Por qué los hijos cristianos abandonan la fe

Pocas cosas son más tristes de presenciar que las personas que después de haber profesado la fe lo dejan todo atrás. Esto es especialmente cierto cuando esas personas fueron criadas en hogares cristianos por padres temerosos de Dios. Estos hijos tuvieron muchas oportunidades de poner su fe en Jesús pero más bien decidieron darle la espalda. ¿Por qué tomarían una decisión tan trágica?

Hace varios años, Tom Bisset realizó un estudio de personas que habían abandonado la fe. Como quería que esto fuera más que un análisis estadístico, él realmente se sentó con las personas a entrevistarlas y pedirles detallada información sobre cuándo, por qué y cómo abandonaron su fe. Cuando recopiló su investigación llegó a las cuatro razones más prominentes por las cuales las personas criadas en hogares cristianos finalmente dejaron atrás el cristianismo.

Abandonan porque tienen inquietantes preguntas no respondidas acerca de la fe. En esencia, ellos llegan a dudar que el cristianismo ofrezca respuestas convincentes a las preguntas difíciles, preguntas relacionadas con la ciencia, el sufrimiento, la sexualidad, y diversas otras materias cruciales. Sus dudas pueden ser intelectuales o académicas, teológicas o prácticas. Cualquiera que fuera el caso, se convencieron de que el cristianismo no ofrece realmente la verdad a quienes la buscan, de que sus respuestas no son razonables, ni realistas, o simplemente son erróneas. Al no estar ya satisfechos con las respuestas y afirmaciones del cristianismo, optan por la «honestidad intelectual» y buscan en otro lugar.

(Una solución a este problema es abordar las preguntas difíciles con nuestros hijos y mostrarles que el cristianismo ofrece una cosmovisión coherente y convincente que da cuenta de la ciencia, el sufrimiento, la sexualidad, y cualquier otra cosa que nos parezca apremiante o confusa. No tenemos nada que temer aun de las preguntas más difíciles de nuestros hijos).

Abandonan porque su fe no está funcionando para ellos. A pesar de haberlo intentado, y quizá incluso intentaron honesta y sinceramente, no lograron hallar la paz, el gozo o el sentido que la fe cristiana afirma ofrecerles. Su experiencia personal del cristianismo nunca pudo concordar con lo que se les había enseñado que creyeran sobre él. Su experiencia nunca pudo concordar con el modelo que vieron en amigos, pastores o padres, personas que expresaban la alegría y la satisfacción que tenían gracias a una relación con Cristo Jesús. Desalentados, abandonaron el cristianismo, seguros de que sus afirmaciones eran exageradas o simplemente falsas.

(Una solución para esto es ser vulnerables con nuestros hijos, y expresar que también nosotros experimentamos momentos de duda y desconfianza, y que a veces quedamos deseando respuestas que Dios no ha provisto. Debemos tener cuidado de no adornar excesivamente nuestra fe, no describir la vida cristiana como una vida libre de toda dificultad. Después de todo, la Biblia enfatiza tanto las alegrías como el sufrimiento que llegan a los que creen).

Abandonan porque han permitido que otras cosas cobren prioridad. Para algunas personas, el cristianismo es abiertamente rechazado y reemplazado por un sistema de creencias alternativo. Para otros, no obstante, el cristianismo es meramente desplazado por pasiones, inquietudes o énfasis rivales. Tal vez se comprometan con el éxito en los negocios y permitan que la religión quede relegada en el fondo, o quizá sigan apasionadamente el deporte y les parezca más emocionante y satisfactorio que su fe. Algunos soportan momentos de prueba o tormento, y en medio de esos problemas descubren que su fe ha quedado a medio camino. En cualquier caso, la fe, que en otro tiempo fue parte importante de sus vidas, pierde relevancia hasta que desaparece en el fondo. No es tanto que estas personas rechacen su fe, es más bien que pierden interés en ella o incluso la olvidan.

(Quizá la solución aquí sea que los padres enfaticen la centralidad de la iglesia local para la vida cristiana, pero sin permitir que caiga en el legalismo. Esta comunidad de cristianos puede ofrecer a los hijos amigos y mentores —incluso, o especialmente, mayores— que pueden apoyar, complementar o incluso corregir la formación que dan los padres. Los hijos pueden aprender que, al igual que sus padres, necesitan un lugar donde pertenecer, un lugar donde pueden servir y ser servidos).

Abandonan porque nunca poseyeron personalmente su fe. Estas personas ciertamente crecieron yendo a la iglesia y pasaron por todas las acciones de compromiso personal y grupos juveniles y devoción personal. Lo hicieron todo. Desempeñaron su papel. Convencieron a los demás y quizá incluso a sí mismos. Pero en todo momento, lo supieran o no, meramente se estaban conformando a los deseos y o expectativas de otras personas, de padres, amigos o pastores. Nunca habían puesto personalmente su fe en Jesucristo para salvación. Cuando crecieron y fueron lo bastante independientes para vivir a su manera, de buena gana —o quizá con renuencia— dejaron el cristianismo atrás. Lo dejaron porque nunca lo había poseído en realidad.

(Una solución aquí es predicar continuamente el evangelio a nuestros hijos y nunca dar por hecho que son salvos simplemente porque están en un hogar cristiano. Como padres, necesitamos preguntar regularmente a nuestros hijos si creen, expresar alegría cuando vemos evidencias de la gracia salvadora de Dios, y expresar preocupación cuando vemos desobediencia que pueda contradecir su profesión de fe).

Dios nos dice que siempre habrá trigo y cizaña. Incluso entre los hijos de padres creyentes habrá algunos que rechacen todo lo que sus padres han pensado. Algunos de ellos se rebelarán por algún tiempo y volverán. Otros no lo harán. Como padres, debemos comprometernos a la tarea de criar a nuestros hijos en la disciplina e instrucción del Señor, a enseñarles los hechos de la fe, a mostrar que ella responde nuestras preguntas y satisface nuestras necesidades, a insistir en que las buenas noticias del evangelio deben ser apropiadas personalmente. Hacemos lo que Dios nos llama a hacer, lo hacemos al máximo de nuestras capacidades, y confiamos los resultados —y nuestros hijos— a la buena providencia de Dios.

Obviamente el estudio de Bisset no es exhaustivo y hay muchos libros y estudios que ofrecerían perspectivas distintas. No obstante, los puntos principales suenan verdaderos en mi experiencia. He visto a muchos —demasiados— en cada categoría. ¿Y tú? ¿Cuáles consideras que son los factores más prominentes para explicar por qué las personas abandonan la fe de su infancia?