“Busca lana y lino, y con AGRADO trabaja con sus manos”

(Pr. 31:13 énfasis añadido).

Como mujeres que anhelamos edificar nuestro hogar, algunas veces puede resultar abrumador cumplir con todas las responsabilidades que recaen sobre nosotras; pero a pesar de esto, debemos aprender a descansar en nuestro Señor, confiadas en que mañana será otro día en donde sus misericordias se renovarán.

Hacer nuestra tarea de manera reposada y con agrado, se revela en la Escritura cuando el apóstol Pedro dice a las mujeres que, la forma de cultivar una belleza interna que es preciosa delante del Señor se manifiesta teniendo un espíritu tierno y sereno (1Pe. 3:4), refiriéndose a un espíritu descansado, calmado que mantiene la paz y la tranquilidad como forma de vida.

Pero pensamos, ¿cómo podemos descansar en medio de tantas cosas que tenemos que hacer? Y, ¿cómo puedo hacer todo esto sin sentirme agobiada, intranquila y agotada?

Preguntas válidas, y mucho más en esta época de cuarentena. Es común escuchar a mujeres cuestionando de la siguiente manera: “El trabajo en casa se me ha duplicado y hay días que creo que no puedo mas, ¿y tú me dices que debo hacerlo todo esto con gozo, como la mujer de Proverbios 31?” En realidad, no lo digo yo, lo dice el Señor.

Quiero animarte a que recuerdes que los mandamientos del Señor no son gravosos (1 Jn. 5:3) y, por tanto, este pasaje de la mujer virtuosa no es para cargarnos, sino para recordarnos que en nuestras propias fuerzas es imposible agradarle al Señor. Necesitamos de Su gracia, Él está con nosotros en medio de nuestra vida diaria aun en medio de las tareas más sencillas del hogar.

Hoy quiero compartir contigo 2 verdades que nos ayudarán a tener un espíritu sereno en medio de todas nuestras tareas diarias.

Escoge la mejor parte

No sé si estás familiarizada con la historia de Marta y María. Dos hermanas que conocían al Señor Jesús, tenían una cercanía especial con Él, seguramente por la relación que Jesús tenía con su otro hermano, Lázaro.

Ellas vieron llorar al Señor y seguramente pasaron tiempos preciosos con Él. Ambas mujeres amaban al Mesías. Sin embargo, esta historia nos muestra como cada una de ellas tenia prioridades distintas.

“Mientras iban ellos de camino, El entró en cierta aldea; y una mujer llamada Marta le recibió en su casa. Y ella tenía una hermana que se llamaba María, que, sentada a los pies del Señor, escuchaba su palabra. Pero Marta se preocupaba con todos los preparativos; y acercándose a El, le dijo: Señor, ¿no te importa que mi hermana me deje servir sola? Dile, pues, que me ayude. Respondiendo el Señor, le dijo: Marta, Marta, tú estás preocupada y molesta por tantas cosas; pero una sola cosa es necesaria, y María ha escogido la parte buena, la cual no le será quitada” (Lc. 10:38-42). 

¿Te identificas con Marta? ¿Haces de todo para que esté en perfecto orden y dejando a un lado la mejor parte? Marta estaba haciendo algo bueno, era hospitalaria, preparaba todo para sus invitados, y vemos en la Escritura que la hospitalidad es una de las virtudes que el Señor demanda de los cristianos (Rom 12:13).

Pedro también anima a los creyentes a ser hospitalarios (1 P 4:9). Pablo por su parte habla de la hospitalidad como una característica de los ancianos de la iglesia (1 Tim 3:2, Tito 1:8), es decir, está de acuerdo con la voluntad del Señor. Lo que estaba haciendo Marta no era en sí mismo malo, pero no era lo prioritario en ese momento.

Marta estaba dedicada a servir, pero bajo la angustia. Ella estaba abrumada, exhausta y la Escritura dice que se “preocupaba”. Esta palabra en el idioma original se usaba para decir que alguien se estaba alejando de su punto de referencia, de donde verdaderamente debía llegar, literalmente se estaba dejando arrastrar por algo que la hacia alejar de su prioridad. Justo esto pasaba con Marta, su enfoque estaba distanciado de lo que era prioritario, dirigiendo su atención a diferentes cosas que la hacían estar muy ocupada y, por lo tanto, sobrecargada.

Así como Marta, a veces nos desenfocamos en buscar la mejor parte. Ella tenia a Jesús, al Mesías, a Dios mismo hecho carne en su casa, pero su enfoque fue preparar todo para los invitados. Marta estaba haciendo lo bueno sirviendo, pero estaba descuidando la mejor parte, la que nunca hubiera sido quitada, y era sentarse a los pies del Maestro.

