Viendo la bondad de Dios en las tormentas de la vida 

Esta vida puede estar llena de un sinfín de cosas que nos tientan a dudar de que Dios sea verdaderamente bueno. Vemos que la gente se enferma, o incluso nosotros mismos podemos recibir un mal diagnóstico, y dudamos de que Dios sea realmente bueno. Vemos que hay injusticia, abuso y desigualdad, y no vemos que Dios actúe para arreglarlo, y podemos ser tentados a dudar de que Dios sea bueno. Sentimos el dolor de las relaciones rotas, y podemos dudar de que Dios sea realmente bueno. Podemos tener algo por lo que hemos trabajado arduamente, algo por lo que hemos esperado durante tanto tiempo y que nos es arrebatado, y nos sentimos dolidos, sentimos que se nos ha privado de algo que buscábamos desesperadamente, y podemos tener dudas de la bondad de Dios. 

En el Salmo 107 vemos un ejemplo de la bondad de Dios en la manera en que Él rescata a los que están en problemas. Los versículos 23-32 describen a los hombres quefueron a trabajar: 

Los que descienden al mar en naves y hacen negocio sobre las grandes aguas,  ellos han visto las obras del Señor y sus maravillas en lo profundo.
Pues El habló, y levantó un viento tempestuoso que encrespó las olas del mar.
Subieron a los cielos, descendieron a las profundidades, sus almas se consumían por el mal. Temblaban y se tambaleaban como ebrios, y toda su pericia desapareció.
Entonces en su angustia clamaron al Señor y El los sacó de sus aflicciones.
Cambió la tempestad en calma y las olas del mar callaron.  Entonces se alegraron porque las olas se habían aquietado, y El los guió al puerto anhelado.
Den gracias al Señor por su misericordia y por sus maravillas para con los hijos de los hombres.  Exáltenle también en la congregación del pueblo, y alábenle en la reunión de los ancianos. 

Estos hombres eran marineros y comerciantes que viajaban por el mar. Sólo estaban haciendo su trabajo. Pero vieron que Dios mandó que se levantase una tempestad terrible. 

Las olas alzaban la nave hasta el cielo y luego, la bajaban hasta las profundidades. Dice que la valentía de ellos se esfumó. 

Se tambaleaban y tropezaban como ebrios, y la NTV lo traduce como “no sabían qué más hacer, o podríamos traducirlo como sus sentidos estaban abrumados o “su sabiduría fue devorada. Habían perdido la cabeza; estaban en las últimas. Dios los trajo a un punto tal que se dieron cuenta de que la insuficiencia de la sabiduría y de la fuerza que poseían los condujo a clamar al Señor para pedirle ayuda. 

Con frecuencia, esa es la manera en que el Señor obra. Él permite que Su pueblo experimente dificultades con el fin de atraerlo hacia Sí mismo. Estos hombres no estaban en pecado y tampoco estaban buscando meterse en problemas. Sólo eran marineros que hacían su trabajo y un problema les sobrevino. En esta vida, no tenemos que buscar meternos en problemas; ellos vendrán a nuestro encuentro. 

Sin embargo, los momentos difíciles a menudo son los que producen los mayores frutos espirituales, pues los problemas nos llevan a apoyarnos en Dios. 

Israel se encontraba enfrentando la esclavitud en Egipto, el hambre en el desierto y muchos problemas más que Dios usó para mostrarles cuánto debían depender de Él. Tal vez, Dios ha utilizado un tiempo difícil en tu vida para llevarte a la oración, para recordarte cuánto debes depender de Él. Verdaderamente, el creyente más Maduro puede describir sus momentos más difíciles de sus vidas y pueden hacerlo con gratitud, porque los forzó a ser más dependientes de Dios. 

Dios utiliza las catástrofes para revelar nuestra insuficiencia; Dios usa nuestras tormentas para revelar Su fuerza. 

Así que los marineros clamaron a Dios y Él, en el versículo 28, los libró de sus aflicciones. Él hizo que la tormenta se calmara y que el mar se callara. En un momento, las aguas se aquietaron. Así como Jesús lo hizo con los discípulos en el mar de Galilea, Dios rescató a estos marineros de su muerte y, más importante aún, Dios los rescató de la ilusión de ser independientes y autosuficientes. 

Tal vez en este momento, te encuentras en medio de una tormenta. Tal vez, estás siendo sacudido de un lado a otro y no sabes qué hacer; tal vez sientes que estás perdiendo la cabeza. Creyenhte, confía en que Dios es bueno, cree que el mismo Dios que habló y formó el océano también está a cargo de las mismas tormentas que se cruzan en tu camino. Recuerda que el Dios que hace que las estrellas sigan en el firmamento evita que tu barco se hunda. 

Recuerda que Dios no escatimó ni a Su propio Hijo por ti, sino que lo entregó voluntariamente por ti. Si vales la vida de Su propio Hijo, ¿cómo no te dará también todo lo que necesitas? Si Su bondad y Su amor inquebrantable por ti fue tan grande que sacrificó a Cristo, ¿no suplirá también tus necesidades financieras? ¿Acaso, no te dará la fuerza para sobrevivir a las relaciones familiares que se han roto? Si no retuvo a Su Hijo, ¿cómo te negará lo que necesitas en esta vida? No. Él se hará cargo de ti, y ya se ha hecho cargo de ti en Cristo. 

Él te ha dado la promesa de la vida eterna, la promesa de la justicia definitiva contra tus enemigos, la promesa de la dicha eterna en Su presencia, la promesa de la paz definitiva, la promesa de Su amor por ti por toda la eternidad. Sé que las tormentas de la vida pueden parecer abrumadoras, pero confía en el Dios que está por encima de la tormenta, el Dios que está firme en medio de la tormenta. 

Tu esperanza no descansa en que la tormenta desaparezca y tampoco en tener paz en esta vida. Tu esperanza descansa en el Dios que está cerca de ti dentro de la tormenta. Tu Dios está a tu lado, susurrándote Sus promesas, consolándote por medio de Su Palabra y de Su espíritu, animándote por medio de Su cuerpo, la iglesia, y sosteniéndote cuando tammaleas. 

Apóyate en Dios, llévale tus preocupaciones y problemas. Él es el Único que es lo suficientemente fuerte para soportarlos, y lo suficientemente poderoso para hacerse cargo de ellos. No trates de calmar la tormenta por ti mismo, pues es una tontería. Mas, ora al Dios que está por encima de ella, y ora para que Su paz sea contigo, aunque la tormenta no tenga fin. Esta es la verdadera satisfacción en este mundo: no la ausencia de tormentas, sino disfrutar la presencia del Amo de las tormentas.