Latinoamérica enfrenta días de convulsión. El estado de tensión en Venezuela, protestas intensas en Chile, la renuncia del presidente de Bolivia, las marchas en Brasil por la liberación de el expresidente Lula da Silva, las elecciones en Argentina y la expectativa por las protestas en Colombia, de la misma manera, en Honduras, Guatemala y Costa Rica, todo esto son solo los pincelazos del panorama gris que en términos socio políticos enfrenta el continente.

Ante esto la iglesia debe mantener una respuesta que sea conforme a la biblia y dentro del marco de la ley, eso representa un gran desafío que no podemos reducir. Yo no pretendo resolver todas las cuestiones que están inmersas en esta tensión, sin embargo, creo que es pertinente que reflexionemos sobre los componentes involucrados y hacia donde debemos orientar nuestra respuesta.

No es tan simple como parece

Una de las cosas que se leen o escuchan de parte de cristianos frente a este panorama es que como creyentes no debemos involucrarnos en lo absoluto en las cosas que pasan en el escenario político y social.

Este reduccionismo a veces se disfraza de espiritualidad, no debemos hacer mas que orar, dicen algunos, sin embargo, aunque estoy convencido que es nuestro deber como creyentes orar por nuestros gobernantes y los que nos presiden (1 Tim 2:2), nuestro rol no debe ser necesariamente pasivo. Me refiero a que de ninguna manera orar por los gobernantes es un llamado a guardar silencio ante la corrupción, la injusticia y la violencia. Siempre podremos manifestar nuestros desacuerdos con mansedumbre, sobre todo si aquello en lo que diferimos se opone tajantemente al orden divino.

Otra forma de reducir nuestro papel como iglesia es el escapismo. Creer que debido a que esto hace parte de los acontecimientos que rodean el fin, debemos esperar que pasen mientras somos sacados de este mundo. De ninguna manera esperar el retorno del salvador nos exime de vivir en este mundo sobria, justa y piadosamente (Tít. 2:11), por lo que no debemos tomar esto como el trampolín para la indiferencia.

Así qué, aunque la ruta fácil es no hacer mucho y esperar que todo pase, hay más que eso realmente, pero es necesario que toda nuestra acción esté enmarcada en una cosmovisión bíblica consistente, de nuestros deberes y responsabilidades, una visión correcta del Estado y los gobiernos y por supuesto, en una visión correcta de Dios. Veamos:

Una visión correcta de nuestros deberes y responsabilidades

Como creyentes debemos considerar que aunque somos regidos por leyes terrenales, no todo lo que es permitido por dichas leyes nos es permitido como creyentes; me refiero a que no podemos ignorar nuestros deberes cristianos solo porque estamos amparados por los derechos que tenemos en el lugar donde vivimos. Nosotros somos primero cristianos y luego somos ciudadanos.

En ese orden, el derecho a marchar y protestar en las calles contra el gobierno no está por encima de nuestro deber de evaluar nuestras motivaciones y el testimonio del Evangelio, si realmente es una causa justa y si lo que se reprocha está en el marco general de la protesta.

No podemos considerar salir a la calle a marchar con una motivación correcta si esa motivación no es el propósito de la protesta en general y es lo que sucede en muchos casos en América Latina. Por ejemplo, se convoca a una marcha para frenar el alza de los impuestos y terminan quemando iglesias y arengando en favor del aborto y la inclusión.

Así qué, debemos examinar los motivos de nuestro corazón y si son conforme a la Palabra de Dios y al derecho, al mismo tiempo que si son en armonía con el espíritu de lo que se pide públicamente, si no hay relación alguna tal vez se deban buscar otras maneras.

A propósito, la protesta no es la única forma en la que buscamos la vindicación de la justicia. Dios nos ha dado el Evangelio, pero también una cosmovisión y por la gracia de Dios vivimos en gobiernos donde todavía podemos sostenerla con relativa tranquilidad. Generalmente las protestas son un mecanismo más reaccionario que programático.

Después de todo, parece más viable salir a la calle a reclamar justicia de vez en cuando que trabajarla cada día en las diferentes esferas de relación y creo que es en esto último en lo que el cristianismo debe concentrarse.

Por medio del Evangelio debemos promover la cosmovisión cristiana de la educación, la economía, los gobiernos, las relaciones laborales, etc. Esto seguro involucra un proyecto más paciente y de largo plazo, pero más eficiente sin duda alguna. Promover la adopción de niños desamparados, educación sólida e integral, integridad laboral, liderazgo y competencia, mayordomía, fondos de ahorros privados, beneficencia integral.  La iglesia debe tomar esto como desafíos serios si realmente pretende ser determinante en el curso de este mundo.

