero tú, cuando ayunes, unge tu cabeza y lava tu rostro, para no hacer ver a los hombres que ayunas, sino a tu Padre que está en secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará”.

     

    Así que, varias cosas se destacan de este pasaje. Una es que Jesús dice: “Cuando ayunes”, no “Si ayunas”. Esto es lo que quiero decir cuando digo que aparentemente, Él espera que Sus seguidores ayunen.

    Pero lo más claro de este pasaje es que Jesús insistió en que nuestro ayuno no se debe hacer con tal de impresionar a las demás personas. De hecho, deberíamos hacer todo lo posible, dice Él, lo mejor que podamos—lavarnos el rostro, peinar nuestro cabello— para evitar que la gente sepa que estamos ayunando. Y esto le da al ayuno para los cristianos un enfoque radical hacia Dios. Y en este sentido, el ayuno es una gran prueba y una confirmación de que Dios es real para nosotros, pues en muchas situaciones Dios es la única persona que sabe que estás ayunando. Y la disciplina no puede impresionar a nadie, y todo lo que puede hacer es demostrar si tú y Dios están haciendo alguna transacción.

    Otro pasaje importante para el significado del ayuno cristiano es Mateo 9:14–17.

    Jesús compara el antiguo ayuno precristiano con los odres viejos y el ayuno que harán Sus discípulos con el vino nuevo que no es adecuado para los odres viejos pues los reventará. En otras palabras, hay algo Nuevo acerca del ayuno cristiano que lo separa del ayuno que encontramos en el Antiguo Testamento. No son la misma cosa. Esto es lo que dice:

    Entonces se le acercaron los discípulos de Juan, diciendo:

    ¿Por qué nosotros y los fariseos ayunamos, pero tus discípulos no ayunan? Y Jesús les dijo: ¿Acaso los acompañantes del novio pueden estar de luto mientras el novio está con ellos? Pero vendrán días cuando el novio les será quitado, y entonces ayunarán. Y nadie pone un remiendo de tela nueva en un vestido viejo; porque el remiendo al encogerse tira del vestido y se produce una rotura peor. Y nadie echa vino nuevo en odres viejos, porque entonces los odres se revientan, el vino se derrama y los odres se pierden; sino que se echa vino nuevo en odres nuevos, y ambos se conservan.

    Jesús dice que Sus discípulos no ayunan mientras Él está con ellos. Él es el Novio que está presente. No ayunamos cuando el Novio está presente. Pero cuando Él se haya ido, Él dice, como así sucedió, Él regresó al cielo, entonces, Sus discípulos ayunarán. Y lo que esto parece indicar es que el ayuno cristiano es una forma de expresar nuestro anhelo por el regreso del Novio, Jesucristo nuestro Rey. Esa es la conexión entre el ayuno y la segunda venida dee Cristo.

    Uno de los significados del ayuno cristiano es que expresamos nuestra hambre por el regreso del Señor Jesús y que ejerza su reinado en este mundo.

    Lo que destaca al ayuno Cristiano como único — el vino Nuevo que se coloca en odres viejos— es que Cristo ya ha venido. El Novio, el Rey, ya ha estado aquí. Ya lo hemos visto y conocido. Lo amamos porque ya hemos saboreado Su presencia. Ya hemos saboreado la presencia del reinado de Jesús.

    Así que el ayuno Cristiano no es simplemente esperar, anhelar, tener hambre y dolernos por algo futuro. Está basado en un “ya” y no solamente en el “todavía no”.

    El Rey ya ha venido. Él murió por nuestros pecados. Él se levantó de entre los muertos. Él ya ha ascendido al cielo. Ya tenemos el anticipo en nuestros corazones de Su presencia y Su Espíritu, pero anhelamos y tenemos hambre de la consumación del día de Su regreso, Su venida y Su reinado. Así que, el ayuno cristiano es único entre los ayunos del mundo. Es único en que expresa más que un anhelo por Cristo o el hambre de Su presencia. Es un hambre que tiene raíz, base y ya está presente en la realidad experimentada de Cristo en la historia y en nuestros corazones.

    *Ayunar en necesidad*

    Permítanme dar un pasaje más que nos lleva al sentido de lo que es el ayuno para los cristianos. En Hechos 13:1–3 hay una Hermosa ilustración de la manera en que el ayuno se convirtió en un instrumento para aferrarse a Dios para darle forma al ministerio que cambiaría al mundo. Dice así:

     

    En la iglesia que estaba en Antioquía había profetas y maestros: Bernabé, Simón llamado Niger, Lucio de Cirene, Manaén, que se había criado con Herodes el tetrarca, y Saulo. Mientras ministraban al Señor y ayunaban, el Espíritu Santo dijo: Apartadme a Bernabé y a Saulo para la obra a la que los he llamado. Entonces, después de ayunar, orar y haber impuesto las manos sobre ellos, los enviaron.

     

    Así que los líderes de la iglesia estaban ayunando, al parecer, para expresarle a Dios sus propias necesidades, anhelos y deseos con sus cuerpos de que Dios los guiara en sus avances misioneros. Y Dios les dio una respuesta que transformó al mundo por completo, pues la misión que emprendieron Bernabé y Saulo (o Pablo) fue uno de los esfuerzos misioneros más importantes de la historia mundial, ya que el avance del evangelio llegó hasta el imperio romano occidental y nada en el mundo ha sido igual desde entonces.

    *Ayunar como forma de adoración*

    Entonces, permítanme sintetizar el meollo del ayuno cristiano y la razón por la que nosotros, los cristianos, lo hacemos. Una forma de decirlo es que el ayuno es la sierva hambrienta de la fe.

    El ayuno no es un sustituto de la fe en Jesús. Es una sierva de la fe en Jesús.

    Ayunar es una manera de decir con nuestro estómago y todo nuestro cuerpo cuánto lo necesitamos, deseamos y confiamos en Jesús.

    Es una manera de decir que no vamos a ser esclavizados por la comida como nuestra fuente de satisfacción. Utilizaremos nuestra renuncia a la comida de vez en cuando para expresar que Jesús es mejor que la comida. Jesús es más necesario que la comida.

    La comida es algo bueno. No nos equivoquemos en esto. No somos ascetas que nos negamos la bondad de la creación de Dios. La comida es algo bueno. Es un regalo de Dios y con ella, lo glorificamos a Él de dos maneras, no sólo una. Nos alimentamos con gratitud por la bondad de Dios y dejamos de comer por tener hambre de Dios.

    Cuando nos alimentamos, saboreamos gustosamente el símbolo de nuestra comida celestial, el Pan de vida, Jesús mismo.

    Y cuando ayunamos, decimos: amo la realidad más de lo que amo al símbolo. Tanto la alimentación como el ayuno son maneras de adoración para el cristiano. Ambas magnifican a Cristo.

    Y, por supuesto, ambas tienen sus peligros singulares. El peligro de la alimentación es que nos enamoramos del regalo. Y el peligro del ayuno es que menospreciamos el regalo y nos jactamos de nuestra fuerza de voluntad, de nuestra disciplina.

    Pero en el mejor de los casos, el ayuno Cristiano no es el menosprecio del buen regalo de la comida. Simplemente, es un signo de exclamación sincero de cuerpo y alma al final de la oración: ¡Te amo, Dios. Te necesito más que a la comida, más que a la vida!