¿Por qué muchos abandonan la fe cristiana? – Parte 3

Nota del editor: esta es la tercera entrega (leer parte 1, parte 2) de una serie sobre por qué muchos abandonan la fe cristiana.

Hasta ahora, hemos visto al autor de Hebreos animando a sus oyentes a prestar mucha atención a la Palabra de Dios. Él les recuerda, como también a nosotros, lo fácil que es “desviarse”. No solamente prestamos más atención para que no nos alejemos, sino también para no ser castigados.

“Por tanto, debemos prestar mucha mayor atención a lo que hemos oído, no sea que nos desviemos… ¿cómo escaparemos nosotros si descuidamos una salvación tan grande?” (He. 2:1, 3).Por tanto, debemos prestar mucha mayor atención a lo que hemos oído, no sea que nos desviemos… ¿cómo escaparemos nosotros si descuidamos una salvación tan grande?” (Hebreos 2:1,3).

¿Cómo escaparemos nosotros si descuidamos una salvación tan grande?

Los versículos 2-3 nos dicen que los ángeles entregaron la Ley en el Antiguo Testamento y que ésta era confiable. De hecho, dice que todo aquel que la transgredió fue castigado. Toda violación y desobediencia recibió su justo castigo. Se ordenó al pueblo obedecer para vivir, porque si desobedecían, morían.

Ahora, ¡en el Antiguo Testamento había una diferencia entre el pecado involuntario y el quebrantamiento voluntario de la ley! Vemos en Números 15 que el pecado desafiante y deliberado fue castigado con la muerte. Así, por ejemplo, cuando un hombre fue encontrado recolectando leña el sábado, lo mataron (Nm. 15:32-36).

¿Fue excesivo? ¿Demasiado exagerado?

“Toda transgresión y desobediencia recibió una justa retribución” (He. 2:2).

Si la ley era intencionalmente quebrantada, entonces la persona sería cortada y condenada a muerte. Ahora, dice el autor de Hebreos, si eso es lo que Dios hizo en el Antiguo Testamento, ¿cómo escaparemos si descuidamos la salvación tan grande que poseemos en Jesús? ¿La respuesta? ¡No lo haremos!

“Mirad que no rechacéis al que habla. Porque si aquéllos no escaparon cuando rechazaron al que les amonestó sobre la tierra, mucho menos escaparemos nosotros si nos apartamos de aquel que nos amonesta desde el cielo” (He. 12:25).

Esto debería hacernos temblar.

Tal vez diríamos: “Seguramente un pequeño pecado está bien, estamos bajo la gracia después de todo”. Tal pensamiento es peligroso y necio. Debemos tener miedo al leer estos versículos. Deben hacernos correr de regreso a la cruz de Jesucristo.

Si nos encontramos a la deriva o lejos de Él, ¡entonces tenemos que regresar ahora mismo! No podemos seguir ignorando fríamente las demandas de Dios en nuestras vidas sin que eso llegue a tener algún efecto o algún resultado. Dios no pasa por alto nuestro pecado sólo porque afirmamos seguir a Jesús.

Imagínate dos veleros en una carrera en un río. Tú entras a uno de ellos y descubres que mientras eres empujado hacia al centro del río, no tienes remos en el barco. El otro velero se acerca hacia la meta. Tiene un motor y un timón. Tú flotas impotente abandonado a la misericordia de las fuerzas y corrientes invisibles, completamente fuera de control y sin sentido de dirección. La vida nunca se detiene y la corriente del mundo fluye en un solo sentido: hacia la destrucción. Se necesita esfuerzo y vigilancia para protegernos y luchar contra esta corriente sin remordimientos.

Estar a la deriva es una condición mortal, sólo te vas con la corriente. Debemos estar en guardia. Si nos desviamos sin control, entonces atraeremos el juicio espiritual sobre nosotros mismos. Si ignoramos a Jesús, entonces podemos esperar un juicio en proporción directa con la gravedad de la ofensa.

Mira lo que le pasó a un hombre que recogió un poco de madera; ¿Cuál crees que será el grado de juicio para aquellos que voluntariamente descartan el evangelio del amado Hijo de Dios? ¿Quién escupe el evangelio? ¿Quién se ríe de él? ¿Quién se burla de ello? ¿Quién lo trata con menosprecio?

Hay algunas personas en nuestras iglesias que están en gran peligro. Para algunas personas, habría sido mejor no oír el evangelio que encontrarse con Dios en el día del juicio, habiéndolo desechado luego de tenerlo tan cerca.

¿Cómo escaparemos? No habrá excusa para aquellos que rechazan el evangelio porque el autor señala que fue validado por la más alta autoridad.

Entonces, ¿qué hacemos hoy si sentimos que estamos empezando a desviarnos? ¿Cómo ayudamos a un hermano de hermana que sentimos que está alejándose del Señor?

“Tened cuidado, hermanos, no sea que en alguno de vosotros haya un corazón malo de incredulidad, para apartarse del Dios vivo. Antes exhortaos los unos a los otros cada día, mientras todavía se dice: Hoy; no sea que alguno de vosotros sea endurecido por el engaño del pecado. Porque somos hechos partícipes de Cristo, si es que retenemos el principio de nuestra seguridad firme hasta el fin” (He. 3:12-14).

No sé cómo es tu vida cristiana en este momento: muy dura, estresante, agotadora, molesta, decepcionante, frustrante, asombrosa, alegre, divertida, brillante, triste…

En algún momento todos nos cansaremos. En algún momento enfrentaremos la tentación. Nos enfrentaremos a decisiones difíciles. Nos encontraremos cara a cara con la oscuridad de nuestro propio corazón. No debemos descuidar lo que se nos ha enseñado acerca de Jesús. Debemos escuchar la voz de Dios a través de su Palabra y de su pueblo. Debemos animarnos unos a otros a perseverar.

“Por tanto, puesto que tenemos en derredor nuestro tan gran nube de testigos, despojémonos también de todo peso y del pecado que tan fácilmente nos envuelve, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante, puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, quien por el gozo puesto delante de El soportó la cruz, menospreciando la vergüenza, y se ha sentado a la diestra del trono de Dios. Considerad, pues, a aquel que soportó tal hostilidad de los pecadores contra sí mismo, para que no os canséis ni os desaniméis en vuestro corazón” (He. 12:1-3).

 

Artículo publicado en el blog de 20Schemes | Traducido por Ricardo Daglio