Una visión correcta del Estado y los gobiernos

Por otro lado, cuando se analiza con cuidado los motivos de las distintas formas de protesta que están ligadas a esta convulsión, uno se encuentra con un común denominador; la mayoría se concentran en lo que el Estado debe hacer, resolver o proveer. Son el resultado de la deificación del Estado y la manera en que este gustosamente ha aceptado ese rol.

Más subsidios sociales, más ayudas para educación, más dinero para los pobres, reducción de la desigualdad, menos impuestos, mas subsidios de desempleo, más aumento de los salarios y un largo etcétera, todas ellas ligadas al asistencialismo que ha sido casi patentado en América Latina como un modelo socioeconómico definitivo.

Creo que entender más nuestras responsabilidades personales nos va a llevar a tener una visión distinta del Estado y por lo tanto una respuesta más informada ante las injusticias y las aparentes injusticias.

Al respecto, la biblia, por ejemplo, presenta al individuo como fuerza productiva de trabajo (Gen 3:19), el derecho a la protección de la propiedad privada individual (Ex 20:15) y la laboriosidad como mandato (2 Tes 3:10), de modo que salir a protestar para reclamar el asistencialismo de los gobiernos es algo que debe revisarse, al menos entre nosotros como cristianos.

Por otro lado, aun cuando los gobiernos incidan de alguna manera con opresión o impidan tener las condiciones para el desarrollo libre y bíblico de nuestra productividad, nuestra respuesta no debe ser reaccionaria y menos tendenciosa, y es allí en la que pasajes como 1 Pedro 2: 13-17 son relevantes:

 Por causa del Señor someteos a toda institución humana, ya sea al rey, como a superior, y a los gobernadores, como por él enviados para castigo de los malhechores y alabanza de los que hacen bien. Porque esta es la voluntad de Dios: que haciendo bien, hagáis callar la ignorancia de los hombres insensatos; como libres, pero no como los que tienen la libertad como pretexto para hacer lo malo, sino como siervos de Dios. Honrad a todos. Amad a los hermanos. Temed a Dios. Honrad al rey.

Estos primeros cristianos a los que Pedro escribe enfrentaron gobiernos verdaderamente tiranos y represivos, pero lo que dice Pedro es que eso era una oportunidad para ellos “hacer callar la ignorancia de los insensatos” esto es, dar testimonio de una conducta piadosa y al mismo tiempo del Evangelio, de Jesús quién sufrió también por nosotros para darnos ejemplo y mostremos así su camino.

Esto, por supuesto es distinto a la pasividad a la que me referí en el principio, este sometimeinto es activo toda vez que es intencional en dirigir a las personas al motivo de ese sometimiento, Cristo, su sacrificio su Evangelio.
¡Oh, que Dios nos lo concediera!

Una visión correcta de Dios

Por último, y no por eso menos importante, necesitamos una visión correcta de Dios, y con esto me refiero a una visión teológica y bíblicamente consistente.

Dios es Dios, no el Estado; Dios es Soberano, no el Estado; Dios es omnipresente, no el Estado; Dios es Todo Poderoso, no el Estado; Dios es Eterno, no el Estado.

Estas fueron las Palabras de uno de los gobernantes más poderosos en la historia de las civilizaciones, Nabucodonosor de Babilonia:

Mas al fin del tiempo yo Nabucodonosor alcé mis ojos al cielo, y mi razón me fue devuelta; y bendije al Altísimo, y alabé y glorifiqué al que vive para siempre, cuyo dominio es sempiterno, y su reino por todas las edades. 

Todos los habitantes de la tierra son considerados como nada; y él hace según su voluntad en el ejército del cielo, y en los habitantes de la tierra, y no hay quien detenga su mano, y le diga: ¿Qué haces? (Dn 4:34-35)

Necesitamos recordar que Él gobierna sobre los gobiernos y que Su Soberanía triunfará. Debemos descansar en Su decreto poderoso.

Debemos recordar además que todo lo que ahora vemos desaparecerá un día, que los gobiernos injustos, los gobernantes tiranos, la corrupción, la violencia y la maldad, todo esto solo será un recuerdo de Su triunfo y Su poder y aunque ahora aguardamos responsablemente por ese día, podemos estar seguros que vendrá y cobrar aliento para nuestras almas en eso.

Ven pronto Señor, ven pronto Señor.

Amén.