Jesús exhortó sobre esto a los escribas y fariseos, llamándolos hipócritas, porque hacían algunas cosas de acuerdo con la ley, pero descuidaban otras que eran muy importantes.

Mateo 23:23 “¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas!, porque pagáis el diezmo de la menta, del eneldo y del comino, y habéis descuidado los preceptos de más peso de la ley: la justicia, la misericordia y la fidelidad; y estas son las cosas que debíais haber hecho, sin descuidar aquellas.”

Hermanas, es importante que sirvamos en nuestro hogar, que amemos a nuestro esposo y a nuestros hijos, pero ¡no podemos descuidar nuestra mejor parte! que es nuestro tiempo con el Señor. Así como Marta, estamos tentadas en caer en los muchos quehaceres, en el mucho servicio, sin tener un tiempo precioso diario a los pies del Señor en la meditación de Su Palabra y en oración ferviente.

Usualmente entre mas ocupaciones tenemos, menos tiempo pasamos con el Señor. Esto no debería ser así, por el contrario, a más responsabilidades, más dependencia del Señor deberíamos tener.

Recordando que separadas de Él nada podemos hacer. Martin Lutero dijo unas palabras útiles con respecto a esto: “Tengo tantas cosas qué hacer que debo invertir las primeras tres horas de mi día en oración”. Marta fue un claro ejemplo de una mujer que quería hacer lo agradable a Dios, pero con un espíritu intranquilo, llevándola a dejar de lado la mejor parte.

Hermanas, no seamos como Marta. Todo puede esperar, todo puede hacerse después, menos nuestro tiempo con el Señor. Este tiempo es NECESARIO para nuestras vidas, y cuando olvidamos esto, empezamos a hacer todo en nuestras fuerzas y por tanto lo hacemos agobiadas y sin gozo.

No te compares con otras

Es común que nos comparemos con las demás. Hay hermanas que tienen hijos pequeños, así que sus prioridades son diferentes de aquellas que tienen hijos mayores. No puedo comparar mi casa con la casa de mi amiga, todas estamos en etapas y con prioridades diferentes, dependemos de las necesidades de nuestra familia en la etapa que estemos.

Lo que es importante, es que tengamos el cuidado adecuado en edificar nuestro hogar como tarea principal en nuestra vida, debemos aprender a discernir de qué manera podemos servir a nuestra familia de la mejor forma en la etapa en la que estamos.

Marta estaba tan ocupada que lo primero que hace cuando ve a su hermana sentada a los pies de Jesús, es acusarla, comparándose con ella. Esto no lo dice la Biblia, pero la imagino pensando: “¿cómo puede ser esto posible?, ya van a llegar los invitados, me faltan tantas cosas por hacer y mi hermana esta sin hacer nada”.

Lo que tenía en su corazón lo expresó al Señor, acusando a María de no hacer nada e incluso su descontento nubló su entendimiento y terminó recriminando al creador del universo, a Jesucristo, de no importarle su situación.

El pastor John MacArthur escribe con relación a este texto:

“Específicamente, Marta acusó a Jesús de no importarle que su hermana la dejara servir sola. Y que, si a Él no le daba lo mismo, entonces debía decirle a María que le ayudara a llevar la carga de servir. Después de acusarlo falsamente de no preocuparse, Marta se atrevió a decirle al Señor exactamente qué debía hacer, sugiriendo que la voluntad y los planes de ella eran más importantes que los de Él. Ella había perdido la perspectiva; estaba totalmente fuera de control; su visión de la realidad se le había desviado de manera severa. Marta estaba preocupada por el pan y la comida del cuerpo, mientras que el enfoque de María estaba en el Pan de Vida que alimenta el alma (cp. Jn. 6:33, 35, 48, 51)[1]”.

Cuando nos comparamos con otras, estamos diciéndole al Señor “no te importa mi situación”, hay hermanas que pueden tener diferentes cargas, diferentes desafíos, pero todas estamos llamadas a cuidar de nuestro hogar y agradar al Señor en esta preciosa tarea, para la gloria de Dios y no para el ojo humano.

Si estamos abrumadas por nuestras responsabilidades diarias, recordemos que podemos pedirle al Señor por cualquier cosa en acción de gracias y Él nos dará paz (Fil. 4:6-7) y así podremos continuar con nuestros días siendo edificadores del hogar con un espíritu sereno que es agradable a los ojos de Dios.


[1] John MacArthur, Lucas, trans. Ricardo Acosta, Comentario MacArthur del Nuevo Testamento (Grand Rapids, MI: Editorial Portavoz, 2016), 660.