Es verano, las graduaciones se terminaron, los niños ya no van a la escuela y las vacaciones recién empezaron. Puede ser un tiempo emocionante. Sin embargo, para mucha gente el estrés aumenta cuando piensan en el futuro.  

Para estudiantes de la secundaria, el inicio de un nuevo capítulo de la vida está en el horizonte: ir a la universidad, conocer gente nueva, pensar en carreras, mudarse lejos de mamá y papá por primera vez. Los graduados universitarios pueden de igual manera estar bajo extrema presión. El verano después de mi graduación fue de constantes entrevistas de trabajo para los que estaba sobrecalificado, pero que necesitaba de todas maneras. Los padres harán todo lo posible por sus hijos en esos momentos, pero algunas veces todo lo que pueden hacer es solo mirar y orar. Con todos los cambios en la vida, los padres a menudo esperan que su familia continúe confiando en Dios. 

Desviarnos

Con el paso del tiempo, se cumplen nuestros planes y objetivos de vida y Dios puede ser sacado de la ecuación. Centrarnos en cosas aparentemente importantes en la vida, que en realidad no son esenciales, puede deprimirnos. Miro a mi alrededor y veo todo tipo de cosas que me llaman la atención, cosas que no son necesariamente malas. Centrarnos en el trabajo (o como antes, en los estudios), la familia, los hobbies, o incluso el perro, puede expulsar a Dios de nuestras vidas. Todas esas cosas son buenas y es importante planificar, pero no tenemos el futuro en nuestras manos. Esto se hace real en nuestras vidas cuando estamos en modo crisis o en un tiempo de cambio extremo. 

Podemos fácilmente caer en esta trampa cuando pensamos que incluso Dios es de algún modo un accesorio en nuestra agenda o planes. Nos vemos tentados a buscar a Dios para que cumpla nuestros deseos y sueños de la infancia. La ansiedad puede llenar rápidamente nuestros corazones respecto al futuro y tratar de planificar todo a la perfección puede llevarnos a muchas noches de insomnio. 

Pero el Señor usa esas situaciones no solo para revelar lo que hay en nuestros corazones (dónde están nuestros tesoros), sino también como indicadores. Algunas veces, las palabras de un amigo o el ánimo de un familiar nos recuerdan que debemos ver a Dios en acción al mostrarnos el camino de vuelta hacia Él. Completos desconocidos me animaron a dejar de sentir lástima por mí mismo y a buscar esperanza en Dios, a ser agradecido. 

Dios tiene reservado para nosotros algo más grande de lo que podemos imaginar (1 Cor. 2:9). Nuestros planes nunca se compararán a los Suyos. Él está en control y podemos confiarle nuestras vidas cualesquiera sean las circunstancias. 

Reenfocar nuestra atención

Jesús les dijo a sus discípulos: «Ustedes conocen el camino» (Juan 14:4). Cuando el Señor les enseñaba a sus discípulos en la Tierra, ellos tenían grandes planes, que luchaban por ganar su atención. Entendían el Reino de Dios, pero había un problema: su visión parecía interponerse en el camino de Jesús. Creían que podían mejorar el Reino de Dios. Como nosotros, pensaban que tenían el futuro resuelto. 

Como sus discípulos, sabemos qué es lo correcto. Sabemos que solo Dios controla el futuro, pero confiar parece ser algo muy difícil. Jesús aprovechó la oportunidad para enseñarles a sus discípulos cómo es la fe verdadera. Él nos llama a no aferrarnos con demasiada fuerza a este mundo y a ver que Él tiene todo ya resuelto. 

Estamos llamados a algo simple: a ver todas las cosas buenas en la vida como regalos que deberían estar en segundo lugar después de Dios. Dios tiene un plan que está llevando a cabo en nosotros, nuestros amigos, familiares e iglesias (Fil. 1:6). Él tiene el futuro en sus manos, por lo que podemos llevar a Él todas nuestras preocupaciones. 

Poner la fe en Dios

Jesús no les dijo a sus discípulos todo sobre la vida. De la misma manera, no nos dice a nosotros todo sobre cómo vivir, actuar o alcanzar el éxito. No nos dice qué hacer con el dinero que ganamos, con quién casarnos, o a qué escuela mandar a los niños. Debemos planificar lo mejor posible, pero hay mucho misterio en la vida. 

Jesús nos dice, sin embargo, que Él es el Camino, la Verdad y la Vida. El misterio sobre lo que está a la vuelta de la esquina lo podemos dejar a los pies de Dios. El futuro incierto se puede soltar. Podemos saber esto: puesto que Jesús hizo lo imposible por nosotros, nuestros futuros están seguros. Jesús confió plenamente en su Padre para que nosotros pudiéramos ir a Dios (Juan 14:6). 

Aún más, Jesús no solo nos guio a Dios; Él es Dios. Él es el Camino perfecto a la bondad y presencia del Padre, donde podemos echar nuestras cargas y confiar en su perfecto amor que nos guía hacia el hogar, aun cuando nos desviamos o todo parece inútil. Él está presente a lo largo de todo el camino. Su Espíritu nos da la capacidad para confiar en esa promesa. 

Jesús nos dice: «Tú conoces el Camino. Lo has encontrado en mí, por medio de mí y para mí. Solo sigue confiando en mí, sabiendo que mi poder se perfecciona en tu debilidad. Confía en mí y no habrá nada de qué temer». Porque sabemos que el futuro le pertenece a Dios, no debemos preocuparnos. 

Artículo anterior¿Crees que Dios salvará a tus hijos? 
Artículo siguiente¿Cómo estudio un tema específico de la Biblia?
Timothy Massaro 
Timothy Massaro ha escrito para Core Christianity, Modern Reformation y otras publicaciones. Supervisa el ministerio de Educación Cristiana en Resurrection PCA en San Diego y sirve como capellán de hospicio. Tiene afinidad por todas las cosas que J.R.R. Tolkien (excepto las películas) y tiene intereses en las intersecciones de filosofía y teología. Su mayor oración es que el evangelio en toda su belleza pueda reavivar una maravilla y alegría de la bondad de Dios en nuestros corazones y que nuestras vidas puedan adornar el evangelio. Conéctese con Timothy en Twitter @word_water_wine.