Todos somos teólogos

Durante años me puse como objetivo publicar todos los días algo que les sirva de ánimo, desafío e instrucción a las personas, o que de otra manera les brinde algún beneficio espiritual. No es de sorprenderse que recibo toda clase de comentarios, y hay algo que, más que cualquier otra cosa, me desalienta y me deja consternado. Me refiero a que los que han sido cristianos durante muchos años revelan que solo tienen un conocimiento teológico ínfimo o, peor aún, revelan que tienen la idea de que el conocimiento teológico es innecesario, o incluso, algo malo. Esto es tristemente común y siempre resulta trágico.

Desde luego, la ignorancia es la expectativa en los nuevos convertidos —todos comenzamos con un conocimiento que es minúsculo y defectuoso. Pero la ignorancia causa preocupación cuando la gente ha profesado la fe durante muchos años o han estado en la iglesia por varias décadas, pero que jamás han avanzado más allá de las cuestiones básicas. En muchos casos, a la gente nunca se le ha dicho que existe una categoría llamada “teología”. Tal vez, a ellos solamente le han dicho que “el cristianismo no es una religión, sino una relación”. Pese a que es cierto y precioso que tenemos una relación con Dios, la fe cristiana es un cuerpo de verdades sustanciales, establecidas, ordenadas y unidas. Tal vez se les ha dicho que la teología es peligrosa, que “la doctrina divide”. O quizás se les ha dicho o enseñado que la teología es aburrida, que la búsqueda sin propósito o incluso orgullosa del conocimiento nos impulsa a golpear a los demás con las verdades de la Escritura. Ciertamente, mucha gente usa abusivamente la teología de esta manera, pero ella es mucho más y mejor que eso.

No podremos conocer verdaderamente a Dios ni vivir para Él hasta que conozcamos las verdades que Dios nos ha dado sobre Sí mismo.

La teología, comprendida apropiadamente y puesta en práctica bíblicamente, no es la acumulación de datos complicados, sino el conocimiento verdadero y exacto que tiene la intención de obrar en nuestros pensamientos y en nuestras vidas. Si tenemos un gran conocimiento de Dios, podremos tener grandes pensamientos acerca de Él. Si tenemos grandes pensamientos acerca de Dios, podremos vivir mejor para Él. Si vivimos mejor para Dios, le glorificaremos aún más. Por tanto, la teología no tiene la intención de servir a uno mismo, sino a los demás y, por medio de ellos, glorificar a Dios. No podremos conocer verdaderamente a Dios o vivir para Él hasta que conozcamos las verdades que Dios nos ha dado de Sí mismo. Es decir, no podremos conocer verdaderamente a Dios tal cual es ni vivir como Él quiere si rechazamos o menospreciamos la teología.

Todos somos responsables delante de Dios de conocer estas cosas verdadera y correctamente, de alinear nuestro conocimiento con la fuente de la verdad que Dios nos ha dado en Su Palabra. Todos somos responsables de profundizar y mejorar este conocimiento, de crecer más y más en Él y asegurarnos de que sea más preciso con el paso del tiempo. ¿Qué más nos puede ayudar a “guardar el buen depósito”? ¿De qué otra manera podremos ser “transformados en la renovación de nuestra mente”?

Lo que muchos no logran entender es que el problema no es si tenemos teología, sino examinar si nuestra teología es verdadera o falsa. Todos tenemos ideas acerca de la existencia, el carácter y las acciones de Dios. Todos tenemos ideas acerca de la humanidad, de nuestro lugar y propósito en este mundo, y acerca de nuestra relación con Dios. Todos actuamos con base en nuestras ideas y convicciones. Todos somos teólogos, y la única cuestión es examinar si somos buenos o malos teólogos.