Una compañía de héroes  (Reseña)

Una compañía de héroes, reseña

Escribo esta reseña al final de un viaje de un año alrededor del mundo del nuevo de libro de Tim Keesee, A company of heroes (Una compañía de héroes). El año pasado abordé doce veces un avión y empecé un viaje largo a una nación distante. Doce veces desembarqué, me orienté y comencé a buscar —objetos relacionados con la larga y legendaria historia de la iglesia cristiana. Busqué en universidades y catedrales, bibliotecas y museos, siempre en la busca de objetos que cuenten una historia más allá de ellos mismos.  

Encontré artefactos increíbles. En los Archivos Nacionales del Norte de Irlanda. Encontré la Biblia que Amy Carmichael había estudiado minuciosamente durante tantos años siendo inválida en el sur de la India. En un museo en Inglaterra encontré la tabaquera que Andrew Fuller había sacado de su bolsillo y la había pasó por toda habitación como una canasta de recolección improvisada después de la fundación de la Sociedad Bautista Misionera. En una nueva exhibición en China encontré la lápida de Hudson Taylor que tenía muchos años perdida, descartada y cubierta por el gobierno comunista. Encontré todo eso y mucho más. Fue un año inspirador. 

Sin embargo, en el curso del año, lentamente se despertó en mí ese pensamiento de que estaba descubriendo algo mucho mejor, un tesoro aún más precioso. A todos los lugares que fui conocí a cristianos. Aterricé en la importante ciudad en China y fui inmediatamente recibido para comer con el pastor de la iglesia subterránea. Aterricé en Australia y fui invitado a quedarme con una pareja de recién casados que habían preparado una habitación extra especialmente para mí.  

Volé por Auckland, Nueva Zelanda, y fui invitado a quedarme tanto como quisiera en la casa de unos creyentes ahí. En Inglaterra, e India, y Corea del Sur hermanos y hermanas en el Señor con alegría dieron de su tiempo para manejar muchas millas por mí y proveerme de tours personalizados. Me uní a servicios formales o informales en Brasil, Ecuador, Israel, Las Filipinas, Sudáfrica, Zambia y otros lugares. 

Aprendí que aunque esos tesoros legendarios de la historia de la iglesia son inspiradores y dignos de ver, los tesoros más grandes no pueden ser encontrados detrás de las vitrinas de los museos. Los artefactos más valiosos de la historia de la fe cristiana no están perfectamente etiquetados en las pilas de la biblioteca.  

Las reliquias más duraderas no están en archivos polvorientos en un sótano. Esos objetos son maravillosos e inspiradores y dignos de ser perseguidos alrededor del mundo. Pero el verdadero tesoro se encuentra en esos elegantes edificios y chozas destartaladas que llamamos iglesias. El mayor tesoro es el pueblo redimido de Dios. 

Por años, Tim Keesee ha recorrido el mundo en busca de tal tesoro. Su búsqueda lo ha llevado hacia pastores en las naciones más peligrosas en el mundo, a misioneros que han dejado a su familia y comodidad para llevar el evangelio a tierras distantes, y a gente en su pueblo natal que han trabajado en silencio, pero fielmente. La mayoría de su búsqueda está documentada en estas series de videosDispatches from the Front” (Envíos desde el frente) que he visto y recomendado innumerables veces.  

Recientemente, me he emocionado al verlo empezar también a documentarlo en libros como este. Con un ojo en el presente y otro en el pasado, él cuenta poderosamente las historias de hombres y mujeres dedicados de hoy y de tiempos pasados. Te animo a que te unas a él en su viaje, que vengas y conozcas los mayores tesoros en el mundo. 

(Esta es mi postura con respecto al libro “A Company of Heroes” (Una compañía de héroes), pero también es mi reseña del libro).