El New York Times recientemente publicó una columna titulada “Iglesias ansiosas por reabrir: Ahora son una fuente importante de casos de coronavirus”. La leyenda es alarmante: “El virus se ha infiltrado en los servicios dominicales, las reuniones de iglesia y los campamentos de jóvenes. Más de 650 casos han sido vinculados a instalaciones religiosas que volvieron a abrir”. Así es como comienza la historia:

Semanas después de que el presidente Trump exigiera que se permitiera reabrir los templos cerrados en los Estados Unidos, nuevos brotes del coronavirus están surgiendo en las iglesias de todo el país donde se han reanudado los servicios.

El virus se ha infiltrado en los sermones de los domingos, en las reuniones de ministros y en los campamentos de jóvenes cristianos en Colorado y Missouri. Ha golpeado a iglesias que reabrieron cautelosamente  a pesar del uso de máscaras y distanciamiento social en las bancas, así como a algunas que desafiaron los cierres y se negaron a prestar atención a los nuevos límites en el número de fieles.

Más de 650 casos de coronavirus han sido vinculados a casi 40 iglesias y eventos religiosos en todo Estados Unidos desde el comienzo de la pandemia, y muchos de ellos surgieron durante el último mes cuando los estadounidenses reanudaron sus actividades prepandémicas, según una base de datos del New York Times.

El artículo, que también llegó a la primera página del sitio político Drudge Report y a otros sitios de recopilación de datos, emplea un lenguaje muy sugestivo: Los brotes están creciendo; el virus se ha infiltrado, los casos han surgido, y así sucesivamente. Si bien afirma que muchas iglesias y ministerios han creado y seguido directrices estrictas relacionadas con el uso de mascarillas, el distanciamiento social y otras prácticas, se centra principalmente en las iglesias que “han permanecido en estado de rebeldía ante el aumento de las infecciones”. Se habla de la Iglesia Bautista Graystone en Ronceverte, Virginia Occidental, que estableció como opcional el uso de mascarillas y vio 51 casos conectados con ésta; de la Iglesia Pentecostal Unida Lighthouse en el Condado de Union, Oregón, que es responsable de “muchos” de los 356 casos locales; de Kanakuk Kamps en Missouri, a la que se le han atribuido 80 casos; y de Calvary Chapel de San Antonio, cuyo pastor invitó a sus feligreses a  abrazarse y rápidamente vio cómo unos 50 miembros se enfermaban.

Todo suena muy alarmante, pero ¿logra demostrar el Times que las iglesias son una fuente importante de infecciones? Ni siquiera se acerca. Desde los primeros días de la pandemia, este ha estado monitoreando los casos de coronavirus en los EE.UU. y en todo el mundo. Su indicador, que actualmente aumenta en unos 60 000 casos por día, tiene a Estados Unidos de América en “más de 3 millones” de casos totales. Un poco de matemáticas muestra que, incluso de acuerdo con sus propios números, las iglesias representan solo la más pequeña parte de ese total: alrededor del 0,02 por ciento.

Por supuesto, las iglesias deben seguir siendo cautelosas, especialmente cuando las infecciones aumentan en ciertas partes del país. Incluso si el Times no demuestra que las iglesias son un importante contribuyente, demuestra que los reporteros están observando a las iglesias y están ansiosos por informar sobre sus fracasos, no importa cuán insignificantes sean estadísticamente hablando. Y el experto en enfermedades infecciosas Carlos del Río, citado en el artículo, no se equivoca al señalar que las iglesias pueden representar “un escenario ideal para la transmisión”, porque “tienes mucha gente en un espacio cerrado”. Pero los cristianos lo saben, por lo que las iglesias han tomado precauciones, y por lo que son sabios para continuar aplicándolas y aprender de las congregaciones que han compartido sus experiencias con los brotes.

Me parece claro que el Times ha exagerado drásticamente el grado en que las iglesias han contribuido a esta pandemia. ¿Hay algún otro contribuyente del 0,02 por ciento que el Times esté cubriendo como “fuente principal” de casos de coronavirus? ¡No es probable! Y en su melodramático alarmismo se han perdido la verdadera historia de las iglesias y el coronavirus.

La verdadera historia de las iglesias y el coronavirus es su voluntad de cerrar sus servicios por un tiempo; de moverse a los servicios en línea; de crear y aplicar directrices de salud y seguridad; de abrir con precaución; de reducir la capacidad de asientos; de modificar elementos de sus servicios; incluso de adherirse a directrices que son más estrictas para las iglesias que para otros sectores o industrias. Kristen K. Waggoner de la Alianza Defensora de la Libertad dice con razón que “la gran mayoría de las iglesias cumplen o exceden las directrices federales de salud para la reapertura”. La verdadera historia de las iglesias y el coronavirus es la voluntad de los cristianos de ir más allá. En todo Estados Unidos y en todo el mundo, los cristianos hacen todo lo posible por expresar su amor a Dios adorándolo y también por expresar su amor al prójimo tomando todas las precauciones razonables. Es así como las iglesias merecen ser elogiadas, no recriminadas.